Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

RESEÑA: Los años ligeros. Crónica de los Cazalet.

LOS AÑOS LIGEROS
CÓNICAS DE LOS CAZALET

Título: Los años ligeros. Crónicas de los Cazalet.

Autor: Elizabeth Jane Howard (Londres 1923 - Suffolk 2014) escribió quince novelas que recibieron una extraordinaria acogida del público y crítica. Los cinco volúmenes de Crónica de los Cazalet, convertidos ya en un hito inexcusable dentro de las letras inglesas, fueron adaptados con gran éxito a la radio y la televisión por la BBC. La publicación del primer volumen de la saga, Los años ligeros, puso la piedra de toque de lo que se convertiría en un inmediato clásico contemporáneo y en la novela-río más importante escrita en Gran Bretaña desde Una danza para la música del tiempo, de Anthony Powell. En el año 2002, su autora fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico.

 Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Celia Montolío.

Sinopsis: el de 1937 y el de 1938. Dos veranos inolvidables, a salvo bajo la dorada luz de Sussex, donde los días se consumen en una sucesión de juegos infantiles y picnics en la playa. Tres generaciones de la acomodada familia Cazalet reunidas en su finca natal. Los quehaceres de dos abuelos, cuatro hijos, nueve nietos, innumerables parientes políticos, criados y animales domésticos que abarcan desde lo cotidiano hasta lo más trascendental: el chófer conduce demasiado despacio, los niños rescatan a su gato de lo alto de un árbol, los adultos hablan de la amenaza de una nueva guerra, y los sueños y pasiones que acechan bajo su charla ligera apenas opacan la indolente rutina de los últimos años felices que en mucho tiempo conocerá Inglaterra.

Su lectura me ha parecido: interesante, muy bien estructurada, bastante convencional en algunos aspectos, relajada, con ese indiscutible toque british...Queridos lectores y lectoras, el mes pasado, mientras disfrutaba de una tarde en la playa en compañía de mi hermano y mis primos, me di cuenta de algo que me hizo que pensar. No se en qué momento salió el tema pero acabamos hablando sobre si nos dieran a elegir, que destino para viajar erigiríamos. Recuerdo que uno dijo Estados Unidos, el otro La India, la otra Japón y yo dije el norte de Francia o el sur de Inglaterra. Al instante, todos exclamaron con incredulidad. "¡Eso está muy cerca!", "Ahí puedes ir en cualquier momento", "¿No quieres ver Nueva York?" Lo cierto es que no me acuerdo de lo que contesté, supongo que preferí callarme o seguramente rectifiqué mi respuesta, pero lo cierto es que en aquel momento dije lo que de verdad pensaba y eso, era lo que de verdad importaba. Desde hace un tiempo a esta parte, tanto Sussex como la costa de Normandía son paisajes que siempre he admirado. No sólo por su singularidad, también porque encuentro aquellos emplazamientos lugares de paz, de descanso, de descubrimiento, de naturaleza, de una riqueza cultural e histórica impresionante, espacios en los que poder sentarte y observar el horizonte. Ese profundo mar cuyas aguas han sido testigo de tanta historia. Claro que me gustaría ir a descubrir Estados Unidos, Sudamérica, Asia o incluso Australia pero, donde de verdad me gustaría estar, al menos una vez en la vida, es admirando los acantilados de Seven Sisters, visitando el Mont Saint-Michel, paseando por una playa con tanta historia como la de Normandía o embobándome con Brighton, una ciudad que mantiene la estética de aquellas viejas fotografías de principios de siglo XX. Y es precisamente en el paisaje de este último lugar, situado en el condado de Sussex, donde tiene lugar la apasionante trama del libro que hoy tengo el placer de reseñar. Los años ligeros. Crónicas de los Cazalet: exquisita mezcla entre dramatismo, frivolidad y paseos por la playa.


La historia de como el primer ejemplar de la saga Crónicas de los Cazalet llegó a mis manos fue sencilla. Desde siempre me ha gustado la literatura, eso se nota a la legua, pero sobre todo, estudiarla desde una perspectiva más histórica. En otras palabras, leerlas con una mirada más amplia y analítica al mismo tiempo, fijándome en los temas e ideas predominantes de los mismos, comprobando como éstos reciben diferentes tratos o se abordan desde diferentes perspectivas. Todo ello determinado siempre por el momento en el que la novela es concebida en la mente del escritor o escritora. Por ello, y porque la verdad sea dicha, siento especial debilidad por la literatura inglesa, sentí cierta curiosidad cuando Los años ligeros se cruzó en mi camino. Lo primero que me impactó fue el interesante diseño de portada, muy convencional por un lado y bastante novedoso por el otro. La imagen que mucha gente tiene de Inglaterra se asocia especialmente con lo típico: el Big Ben, la reina Isabel II, el London Bridge, la Unión Jack, el té...Pero no hay que olvidar que Reino Unido es una isla y que una parte muy importante de Inglaterra está bañada por el mar. Y es precisamente eso, ese ambiente distendido de la clase adinerada paseando por lo que parece un puerto de recreo lo que se observa en la portada de este libro. Sin duda, una imagen muy poco común y que despertó inmediatamente mi interés por esta novela. La sinopsis, en el momento en el que sostuve el ejemplar entre mis manos, hizo el resto. ¿Cómo iba a ser incapaz de resistirme a un título así? Sabía que si no lo hacía estaría traicionando a mi instinto, así que en cuanto pude, y gracias a Siruela, Los años ligeros llegó al buzón antes de lo que esperaba. Sin embargo, no fue hasta estas vacaciones cuando por fin pude iniciar su lectura. Este ha sido sin duda el libro que más ha viajado este año, acompañándome primero al campo para más tarde protagonizar mis escapadas a la playa. Unas vacaciones en las que por supuesto no faltaron ni las lecturas después de comer y esas últimas líneas antes de dormirme. Sólo tras abandonar la historia de la familia Cazalet y de despedirme de todos y cada uno de sus miembros, supe que ésta había sido la lectura del verano.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Los años ligeros presenta una lectura lenta, sosegada, pero para nada pesada y tediosa. Tengo que reconocer que tras leer el primer capítulo me asusté un poco, pues, encontraba una narración demasiado ralentizada, demasiado quizás, lo que hizo que por un momento saltasen todas las alarmas. ¿Me había precipitado? ¿Había depositado demasiadas esperanzas en este libro? Al final, y tras varias tardes de lectura, comprendí que me había equivocado, pues, es precisamente en ese a priori defecto donde reside toda su virtud. Se podría decir que Los años ligeros es una lectura perfecta para quienes busquen historias de gran envergadura argumentaría y temporal, para quienes estén acostumbrados a ese tipo de historias que avanzan, lentamente, y que en ocasiones parecen no avanzar, pero que si les das una oportunidad, acaban por sorprenderte. Este tipo de novela se le conoce con el nombre de "novela río", es decir, una narración larga en la que se cuenta la historia de una serie de personajes a lo largo del tiempo, incidiendo en su evolución y transformación. Este estilo narrativo se puede apreciar en algunas series de televisión que se adscriben bajo el género de la telenovela. En lo que respecta a la literatura, son novelas río En busca del tiempo perdido de Proust, La comedia humana de Balzac o incluso la saga fantástica Canción de Hielo y Fuego de George R.R Martin, y Los años ligeros, aunque en este caso es más extremo pues se trata de una saga de varios libros, entraría dentro de esta categoría. Por tanto, y cerrando este apartado dentro de la reseña, os aconsejo que si tenéis la oportunidad de leer este libro lo hagáis sin prisas, tranquilamente, a ser posible que os pille de vacaciones, pues, es como mejor lo disfrutaréis y no correréis el riesgo de desaprovechar una buena lectura. Seguidamente, estamos ante una novela en la que, como ya he dicho, se narra la historia de los Cazalet. Una familia inglesa, de clase alta y que responde perfectamente al estereotipo que los gentleman y ladys que tantas veces hemos visto en la televisión. Las relaciones entre señores y criados que aparecen en Arriba y abajo o la frivolidad de la clase alta de Downton Abbey son también las señas de identidad de Los años ligeros. Sin embargo, y aquí viene lo interesante, ésta no es una novela escrita en los años 30 del XX, sino que apareció en los 90 del XX. Podría considerarse una novela histórica, cierto, pero más bien me inclino a pensar que Howard, al planear la saga de los Cazalet, quiso no sólo que el lector se acercase a una época tan icónica y cinematográfica, sino criticarla en cierto modo. No nos vamos a topar con una crítica destructiva, pero si con una ligera exageración en el comportamiento de algunos de estos personajes, acentuando de esta forma las debilidades de cada uno de ellos. Por último, unos pequeños apuntes. En primer lugar, la presencia de algo tan esencial como el paisaje. Adecuado, hermoso, pintoresco. Muy en consonancia con uno de los grandes temas de esta primera entrega y que sugiere una pertinente reflexión. Y en segundo lugar, el abrumador número de personajes, que, como cabía de esperar, en este tipo de novela suelen ser numerosos. Por fortuna, la editorial Siruela ofrece al principio de la novela dos "croquis" para que el lector no se líe con los nombres de los personajes. Para los que les va más el modo tradicional, el árbol genealógico de la familia, y para los que no quieren calentarse la cabeza, un esquema que incluye los criados que cada hijo posee. Con esto no hay excusa que valga, así que a leer a Elizabeth Jane Howard.


Como ya he comentado en el anterior párrafo, Los años ligeros, al tratarse de una novela de largo recorrido, presenta una gran cantidad de temas importantes. El amor, el matrimonio, el dinero, la posición social, las diferencias de clase, la infancia, el turismo o incluso la guerra son algunos de ellos. Sin embargo, de entre todos ellos, un particular "carpe diem" se eleva por encima, manteniéndose omnipresente durante toda la narración. Como todos bien sabemos, "carpe diem" es una locución latina que literalmente significa "toma el día", lo que se traduce como "aprovecha el momento". A lo largo de la historia lo hemos encontrado reflejado en la literatura, la pintura e incluso en la música, convirtiéndose en uno de los grandes temas de reflexión y de modo de vida. Si en la Edad Media se usaba ante el miedo a la muerte, es decir, disfruta porque mañana a lo mejor ya no lo cuentas, en el Renacimiento, influenciado por los ideales de belleza, se refería con respecto a la vejez del hombre. Pero es el Barroco cuando el "carpe diem" adquiere el significado universal que se ha trasladado hasta nuestros días, con esa influencia medieval pero presentando a la muerte más oscura y horrible. En los años ligeros, al igual que aparece en muchas novelas, el "carpe diem" se presenta constantemente a modo de fiestas, reuniones entre los diferentes miembros de la familia, paseos a caballo, picnics en la playa... Todo ello para rellenar el tiempo, distraerse, evadirse, olvidarse de que están en los veranos de 1937 y 1938, los últimos veranos que Inglaterra vivirá en paz. Una burbuja que los protege del exterior. A medida que vamos avanzando en la novela, pero sobre todo, en los últimos capítulos, el lector y los personajes van siendo poco a poco conscientes de la que se les viene encima en los próximos años y que nada volverá a ser como antes. Pero hasta ese momento, la vida de los Cazalet en la casa familiar es apacible y llena de pequeñas distracciones, siendo conscientes de que éstas pueden ser las últimas. Si algo he apreciado tras leer Los años ligeros es que incluso la realidad supera a la ficción, pues, nosotros mismos, sin darnos a penas cuenta, aplicamos al pie de la letra esa máxima de disfrutar ante la brevedad de la vida. Bajo expresiones como "aprovecha, que la vida son dos días" la sociedad se vuelca de lleno en hacer lo que le apetece en ese momento, por muy intrascendental que sea o loco que sea. La cuestión es realizarlo, porque corres el riesgo de arrepentirte cuando es demasiado tarde. Todos lo hemos pensado alguna vez, es algo tan arraigado en nosotros que ya es algo innato, que sale solo. Un comportamiento cultural que hemos racionalizado e interiorizado. Una forma de vida que nos ayuda a sobrevivir al día a día, aunque la realidad en ocasiones un auténtico infierno. Los años ligeros. Crónicas de los Cazalet: una historia de amor, fiestas, bailes, vacaciones, paseos por la playa, diferencias sociales, criados, señores, sueños, deseos...Sin duda, la novela del verano.

Párrafos o frases favoritas:

"En esos momentos, la casa surgió ante ella, luz dorada en las ventanas cuadradas, sonidos lejanos de los criados fregando los cacharros mientras pasaba por delante de las dependencias de la cocina. Para cuando llegó a la casita e indicó el fatigoso el empinado ascenso de las empinadas escaleras, los efectos del jerez se le habían empezado a pasar, y al pensar en hacer el crucigrama en la cama (un autentico lujo) comprendió que el periódico no hablaría más que de la Situación, del verdadero y terrible estado en el que estaba sumida Europa y que tan frívolamente había apartado su cabeza durante todo el camino de vuelta a casa. Tan pendiente había estado del sol que se había olvidado de los nubarrones."

Película/Canción: en los años 90 las Crónicas de los Cazalet fue adaptada por la BBC tanto a la radio como a la televisión, logrando un gran éxito de audiencia. Ante la imposibilidad de poder adjuntar un tráiler de la serie, os dejo con la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de la reseña. Una de mis bandas sonoras favoritas.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela


9 comentarios:

  1. Ains, lo tengo en la estantería desde que salió. A ver cuándo le encuentro hueco, que me llevé una sorpresa enorme cuando vi que Siruela lo sacaba, llevaba años esperándolos (espero que no la dejen a medias y sigan con el resto de la serie).

    ¡Besote!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Inquilinas de Netherfield.
      Pues no esperes más, porque esta novela merece la pena leerla. Yo también espero que continúen y que no nos dejen con la miel en los labios.
      ¡Gracias por tu comentario! :)

      Eliminar
  2. Imposible no querer leerlo tras tu estupenda reseña. Apuntadísimo!
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas noches Margari.
      Gracias, espero que lo leas pronto.
      Gracias por tu comentario :)

      Eliminar
  3. Es una de mis actuales lecturas, pero llevo poquito todavía.
    Un beso ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas noches Natalia.
      Bueno, pues en ese caso a seguir leyendo. Ya me contarás que te ha parecido.
      Gracias por tu comentario. :)

      Eliminar
  4. No me importaría leerla, ya la había visto por algún que otro blog y hoy me la has recordado y por lo que cuentas es una novela que me gustaría.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas noches Aylavella.
      En ese caso espero que te hagas más pronto que tarde con él y que disfrutes de su lectura.
      Gracias por tu comentario. :)

      Eliminar
  5. una reseña estupenda aunque la verdad es que no creo que esta novela sea para mi, no me atrae tanto como otras que nos has reseñado con anterioridad, aun así, la reseña es excelente.
    el topico "carpe diem" es muy comun en la litratura, como bien nos has mostrado, tambien lo usaron los romanos. el problema es cuando pasa de la literatura a la realidad, en la antigüedad vivir el momento era el caapricho de los ricos, los pobres bastante tenían con encontrar algo de pan y no morir de hambre. Hou dia no se si nuestro modo de "aprovechar la vida" es adecuado, ¿de verdad despreocuparse por el futuro es viable? aprovechemos el momento y plantemonos a 300 km por hora en un ferrari, da igual el efecto invernadero. el carpe diem esta muy bien para la literatura, pero hay que saber asumir las responsabilidades que una vida de ocio conlleva, que es justo lo que hoy día, en una socieaad cada vez más infantilizada, no hacemos
    una reseña excelente

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...