Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 17 de octubre de 2017

RESEÑA: Rebelión en la granja.

REBELIÓN EN LA GRANJA

Título: Rebelión en la granja.

Autor: George Orwell (Motihari, India 1903- Londres 1950) poseyó una de las voces más lúcidas y ricas en matices del siglo XX: estudiante de Eton, policía imperial británico en Birmania, lavaplatos en París, librero en Londres, miliciano del POUM, corresponsal de la BBC, editor literario y columnista. Vertió toda su experiencia en crónicas, ensayos y novelas de lectura imprescindible. Entre sus obras más importantes destacan La Hija del Clérigo, Homenaje a Cataluña, Rebelión en la Granja o 1984 entre otras.


Editorial: Random House Mondadori.

Idioma: ingles.

Traductor: Miguel Temprano García y Marcial Souto Tizón.

Sinopsis: los animales de una granja se sublevan victoriosamente contra sus dueños humanos, pero pronto surgen entre ellos ambiciones y rivalidades que hacen fracasar la rebelión. Siendo censurada en su época, Rebelión en la granja lanza un mensaje actual, abierto, sobre la corrupción que engendra el poder y una crítica contra los estados totalitarios.

Su lectura me ha parecido: amena, lúcida, tremendamente original, aguda, controvertida, universal, plagada de simbolismos, valiente...Queridos lectores y lectoras, en mi vida como voraz lectora el descubrimiento de Gorge Orwell significó un antes y un después, un punto tremendo de inflexión que aún sigue acompañándome. Todo el mundo sabe quién es, sus obras más importantes, que estudió en el elitista Eton, que se unió a la Policía Imperial India en Birmania, que trabajó como lavaplatos en un prestigioso hotel de París, que se alistó en las Brigadas Internacionales para combatir en la Guerra Civil Española, que tras esa experiencia su opinión sobre el comunismo cambió para siempre, que acabó trabajando como periodista para la BBC durante la Segunda Guerra Mundial y que murió de tuberculosis un 21 de enero de 1950 en Londres. Su figura y su trepidante vida, digna de biopic hollywoodiense,  ha traspasado fronteras, convirtiéndose casi en un mito, y en ese sentido, su producción literaria no ha hecho más que alimentar esa imagen. No cabe duda que Orwell ha sido un personaje importante tanto en el ámbito de la historia como en el de la literatura, por lo que en ese sentido, estaba prácticamente predestinada como lectora a descubrirlo, admirarlo, disfrutarlo...Si la primera vez que os hablé de George Orwell en este espacio de crítica y opinión fue a propósito de la reseña de 1984, hoy vuelvo de nuevo a reencontrarme con un viejo y admirado conocido para reseñar la que es una de sus novelas más controvertidas y deslumbrantes al mismo tiempo. Rebelión en la granja: la Revolución Rusa y el Estalinismo para todos los públicos.


La historia de como Rebelión en la granja llegó por primera vez a mis manos, como ya habréis podido intuir, tiene su origen en mi absoluta admiración por Eric Arthur Blair, o lo que es lo mismo, por George Orwell. Mi incursión en la obra de este escritor inglés fue con la lectura de su obra más interpretada, mediática e influyente, que no es otra que 1984. Hasta ese momento no había leído nada parecido y con total certeza puedo decir que aquella fue la primera novela de género distópico que había leído. Fue un amor a primera vista prácticamente, además de una cascada imparable de reflexiones cada cual más pertinente y actuales. Me entusiasmó tanto que años más tarde 1984 aparecería analizado en mi trabajo final de grado, junto con otras novelas que gracias a esta acabaron pasando por mis manos, una tras otra, sin tregua, sin pausa. Desde entonces el género distópico se convirtió en uno de mis favoritos y Orwell en uno de mis escritores preferidos. En cuanto a Rebelión en la granja tardé un poco más en leerlo, otras lecturas habían copado mi tiempo. Pero afortunadamente y tras un pequeño respiro de trabajos universitarios, Rebelión en la granja se convirtió durante unas semanas en mi lectura nocturna. Recuerdo que el ejemplar fue prestado y que tras haberlo degustado como se merece, acabé por rendirme de nuevo ante el talento de Orwell. Tenía las expectativas muy altas, lo reconozco, pero sinceramente, aquella peculiar fábula política me había conquistado por completo. Un tiempo más tarde, para mi sorpresa, mientras ordenaba los libros que tengo por casa, descubrí que este libro precisamente, Rebelión en la granja, había estado reposando sobre una estantería desde hacía mucho tiempo. Una edición antiquísima de la editorial Destino se presentaba ante mis ojos como algo extraordinario, y aunque los años habían hecho mella en sus páginas, su contenido seguía intacto e igual de provocador. Hoy, mientras redacto estas líneas, éste antiguo ejemplar reposa a mi lado, sobre la mesa de trabajo, incorruptible y con una extraordinaria salud literaria.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Rebelión en la granja presenta una lectura firme, decidida y que se lee prácticamente del tirón. Al contrario que 1984, Orwell no necesita de explicaciones meramente descriptivas para que el lector comprenda mejor en que terreno se va a mover. La simpleza y alguna que otra pincelada informativa, no muy extensa, bastan para preparar el escenario donde tendrá lugar la historia y la narración propiamente dicha. Orwell parece pretender de esta forma captar enseguida al lector y no soltarlo hasta el final. Huelga decir que el lector actual ya conoce de que va la novela por lo que es fácil que en ese sentido no sorprenda tanto, no obstante, hay que pensar que cuando este libro vio la luz fue algo novedoso y e incomodo al mismo tiempo, por lo que la sensación de aquellos primeros lectores sería cuanto menos curiosa. En lo que respecta a la historia, tengo que decir que es una autentica genialidad. Todavía no me explico cómo le vino la idea, la inspiración está muy clara, pero el cómo dio con la fórmula adecuada para llevar a cabo ese chispazo para mi es un misterio. La historia es sencilla: ante los abusos del dueño de la granja, Howard Jones, y siguiendo las palabras del "cerdo Mayor" antes de morir, consiguen expulsarlo por medio de una revolución, tras la cual, escriben en la pared una serie de reglas llamadas "Los siete mandamientos". Al poco de triunfar la revolución, los cerdos, quienes se habían autoerigido como líderes por su inteligencia, empiezan a abusar de su poder y a manipular los mandamientos a su antojo. Así hasta desembocar en un final tan sorprendente como predecible si uno conoce un poco de historia contemporánea universal. Con esta premisa,  a nadie se le escapa que, a pesar de que sus protagonistas son animales de granja, cada uno responde a un personaje o conjunto de personajes cruciales. Howard Jones es el Zar Nicolás II, el "cerdo Mayor" es Lenin (o Karl Marx según algunos estudios) y los cerdos Snowball y Napoleón se corresponden con Trotsky y Stalin, siendo éste último el personaje más carismático de la novela. A estos animales les acompañan otros igual de importantes y cargados de simbolismo, tales como Squealer o cerdo Chillón (el aparato propagandístico de la URSS), el trabajador caballo llamado Boxeador (en una clara referencia al proletariado ruso), las ovejas y gallinas analfabetas (el campesinado y principal masa que sigue al líder), el cuervo Moisés (representa a la iglesia ortodoxa), el burro Benjamín (el intelectual que especula), los perros (la policía secreta estalinista) o la yegua Mollie (representando a la malograda nobleza rusa). De entre todos ellos, para mi los más interesantes son Boxeador, Moisés y por supuesto Napoleón. El primero por representar esa sumisión de la clase obrera a sus líderes, el segundo por su actitud de bisagra entre los animales y los hombres, el tercero por su maquiavelismo y arrollador poder de convicción. Seguidamente, cabe resaltar la forma en la que se presenta esta trama, inspirada en las fábulas más clásicas y derivándola en algo más profundo, más crítico, más político. De esta forma, no sólo logra captar la atención del lector, sino que a esto, unido con la sencillez en su narrativa, convierte a Rebelión en la granja en un texto importante tanto a nivel literario como histórico. Por último, y ya para acabar, solamente recalcar el hecho de que hasta 1950 el público no conociese de la existencia de esta novela a pesar de publicarse en 1945, año sin lugar a dudas convulso en muchos aspectos.


Aunque Rebelión en la granja pueda parecer una simple fábula, lo cierto es que estamos ante un texto muy versátil, de cuya lectura se pueden extraer mil y un interpretaciones. Antes de comenzar la redacción de este último párrafo, estuve una tarde investigando las diferentes opiniones que a lo largo de todo este tiempo se han vertido sobre esta novela. Las hay de todo tipo, desde las referentes a el contexto en la que se publicó, hasta el significado de cada uno de los personajes, incluso alguna en la que se quiere ver en los escasos humanos que aparecen en el libro el fiel reflejo de otros actores principales de la historia como Churchill o Hitler. Tras haberme empapado de todas ellas, acabé concluyendo que, sea desde la posición que sea, lo importante es que Rebelión en la granja es un texto importante para la historia y para entender la historia. Evidentemente, no estamos ante una visión objetiva, pero no por ello menos interesante para el conocimiento. Rebelión en la granja en resumen es en primer lugar, una doble crítica. Por un lado a los regímenes totalitarios de su tiempo, a saber el comunismo y el nazismo. Y por otro a la corrupción y abuso de poder en el que pueden incurrir los líderes, ya no sólo de regímenes totalitarios, también en el seno de los partidos democráticos, destacando esa tremenda alusión al Partido Laborista de estos años que sobrevuela gran parte de la novela sin llegar a concretarse de forma explícita. En segundo lugar, además de ser una fábula donde los animales son los protagonistas de la trama, también es una alegoría. Es decir, una ficción en la que el autor pretende representar otra cosa, una idea concreta o un conjunto de ideas abstractas a través de otra forma o sentido. Ligado a la clásica metáfora, lo que pretende George Orwell es cargar de significado y reflejar la tiranía de estos gobiernos, además de la sumisión de la población a ellos. Y qué mejor forma de contarlo que a través de una fábula, uno de los géneros donde mejor se plasman las relaciones de poder y de jerarquía. En tercer lugar y en última instancia, Rebelión en la granja no deja de ser una explicación más de la Revolución Rusa. En la que apreciamos una primera fase dominada por la tiranía del granjero, después la revolución llevada a cabo e impulsada por las palabras del "cerdo Mayor", más tarde la aplicación de "Los siete mandamientos" con los que se consigue que la granja funcione perfectamente y en última instancia las luchas de poder para suceder al "cerdo Mayor" tras su muerte y como el abuso de poder comienza a hacer mella en la población y en los propios mandamientos, los cuales, son al final modificados en favor del último líder, el que logra imponerse tras haber despejado el camino. Ya lo reflejan los mandamientos, del "todos los animales son iguales" se pasa al "todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros". Lo que está claro es que en Rebelión en la granja queda patente la importancia de este acontecimiento histórico, tanto a nivel de política interior como exterior. Incluso los ámbitos económicos, sociales y culturales se vieron afectados por lo que acontecía en territorio ruso. Las consecuencias fueron absolutamente trascendentales, desde una revolución cultural sin precedentes,  hasta el inicio de la Guerra Fría años más tarde. Incluso el inicio de la Guerra Civil Española vino en parte motivado por el temor a que con el Frente Popular en el gobierno de la II República pudiese acontecer una revolución. Por todo ello, en lugar de demonizarla sin conocimiento, lo que deberíamos hacer todos, y más en el año de su centenario, es leer sobre el tema, leer libros entre los que deberíamos incluir esa fábula política, sólo así lograremos configurar una opinión instruida y por tanto más valida que cualquier otra que día si día también, se suelta por televisión. Rebelión en la granja: una historia crítica, ácida, directa, mordaz, importante, controvertida, inteligente, inmortal...Una novela que nunca morirá.

Frases o párrafos favoritos:

"Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente del cerdo al hombre, pero ya era imposible distinguir quien era uno y quien era otro." 

Película/Canción: de esta novela solamente se conocen dos adaptaciones conocidas. La primera, de 1954, de dibujos animados y con un desenlace ligeramente diferente al de la novela. Y la segunda del año 1999 con animales de verdad, y de nuevo con un final diferente al libro por coincidir con el derrumbe de la URSS. Aquí os dejo un enlace al primero de los dos films:



¡Un saludo y a seguir leyendo!

miércoles, 11 de octubre de 2017

RESEÑA: Jurgen o la comedia de la justicia.

JURGEN O LA COMEDIA DE LA JUSTICIA

Título: Jurgen o la comedia de la justicia.

Autor: James Branch Cabell (Richmond, Virginia 1879-1958). Pertenecía a una familia bien situada en la siempre clasista sociedad sureña. Una circunstancia que le facilitó ser readmitido en la Universidad William and Mary, tras ser expulsado por tener una relación con un profesor considerada demasiado íntima por las autoridades universitarias. Tras licenciarse se dedicó a la literatura y al periodismo. Durante su vida publicó cincuenta y dos libros incluyendo novelas, relatos, poesía y recopilaciones de artículos. Su obra precursora del género fantástico, fue inmensamente popular, siendo Jurgen o la comedia de la justicia su libro más conocido.

Editorial: Defausta.

Idioma: inglés.

Traductor: Susana Prieto Mori.

Sinopsis: en el antiguo reino de Poictesme, Jurgen, un prestamista en la cincuentena, sale una noche en defensa de un caballero oscuro. Como recompensa, el caballero hace desaparecer a Lisa, la exigente y parlanchina esposa de Jurgen. Obligado por su sentido del deber, Jurgen se embarca entonces en una aventura que lo llevará por una serie de reinos fantásticos en busca de su esposa. En este viaje se cruzará con toda clase de seres mitológicos, recuperará su juventud, se reencontrará con sus antiguos amores, se casará varias veces, explorará sus relaciones familiares y tratará de encontrar no solo a su esposa, sino también la justicia, la satisfacción personal y el motor de sus deseos.

Su lectura me ha parecido: ágil, trepidante, satírica, tópica en cierto sentido, interesante desde el punto de vista interpretativo, con un humor socarrón...Queridos lectores y lectoras, ya es un hecho, la literatura fantástica nunca va a desaparecer. Todo lector o lectora lo sabe, y de hecho, muchos de vosotros tendréis entre vuestros predilectos a escritores o escritoras versados en estas lides. No importa los años transcurridos, ni la evolución que ha experimentado el género, ni su reciente conversión en objeto de consumo de masas, sus historias siempre acabarán importando a cualquier persona, incluso en algunos casos, como podemos comprobar en los tiempos que corren, a convertirse en una pasión que invada su vida por completo. Vivimos tiempos de cierto esplendor en este sentido. Los textos clásicos de fantasía se reeditan en espectaculares ediciones, nuevos títulos inundan las estanterías de las librerías más importantes, grupos de rol nacen al calor de estas historias míticas, hasta la televisión y el cine han logrado sacar tajada de esta fiebre por los dragones y demás animales fantásticos que parece no cesar. Y aunque existen muchos críticos de este género, tachándolo de superficial y sin calidad literaria, lo cierto es que el fantástico es uno de los géneros con más jugo del que aparenta. El truco, saber leer entre líneas e informarnos previamente de la época en la que se escribió. De esta forma, y os lo digo por experiencia, lograremos aprovechar cada página y cada novela de este tipo que pase por nuestras manos. El libro que hoy tengo el placer de presentaros pertenece a ese selecto club de clásicos del género, que a pesar de haber sido sepultado por otros títulos de mejor calidad literaria, no podemos ignorar la influencia que tuvo en futuros escritores y escritoras que contribuyeron a dar una vuelta de tuerca al género. Jurgen o la comedia de la justicia: un viaje, un atípico protagonista y mil y un seres maravillosos.


La historia de como Jurgen o la comedia de la justicia llegó a mis manos fue de lo más imprevista. Aunque deberíamos empezar nuestra narración partiendo del hecho de que no me considero una ávida lectora de novela fantástica. No es que tenga algo en contra de este tipo de libros o historias, simplemente, no me han llamado tanto la atención como otro tipo de novelas de otros géneros literarios. De hecho, cuando estaba en el colegio y ya más tarde en el instituto me consideraba una rara avis en ese sentido. Mientras mis compañeros de clase intentaban leer El Señor de los Anillos o se peleaban por el último ejemplar de Harry Potter o de Memorias de Idhún en la biblioteca, yo me entretenía con otras lecturas. Si bien es cierto que le di una oportunidad a algunos libros, la verdad es que por aquella época tuve muy claro que prefería las películas antes que los libros. La cosa no cambió con mi ingreso en la universidad, pues, las aventuras del joven mago y a la epopeya de Frodo Bolson fueron sustituidas por algo llamado Juego de Tronos, cuyas tramas plagas de sexo, violencia y dragones lograron acaparar a millones de personas primero frente a unas páginas, después frente a un ordenador y más tarde, los que podían permitírselo, delante del televisor. Este último fenómeno sigue aún en alza, y aunque le di una oportunidad al primer libro de la saga, el resultado fue el mismo, preferí mil veces, aunque con reticencias, la serie que el libro. Con el tiempo y en parte debido a esa nostalgia de la infancia y adolescencia, las películas de Harry Potter, que no los libros, acabaron por convertirse en algo importante para mi. Sin embargo, no lograba hacerme el animo y leer ya no los libros que se publicaban en esos momentos, sino los clásicos, esos de los que ha bebido gran parte de los autores de novela fantástica actual. Eso cambió hace un tiempo, cuando descubrí el terror sobrenatural de William Hope Hodgson en La casa en los confines de la tierra. A partir de ahí, y muy de vez en cuando, acabé desempolvando algunos títulos clásicos, incluso me llegué a leer El Hobbit con un sorprendente buen resultado. En el caso de Jurgen o la comedia de la justicia jamás había oído hablar de él, nunca, ni siquiera aparecía en los libros de literatura universal que tengo en casa. Sólo lo había visto, y de pasada, expuesto en los estantes de algunas librerías de mi ciudad. Cuando comencé a colaborar con Defausta recibí un paquete con dos libros, uno era La culpa de Kate Chopin, que tenía muchas ganas de leer, y el Jurgen de Branch Cabell, novedad de la editorial en aquel momento. Recuerdo que tardé mucho tiempo en hacerme el animo, no estaba muy convencida de su lectura, incluso llegué a achacarle muchos prejuicios, todos ellos infundados. Jurgen o la comedia de la justicia no era un libro que me llamase especialmente la atención en aquellos momentos. Sin embargo, cuando superé aquellos temores, descubrí un libro poco corriente y aunque no acabó por convertirse en uno de mis preferidos, si que merece toda nuestra atención en lo que respecta a algunos puntos de su trama.

En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Jurgen o la comedia de la justicia presenta una lectura rápida, ligera y tremendamente amena. Una narración en la que abundan los diálogos y descripciones las justas y necesarias. Tal vez, en lo que respecta a esto último, sea lo que más eche en falta. Las descripciones, queramos o no, en ocasiones son necesarias, y en el caso de la literatura fantástica resultan imprescindibles, sobre todo para que el lector se situé y pueda hacerse una idea del ambiente en el que nos vamos a mover. En lo referente a la historia que se narra nos topamos con una trama clásica y novedosa al mismo tiempo. Clásica al tratarse de una novela donde aparecen ciertos tópicos de la literatura fantástica, como son la inspiración medieval, la presencia de temas como el honor, el amor, el deber o el valor y la sobreabundancia de criaturas mágicas que van haciendo acto de presencia a lo largo de la historia. Si hay dos elementos que delatan esa clara influencia en las leyendas del pasado son la presencia de Merlín y la espada de Excalibur, personaje y objeto mundialmente conocidos y a los que en esta novela, Cabell parece hacerles un merecido homenaje. Por otro lado, decimos que es novedosa por una serie de cuestiones que se salen del canon habitual. Para empezar, Jurgen, el protagonista de la novela, no es el prototipo de héroe que se espera. Ni es joven, ni es fiel y por supuesto, se deja llevar en ocasiones por sus intereses. Tampoco responde al prototipo de esposa el personaje de Lisa, convirtiéndola en la no-amada. Sin embargo, lo que si apreciamos es la abrumadora presencia del deber, elemento clásico en la literatura de aventuras medievales, aunque Jurgen parece asumirlo más bien por obligación y por el peso de la tradición que por sus verdaderos sentimientos. En este sentido, Jurgen o la comedia de la justicia se trata probablemente de una ácida sátira a este género, muy cercano al estilo que mucho tiempo después hizo tan célebre al gran Terry Prachett. Parodia y ridiculez para llegar al lector menos inesperado. Seguidamente, cabe destacar el peculiar juego al que Cabell se suma a lo largo de las 334 páginas de la novela, y es que partiendo de lo sencillo y usando locos juegos de palabras, el autor trata de esconder lo complejo. De esta forma, el autor deja al lector solo ante las letras, obligándole a perderse entre los entresijos literarios para tratar de entender lo que ha querido decir en realidad. En relación con esto último, y como no podía ser de otra forma, Cabell guarda un as en la manga, que no es otro que una intensa crítica a la sociedad de su tiempo, sobre todo en cuestiones de moralidad. Tanto es así que esta novela fue llevada a juicio por la Liga de Nueva York por la Supresión del Vicio, algo que evidentemente realzó la popularidad del libro y de su protagonista en especial, convirtiéndolo en el azote y símbolo contra la tradición y la falta de libertades en cuanto a la sexualidad masculina y femenina. Por último, un pequeño apunte, pues no podemos pasar por alto las similitudes entre Jurgen y la comedia de la justicia con la Divina Comedia de Dante. Ya no sólo por su estructura en la que el protagonista pasa de un lugar a otro, también por esa búsqueda de lo más preciado. Un ascenso continuado hacia un objetivo tan idílico como posible.

Deteniéndonos unos instantes en la historia que esta novela narra, observamos como la justicia aparece de forma casi constante, acompañando cada paso de Jurgen. Incluso en el propio subtítulo aparece de forma bastante significativa, como otorgándole un peso necesario, vital para el entendimiento de lo que Cabell ha querido contarnos. En Jurgen o la comedia de la justicia, éste último término se presenta como el mayor atributo que por tradición debe poseer el héroe para lograr reponer el buen nombre o enmendar una traición, burla, violación o cualquier desacato que éste o los suyos hayan podido sufrir. Sin embargo, como ya hemos comentado, Jurgen no es un héroe al uso, por lo que a pesar de que la emplea desde un primer momento, éste no hace más que traicionarla constantemente, siendo él mismo el culpable de nuevas injusticias. En resumidas cuentas, Cabell, de forma irónica y con humor pretende hacernos ver que la virtud de la justicia idealizada puede engendrar más injustica. Pero, una vez finalizas su lectura, además de sentir cierto sosiego, una servidora por lo menos no ha podido evitar hacerse preguntas, todas ellas relacionadas con la justicia. ¿Qué entendemos por justicia? ¿Se consigue fácilmente? ¿Es igual para todos? ¿Tiene diferentes varas de medir? Según la RAE, por justicia se entiende como principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Más abajo nos topamos con una acepción que la define como conjunto de virtudes y otra como pena o castigo público. Una vez consultadas todas las definiciones, podemos confirmar que evidentemente seguimos aplicando al pie de la letra dicho significado. Por un lado la justicia como virtud favorable en una persona, algo que sin quererlo nos retrotrae a aquellos cantares de gesta, a aquellos poemas trovadorescos e incluso hasta el propio Quijote. La forma de expresarlo ha evolucionado evidentemente, pero seguimos valorando positivamente dicha forma de ser que puede en ocasiones traducirse en comportamiento. Y por otro lado, como ya observamos todos los días en los telediarios, la justicia sigue sin ser igual para todos. Ejemplos no faltan, sino que rebosan, colmando la paciencia de los que se ven perjudicados por ese lado oscuro. Es más, incluso en Jurgen o la comedia de la justicia, observamos como el proceso de búsqueda de su no-amada es lento, costoso, con muchos baches. Muy semejante al camino para lograr una verdadera justicia, lento, costoso y con muchos baches, muchos de ellos puestos a conciencia para dificultar el proceso. En fin, si algo nos enseña Jurgen o la comedia de la justicia es que la justicia puede parodiarse y ridiculizarse hasta límites insospechados. Convertirse precisamente en eso, en una comedia. Sin embargo, no podemos perder de vista que ésta, en el mundo real, es algo muy serio y que desgraciadamente, y por mucho que nos lo quieran hacer creer, ésta no es igual para todos. Jurgen o la comedia de la justicia: una historia de amor-odio, valentía, cobardía, traición, infidelidad, justica, monstruos, magos, combates, comprensión...Una novela fantástica para tiempos surrealistas.

Párrafos o frases favoritas:

"Hay una historia que se cuenta en Poictesme que dice: en los tiempos antiguos vivía un prestamista llamado Jurgen, pero su esposa lo llamaba a menudo cosas mucho peores. Era una mujer llena de vida, con poco talento para el silencio. Su nombre, dicen, era Adelais, pero la gente de ordinario la llamaba dama Lisa."

Película/Canción: a falta de una cosa y otra, os adjunto la pieza de música épica que me ha acompañado en la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Defausta Editorial

viernes, 6 de octubre de 2017

RESEÑA: Un día en la vida de una mujer sonriente.

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA MUJER SONRIENTE

Título: Un día en la vida de una mujer sonriente.

Autor: Margaret Drabble (Shef-field, Yorkshire, 1933) hermana de la novelista A. S. Byatt y de la historiadora Helen Langdon. Fue la segunda hija del abogado y novelista John F. Drabble y de la maestra Kathleen Marie. Después de asistir al internado Mount School, en York, obtuvo una beca para estudiar letras en el Newham College, en Cambridge. Sus primeros intereses personales la llevaron al campo de la actuación, y en 1960 se unió a la Royal Shakespeare Company, donde llegó a estar bajo la tutela de Vanessa Redgrave. Poco después abandonó la compañía para dedicarse de lleno a la literatura. A Sumer Big Cage, publicada en 1963, narra la historia de las tensas relaciones entre dos hermanas. En 1965, le otorgaron el John Llewellyn Rhys Prize y empezó a recibir el reconocimiento de público y crítica que ya no la abandonaría jamás. Entre 1980 y 1982 presidió la National Book League. La Universidad de Cambridge la distinguió en 2006 con un doctorado honoris causa y en 2008 fue ascendida a Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico. Drabble ha publicado diecisiete novelas. Entre otras, Jerusalem the Golden, en 1967, con la que ganó el James Tait Black Memorial Prize. Aunque es reconocida fundamentalmente por su narrativa, Drabble también ha escrito guiones, obras de teatro y cuentos, así como obras de no ficción como A Writer´s Britain: Landscape and Literature y las biografías de Arnold Bennett y Angus Wilson. Sus trabajos de crítica literaria incluyen análisis de las obras de William Wordsworth y Thomas Hardy. Así mismo, se ha encargado de la edición de dos versiones de The Oxford Companion to English Literature. En 1982 se casó con el escritor y biógrafo Michael Holroyd. En la actualidad reside en Londres.


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductor: Miguel Ros González.

Sinopsis: esposas sin maridos. Madres y hermanas. Mujeres que se debaten entre la vocación artística y las exigencias familiares. Científicas que han decidido dejar de teñirse el pelo y de ir por la vida disculpándose por cada paso que dan. Amor no consumado, vanidad y soledad. El poderosos universo ficcional de Margaret Drabble se concentra en estos cuentos que abarcan cuatro décadas de producción literaria. Una madre trabajadora que puede con todo y acaba sus enloquecidos días con una sonrisa. Una prestigiosa investigadora que acaba de recibir el Nobel por el descubrimiento del "gen de la vanidad". Una mujer que suspira aliviada cuando muere su esposo, y una romántica empedernida que busca el amor en los trenes. Trece relatos, la totalidad de la producción literaria de Drabble en este género.

Su lectura me ha parecido: intensa, poderosa, a veces contundente, a veces lírica, honesta, reveladora en cuanto a planteamiento, abrumadoramente feminista...Queridos lectores y lectoras, os voy a revelar un secreto a voces, una confesión que, aunque obvia, creo recordar que nunca la había compartido con todos vosotros. Mi sueño, mi deseo, mi ilusión es llegar a ser escritora. Se que muchos de vosotros ya os lo habréis imaginado, el que me apasione leer y escribir reseñas literarias podía ser una pista. No obstante, y esto es cierto, cuando confiesas tu verdadera pasión en público, las reacciones son de lo más variopintas, hasta el punto de que hay quien lo ve como una tontería escudándose en los tiempos que corren, en que la situación económica y laboral es muy complicada. Ante estas situaciones una opta finalmente por callarse, tragarse su orgullo y asentir con la cabeza, creyéndote una estúpida, una ilusa que no sabe lo que dice y que vive en el mundo de la fantasía. Hasta que llega un día en el que tocas madera, avanzas con paso firme y comienzas a reivindicar sin tapujos tus ambiciones. Es obvio que la situación no es la mejor de todas, los que soñamos con escribir no estamos tan alejados de la realidad como la sociedad quiere hacer ver, pero con trabajo, constancia y seguridad, todo es posible. En ese largo y tortuoso camino en el que a veces se convierte la escritura, los libros siempre van a estar ahí, consolando tus días en blanco y ayudándote a confeccionar tu personalidad como escritor. Y en ese sentido, el libro que hoy tengo el placer de reseñar, me ha abierto las puertas a un estilo interesante, plagado de matices que atrapan y que ha acabado por convertirse en uno de esas lecturas imprescindibles en mi continuo aprendizaje en el terreno de la escritura. Un día en la vida de una mujer sonriente: trece cuentos de evolución y permanencia.


La historia de como Un día en la vida de una mujer sonriente llegó a mis manos y a mi vida es bien sencilla, aunque para hacerle justicia, deberíamos comenzar este párrafo por un hecho abrumador, y es que desde hace un tiempo, el cuento está viviendo una nueva edad de oro. No se exactamente a qué se debe, si el darle el premio Nobel de Literatura a Alice Munro, prolífica autora de cuentos canadiense, tuvo algo que ver o si por el contrario estamos ante una nueva moda impulsada por las grandes editoriales. Aunque también podríamos encontrar la explicación en el cambio social que han producido las nuevas tecnologías. Convirtiéndonos en unos lectores exigentes pero de consumo rápido. Y en ese sentido, el cuento, con todas sus posibilidades, se ha convertido en el vehículo perfecto para satisfacer esa nueva exigencia. Cuanto más cortos sean, mejor. Cuanto menos retóricos, más posibilidades de venta. Dejando a un lado las cuestiones meramente comerciales, lo cierto es que actualmente, los libros de cuentos no dejan de poblar los estantes de las librerías más importantes, ofreciendo al lector una amplia gama de temas y de estilos de lo más variopintos. Incluso algunas editoriales más pequeñas han aprovechado este tirón para editar grandes clásicos, que en ocasiones, han pasado totalmente desapercibidos a ojos del público. De esta forma, y gracias a mi paulatino interés por este género, es como llegue a dar con Un día en la vida de una mujer sonriente. Por aquellas fechas estaba asistiendo a un curso de escritura creativa, especializada en el relato corto y el microrrelato en concreto, y como cabía de esperar, fue lógico que por aquel entonces mis ojos diesen con esta publicación de Impedimenta. Su interesante perspectiva, la biografía de la autora y por supuesto, la propia portada, una clara declaración de intenciones por cierto, bastaron para que acabase por sucumbir a sus encantos. Antes de las vacaciones de verano logré hacerme con un ejemplar, y aunque si bien es cierto que su lectura la comencé ya casi en septiembre, la larga espera mereció la pena.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Un día en la vida de una mujer sonriente se compone de trece relatos, todos ellos muy parecidos en su estructura y longitud y con un orden claro, lo que nos puede dar una idea de las intenciones de la editorial respecto a las relaciones entre este libro en concreto con los lectores. Los relatos se suceden cronológicamente, desde el primero de ellos, La torre de Hasán, escrito en 1966, hasta Rumbo al oeste, del 2000. Una ordenación a priori muy simple, pero que esconde un propósito detrás del que ahondaremos más detalladamente en la reflexión final. En lo que respecta al estilo, cabe señalar que Margaret Drabble puede considerarse una de las herederas directas de grandes y conocidas escritoras de la literatura inglesa. La ironía de Jane Austen, la profundidad psicológica de Virginia Woolf, los giros argumentales de Iris Murdoch o la concienciación de Doris Lessing. Todas ellas aparecen indirectamente en cada una de sus páginas. Nada puede hacernos descartar la posibilidad de un más que probable homenaje a todas esas escritoras tan fundamentales, pero lo que si que está claro es que Drabble pretende poner en tela de juicio la sociedad de su tiempo de una forma u otra. En relación con esto último y ya hablando del contenido de los propios cuentos, nos encontramos con historias cotidianas en la mayoría de los casos, en las cuales, Drabble decide inyectarles una potencia narrativa muy crítica pero sin desperdiciar esa calidad literaria que ha atesorado gracias a sus maestras. En ellas no hay un blanco o negro, todo se diluye en una paleta de matices grises. Nada es perfecto, nada está descrito al azar, ninguno de sus personajes se presenta totalmente plano, al contrario, sus numerosas aristas hacen que el lector conecte enseguida con ellos, en especial, con sus protagonistas. Una de las cosas que más llama la atención para bien de Un día en la vida de una mujer sonriente es que sus personajes principales se corresponden con voces femeninas de muy diferentes ámbitos profesionales y sociales. Algo que, sin duda, contribuye a incorporar más caras a ese pensamiento femenino que tantas veces, por desgracia, la sociedad misma logra hacerlo invisible. Llaman particularmente la atención los relatos titulados Victoria pírrica, en donde asistimos a una reflexión sobre la pérdida de autoestima de su protagonista, Cruzando los Alpes, en el que observamos como es posible levantarse y crecer ante la adversidad y por supuesto, el cuento que da nombre a este libro, protagonizado por una mujer que acaba la jornada con una sonrisa aunque por dentro sienta desangrarse. Todos y cada uno de ellos nos hablan de un tipo de mujer y de una sola al mismo tiempo, que directa o indirectamente nos confiesan sus sueños, sus pensamientos, pero también sus mayores temores y complejos. Por último, destacar la habilidad de Drabble para los cambios de guion, semejantes como ya hemos comentado a los de Iris Murdoch, pero que en la pluma de esta autora resultan más impactantes si cabe.  


Como hemos avanzado en el párrafo anterior, en literatura, y más tratándose de un volumen de cuentos, nada esta dispuesto al azar. Puede existir casos, no lo dudo, pero normalmente, existe un por qué detrás. En Un día en la vida de una mujer sonriente nos topamos con un orden cronológico, una disposición que va desde el relato más antiguo hasta el más reciente. Sin embargo, dentro de esta lógica se esconde una intención, en mi opinión bastante reveladora. Los cuentos fueron escritos entre los años 60 del pasado siglo hasta el año 2000, mucho tiempo ha llovido entre medias, tanto como experiencias y acontecimientos de gran relevancia. En cada uno de ellos observamos como las mujeres son las protagonistas absolutas. Mujeres que se enfrentan a la vida de formas muy distintas y que a medida que vamos avanzando en su lectura, nos damos cuenta que sus actitudes van evolucionando, cambiando, adaptándose a los nuevos tiempos. De unos años a otros comprobamos como todas esas mujeres de Un día en la vida de una mujer sonriente van dejando atrás sus complejos, sus inseguridades, sus miedos, sus roles tradicionales, aquello que se espera de ellas por el simple hecho de ser mujer. Comienzan a caminar con paso firme, a no dar explicaciones, a dejar de pedir perdón, a no dejarse vencer, a hacer con su vida lo que quieren, a no hacer caso a lo correcto, a negarse a acabar la jornada con una sonrisa de oreja a oreja...Pero, como he apuntado al principio de la reseña, este es un libro de cambios y permanencias, el cambio se produce en la actitud de las mujeres, pero ¿Qué es lo que permanece? la sociedad que las rodea. Una sociedad que juzga y prejuzga a estas mujeres por no comportarse como ésta les enseña desde la cuna. Un entorno que oprime y que no disimula en minusvalorar cada paso que éstas dan hacia delante o cada decisión que éstas puedan tomar. Un ambiente en el que en ocasiones, son las propias mujeres las peores enemigas, pues debido a esa educación tan encasillada, algunas son incapaces de apreciar ese cambio y se alinean contra él. En Un día en la vida de una mujer sonriente se evidencia algo realmente preocupante, y es que la mujer es la que avanza en su conquista por el respeto y la visibilidad, pero es el sistema el que sigue anquilosado en una serie de valores tradicionales que poco favor hacen a las mujeres y a sus derechos como tales. Tal vez es lo que se pretende criticar en esta lectura, ese significativo contraste entre quienes quieren avanzar y quienes hacen todo lo posible para que eso no suceda. Un día en la vida de una mujer sonriente: trece historias de superación, valentía, realidad, ejemplaridad, adversidades, amor, odio, satisfacción, alivio...Trece historias para leer y comprender.

Frases o párrafos favoritos:

"Al echar la vista atrás, recordaría ese día como una broma y una victoria, pero a costa de quién, y sobre quién, no sabría decirlo."

Película/Canción: todavía no hay noticias de que se produzca, aunque sinceramente, si algún director/a no anda muy inspirado últimamente, en este volumen de relatos la encontrará seguro. Hasta que eso ocurra, os adjunto la pieza clásica que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Todo un descubrimiento.


¡Un saludo ya seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 3 de octubre de 2017

RESEÑA: La guardia.

LA GUARDIA

Título: La guardia.

Autor: Joydeep Roy-Bhattacharya (1971) estudió Filosofía y Política en Calcuta y en Pensilvania. Durante 1989 y 1990 viajó por toda Europa del Este y fue testigo de la Revolución de Terciopelo. En ese momento, dejó de lado su faceta académica y comenzó a centrarse en la narrativa. Con La guardia, Joydeep fue finalista de distintos premios en todo el mundo, entre ellos el Dublín Literary Award o el Boeke Prize de Sudáfrica. Sus novelas siempre muestran algún aspecto de los principales conflictos del siglo XXI.


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Magdalena Palmer.

Sinopsis: tras una larga noche de enfrentamientos, un grupo de soldados estadounidenses destinados en una remota base en Kandahar asiste a un extraño espectáculo: lo que parece ser una mujer cubierta por un burka avanza por la pista de tierra sobre una especie de carrito, ayudándose únicamente de la fuerza de sus brazos. Atrincherada en el exterior del fuerte bajo un sol abrasador, exige que le devuelvan  el cuerpo de su hermano, fallecido durante la batalla del día anterior, para poder darle sepultura de acuerdo con los ritos de su fe. Decidida a llevar a cabo la misión que se ha propuesto, se niega a abandonar aquel inhóspito lugar. Los soldados, exhaustos y tensos; irán tomando diversas posturas respecto de la extraña desconocida: algunos desconfían de ella, temerosos de que no sea más que un señuelo para una emboscada; otros creen que bajo el burka se esconde un terrorista suicida; algunos incluso barajan la hipótesis de que se trate de una espía. Pero ¿y si la mujer es quien dice ser?

Su lectura me ha parecido: interesante, original, atemporal, algo dispersa en su narración, contundente, rabiosamente actual...Queridos lectores y lectoras, vivimos tiempos convulsos e interesantes al mismo tiempo. Lo de convulsos ya todos lo sabemos, no hay más que poner la tele o echar un vistazo a la prensa tanto escrita como digital. Nadie duda que desde el 11S el mundo dejó de ser el que era, dando paso a un nuevo orden mundial y a un cambio en los intereses de los países dominantes. A eso se le añadió como no, la revolución de las nuevas tecnologías. Tal ha sido el cambio que éstas han supuesto que hoy en día no podemos vivir sin ellas. Gracias a ellas, nuestra forma de sociabilizarnos y de comunicarnos ha cambiado por completo, abriéndonos a un mundo de posibilidades y avances, pero también, de peligrosas consecuencias, las cuales, estamos empezando a pagar poco a poco. También, y esto es tal vez de lo más alarmante, estamos repitiendo los mismos errores que nuestros antepasados cometieron tan sólo un siglo antes. Dramáticas imágenes de huida y desesperación se suceden ante nuestros ojos mientras algunos entran triunfantes en las instituciones llevando por bandera ideologías cuanto menos peligrosas. Los fantasmas han vuelto a aparecer y aquellos a los que se les creía muertos, parecen resucitar con imagen renovada y con paso firme. Obviamente, todo este clima sirve como caldo de cultivo, favoreciendo la aparición de textos literarios en los que, a pesar de estar su trama ambientada en un pasado más o menos cercano, los temas que aborda son de tremenda actualidad, algunos de ellos incluso de intenso debate social, político e intelectual. Este es el caso de la novela que hoy tengo el placer de presentaros y reseñar, un libro que nos trasporta temporalmente, pero cuya vigencia nos hace temer a nuestros propios gobernantes. La guardia: la Antígona de Kandahar.


La historia de como este libro llegó a mis manos es bastante sencilla, se podría resumir en dos líneas. Sin embargo, creo que es conveniente que os confiese algo, y es que una servidora no es muy aficionada a la literatura bélica. Con esto no quiere decir que no me interesen las guerras, claro que me interesan, a lo largo de la carrera he dado las más importantes, desde las acontecidas en el mundo antiguo hasta las que tuvieron lugar a finales del XX. Lo que sucede es que en mi caso me he interesado más por otros aspectos que se salen de la historia militar pura y dura, a saber las consecuencias de dichos conflictos bélicos, la situación de la población civil, la relevancia de ciertos personajes que no pertenecen al mundo militar, las ideologías, la geografía o la violencia contra grupos concretos, sobretodo en lo que respecta a grupos étnicos, religiosos o las mujeres. Todos esos temas me han llamado la atención que las operaciones militares puras y duras. En lo que respecta a la literatura he leído algún libro de este estilo, algunos de ellos muy populares, pero que no han acabado de convencerme del todo. Películas si que he visto más, sin embargo, al igual que me pasa con la literatura, muy buena tenía que ser la cinta en cuestión como para que no despegase los ojos de la pantalla, como me ocurrió con La chaqueta Metálica o más recientemente con Dunkerque. La primera me enganchó por su mensaje pacifista y la dureza de su guion y la segunda por el trato delicado a la imagen y su particular narración, en la que deja claro una cosa, no hace falta sangre para narrar un episodio poco conocido de la II Guerra Mundial. En definitiva, salvando el caso de estas dos películas, no he sentido especial atracción por el género bélico, y mucho menos en lo que respecta al terreno de la literatura. Sin embargo, el día que se me cruzó La guardia en mi camino, tuve irremediablemente que darle una oportunidad. No fue ni el bonito diseño de su portada, ni su autor, cuyo nombre me resultaba desconocido. Su inspiración en la famosa tragedia griega Antígona fue lo que sin duda hizo que me ablandase. Como ya comenté en su reseña correspondiente, la tragedia de Sófocles significó mucho para mi, convirtiéndose en uno de esos textos que me ayudó a crecer como persona y a ganar más confianza en mi misma. Fue la puerta a unas sensaciones que jamás había experimentado y que de vez en cuando, invadida por la nostalgia, sueño con volverlas a vivir sobre un escenario. En cuanto pude y gracias a Sexto Piso, conseguí hacerme con un ejemplar de La guardia, cuya lectura formó parte de mis vacaciones de verano ¿El resultado de esta experiencia lectora? En el siguiente párrafo.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La guardia presenta una lectura amena, distendida, en ocasiones dura y muy interesante, sobre todo en lo que respecta a la narración. En lugar de quedarse con un sólo narrador, Joydeep le da la palabra a otros personajes, ofreciendo de este modo, los diferentes puntos de vista que discurren al rededor de un tema o acontecimiento determinado. Este es sin duda uno de los grandes aciertos de la novela, pues, de esta forma, el lector puede hacerse una idea de como esas voces tan plurales en su ideología y experiencia personal, ejercen como testigos del núcleo de la novela, que no es otro que el de la actitud de un personaje cuya presencia y actitud pone patas arriba todo lo planeado. No obstante, cabe señalar que Joydeep tiende a irse un poco por las ramas en algunas partes de la novela, sobre todo, en las partes en las que toman la palabra los soldados americanos. Pero si lo comparamos con el resto de aspectos, descubrimos como éste es sólo un pequeño defecto que se diluye a medida que el lector deja atrás una página tras otra. Seguidamente, un aspecto tan fundamental como es la inspiración en la literatura clásica. No hace falta ser un experto en la materia, pues, las influencias son claras y surgen en los momentos más adecuados. En La guardia, Joydeep acude a la Antígona de Sófocles para construir un relato de injusticia, derecho, guerra, pero también de valentía y sacrificio. En esta ocasión, Antígona es pastún y es obligada a cruzar la línea de fuego en un carrito, pues perdió sus pies en una bomba mientras asistía a una boda, con el único objetivo de enterrar a su hermano, fallecido momentos antes. La inspiración clásica no queda ahí, pues son numerosas las citas de Heródoto, Tucídides, Esquilo, Pericles o Tácito las que aparecen a lo largo de la novela, al igual que la alusión a la famosa adaptación cinematográfica de la obra de Sófocles interpretada por la gran Irene Papas. Incluso la presencia de esa mujer en medio del campo de batalla se podría considerar una especie de Caballo de Troya, un presente jugoso o envenenado según los diferentes puntos de vista. Por otro lado, la construcción de la novela introduce al lector en diferentes debates. Al prestarse atención a todos los narradores implicados en esta historia, incluyendo a nuestra particular Antígona, se aprecia el apogeo de dos discursos enfrentados, por un lado el de quienes creen que la presencia de la mujer es inofensiva y por tanto, se debería atender sus peticiones, y por otro los que opinan que bajo ese burka se esconde un espía o un terrorista capaz de inmolarse. Un médico, un intérprete local, un capitán, un sargento, y sobre todo, un teniente especialista en literatura clásica, todos ellos opinan acerca de esa presencia, dejando evidentes la tolerancia y respeto de unos y el fanatismo e islamofobia de otros. Con todo lo comentado podríamos concluir diciendo que La guardia no es una novela extremadamente original en cuanto a su planteamiento, pero si en su intencionalidad, al actualizar el clásico del 442 a. C. al siglo XXI.


Como no podía ser de otra forma, y menos tratándose de esta novela, la reflexión final debe discurrir entre dos temas absolutamente importantes. El primero de ellos, la guerra, es el más abrumador, el que más presencia tiene a ojos del lector y en el que inevitablemente pensamos tras haber leído un libro como La guardia. Siguiendo el discurso que ha marcado Joydeep, es decir, si tenemos en cuenta esa inspiración clásica que impregna cada página del libro, coincidirán conmigo en que la guerra, como concepto y acto, ha evolucionado mucho a lo largo de la historia. Homero, uno de los grandes escritores de todos los tiempos y al que todos deberíamos acudir varias veces a lo largo de nuestra vida, desplegó todo su conocimiento sobre la guerra en sus dos obras cumbre. Gracias a él supimos que para los griegos la guerra se regía por unos códigos de honor inquebrantables y sagrados, en donde un simple hombre podía alcanzar la gloria divina y el título de héroe gracias a sus afortunadas hazañas. Fue tal la cantidad de elementos que podemos encontrarnos en su obra, tanto retóricos como simbólicos, que tras la Ilíada fue misión casi imposible narrar una guerra con dignidad, sin el amparo de ese imprescindible texto. Ya en pleno siglo XXI, y conociendo el largo historial de guerras que la humanidad ha dejado atrás a lo largo de los siglos, comprendemos como en éstas, sobre todo las más cercanas al presente, ya no existen ni héroes elevados a semidioses ni rituales varios, sino dinero, pues es esto y no otra cosa lo que actualmente mueve el mundo, y por consiguiente, los conflictos bélicos. Se intenta más o menos disimular bajo una apariencia de estar combatiendo contra el mal, pero lo que de verdad importa es la superioridad económica, un imperialismo capitalista tan salvaje que arrebata la vida de más inocentes que culpables. El segundo tema tiene mucho que ver con lo comentado en las anteriores líneas, y es que, gracias a las guerras, las de antes y las de ahora, se contribuye a crear un discurso de feroz enfrentamiento, distinguiendo un nosotros y un ellos. No hace falta citar el conflicto más sangriento de la historia, pues, a raíz de los últimos acontecimientos, hasta en las democracias más avanzadas existen unos buenos y unos malos, identidades construidas a partir de unos intereses muy determinados y que sólo pretenden el enfrentamiento. En este sentido, la sociedad, pues esta visto que ciertos gobernantes viven en un mundo paralelo a la realidad, somos los que debemos contribuir a esterilizar este peligroso discurso mediante la tolerancia, el diálogo, el entendimiento y el respeto. Si no lo hacemos, estaremos dando alas a la discriminación y a la ignorancia más absoluta. En La guardia, se aprecia el gran enfrentamiento al que el mundo quiere abocarnos, el de occidente contra oriente, un discurso muy peligroso cuyas consecuencias estamos padeciendo hoy en día. La guardia: una historia de conflicto, discriminación, estereotipos, guerra, valentía, desconocimiento, sinrazón...Una tragedia griega terriblemente actual.

Frases o párrafos favoritos:

"Me quedo mirando el trapo del suelo, los tristes restos de mi orgulloso Yusuf. Muy pronto. Quizá yo misma me vea forzada al silencia, Quién sabe. Entretanto, esta claro que pretenden agotarme con su terminable procesión de interrogantes. Quieren quebrar mi resistencia, pero tanto en eso, como en sus intentos de convencerme para que me vaya, acabarán decepcionados. No me iré hasta haber cumplido mi deber."

Película/Canción: todavía no hay noticias de una posible adaptación a la gran o pequeña pantalla, aunque sinceramente, pienso que se debería llevar a cabo. Hasta que eso se produzca, os adjunto una escena de la famosa película griega Antígona. La misma que los soldados ven en uno de los pasajes de la novela.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Sexto Piso

miércoles, 27 de septiembre de 2017

RESEÑA: Emma.

EMMA

Título: Emma. 

Autor: Jane Austen (1775-1817) era la hija menor de un pastor protestante que se ocupó personalmente de su educación. Llevó siempre una existencia apacible en diversos lugares del sur de Inglaterra y permaneció soltera. Siendo testigo de la época de la Regencia, empezó a escribir con tan solo 16 años, en una época en la que la que a la mujer se le asignaba un rol más tradicional y sujeto a las normas de una sociedad estrictamente patriarcal. Además de Orgullo y prejuicio, su novela más importante y famosa, también escribió Mansfield Park, Emma, Sensatez y sentimiento, La abadía de Northanger o Persuasión entre otras; además de escribir una abundante cantidad de diarios personales que retratan y reflejan la realidad de una época. Su obra es una fabrica de generar controversia, interpretaciones, alabanzas y lo que es más importante; una atracción especial hacia un público más amplio y menos especializado. Murió de tuberculosis a los 41 años dejando incompleta Los Watson, quien años después su sobrina, la también escritora Catherine Hubback, sería quien la finalizase.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luís López Muñoz.

Sinopsis: cuando la joven Emma - hija soltera del rico y distinguido señor Woodhouse - pierde la compañía de su antigua institutriz, toma bajo su tutela a la humilde Harriet Smith. Su extracción modesta y su simpleza, además de su hermosura, hacen de ella una candidata perfecta para que Emma pueda entregarse a su ocupación favorita: arreglar la vida de los demás. Sus afanes para que Harriet haga un matrimonio ventajoso y su personalidad manipuladora sufrirán, sin embargo, distintos reveses antes de que la situación alcance un final inesperado y feliz.

Su lectura me ha parecido: densa, algo repetitiva, demasiado peculiar, plagada de simbología, diferente...Queridos lectores y lectoras, muy pocas novelas son mundialmente conocidas por su personaje principal. Ejemplos hay muchos. El Frankenstein de Mary Shelley, el Drácula de Bram Stoker, el Hombre Invisible de H.G Wells, el Quasimodo de Víctor Hugo, el Don Quijote de Miguel de Cervantes, la Julieta de William Shakespeare, la Cenicienta de Perrault...Así hasta engrosar una larguísima lista de nombres cargados de un gran pasado literario. Todos y cada uno de ellos son influyentes por motivos muy diversos, pero si algo tienen todos ellos en común es el haber logrado traspasar el papel para convertirse en personajes de la cultura popular. Cierto que en algunos casos el cine ha ayudado bastante, pero en otros, la simple transmisión oral ha bastado para que uno conozca a grandes personajes de la literatura universal de todos los tiempos. En el caso de Jane Austen, autora a la que estamos dedicando un mayor espacio debido al aniversario de su fallecimiento, tiene la suerte de haber colado en esa larga lista a algunas de sus protagonistas más ilustres. La más famosa, por supuesto, Elizabeth Bennet, protagonista de Orgullo y prejuicio, cuya construcción psicológica sirve de modelo para explicar el tipo de heroína común en las novelas de la autora inglesa. No obstante, como siempre, existen excepciones, y esa excepción es la inusual protagonista del libro que hoy reseñaremos. Una mujer tan diferente a la tradición que ha mantenido Austen que cuesta creer, en un primer momento, que naciese de su misma pluma. Una mujer de arrolladora personalidad. Una mujer cuyo nombre da título a esta novela. Emma: manipulación e imperfección.


La historia de como Emma llegó a mis manos y a mi apreciada estantería es bien sencilla. Todo empezó hace un tiempo, en el mes de febrero, cuando decidí dedicar este año a reseñar las novelas más importantes de la escritora inglesa Jane Austen. La verdad es que por un lado tomé la decisión invadida por esas ansias de hacer justicia y promover una mayor visivilización de la mujer como escritora. Cierto que Austen no es precisamente una de esas autoras que necesita ser rescatada con urgencia, el éxito de sus novelas, incluso varios siglos después, habla por si solo. No obstante, si que es cierto que el haberme atrevido con la que es probablemente una de las escritoras más grandes de todos los tiempos, me ha abierto las puertas de un universo literario en el que temas que a mi me preocupan como el machismo, la violencia de género, el feminismo, la independencia de la mujer o las desigualdades que todavía persisten entre hombres y mujeres, están muy presentes. Y aunque al principio me mostré algo reticente con respecto a esta autora, pues tenía una imagen bastante estereotipada de sus libros, conseguí con el tiempo pillarle el estilo y su forma de narrar, hasta el punto de que vi aspectos que merecen una amplia reflexión. De esta forma, ya son tres las reseñas de libros de Jane Austen las que han desfilado por el blog, a saber Orgullo y prejuicio, Persuasión y La Abadía de Northanger. Como cabía esperar y siguiendo con esta reivindicación personal, el siguiente título que me leí fue nada más y nada menos que Emma. Tengo que confesar que antes de iniciar su lectura fui con pies de plomo, pues, tras leer resúmenes y reseñas de esta novela, pude comprobar que éste precisamente no es el libro más apreciado por los fans de la escritora inglesa. Ni la historia, ni un posible cambio en el icónico estilo predominante en cada una de sus novelas, no, la explicación estaba en su personaje principal, en Emma Woodhouse, cuyas características chocaban muy a menudo con lo que el lector esperaba de él. Por eso, y en parte porque nos encontramos ante uno de sus libros más gruesos en cuanto a páginas, una servidora retrasó la lectura de Emma más de lo necesario. Hasta que un día, cuando mi cabeza estuvo lo suficientemente despejada como para concentrar todas sus fuerzas en 574 páginas, inicié su lectura. El resultado, una animadversión hacia su personaje protagonista, pero con matices.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Emma presenta una lectura larga, muy densa y a la que, por consiguiente, hay que dedicarle bastante tiempo. La verdad es que en ese sentido, en mi más sincera opinión, se diferencia bastante de otras novelas que he leído de Jane Austen. No acabé de hacerme con la historia hasta haber dejado atrás varios capítulos, pues, su ritmo me pareció más ralentizado de lo habitual, tanto que las situaciones típicas que se describen en todas las novelas de Austen, como son las reuniones familiares, los bailes, los paseos por el campo o los cortejos, me resultaron bastante repetitivas, algo que por ejemplo no ocurre con otras de sus novelas más importantes. A esto no ayudó que, como comentaremos a continuación, algunos de sus personajes no me resultasen atractivos. Ni siquiera, con lo que Jane Austen es, acabaron por gustarme al finalizar la novela. Hablar de Emma es hablar, por supuesto, de Emma Woodhouse, la que es sin duda, la heroína austeniana más atípica. Hermosa, rica, mimada y con un concepto de si misma demasiado elevado. Poseedora de una agudísima inteligencia y capacidad de manipulación dignas de ser enmarcadas. A pesar de ser consciente de su elevada posición social, no tiene intención de casarse, y mucho menos de enamorarse, no está predispuesta a ello. Con su fortuna y un padre que la adora tiene suficiente, no cree que un matrimonio logre llenarla tanto como su privilegiada situación. Su afición favorita: arreglarle la vida a los demás. Emma se divierte planificando y encauzando futuras uniones matrimoniales de sus vecinos más cercanos. Sin malicia alguna, pero que en ocasiones, su particular hobby la lleva a protagonizar más de una situación embarazosa. Con esta descripción, no sólo constato que es sin duda el personaje que da identidad y sentido a la novela, también recalco una verdad irrefutable: Emma Woodhouse es el personaje más insufrible y a la vez más interesante de la novela. Ya lo avisó la propia Jane Austen al escribir "voy a elegir a una heroína que sólo le gustará realmente a mi" ¡Cuánta razón tenía! Sinceramente, cuesta empatizar con ella, incluso me atrevería a decir que a ojos del lector actual, Emma resulta un personaje ligeramente anacrónico, aunque un reciente artículo de prensa, bastante acertado, vea en su personalidad características similares a las de las celebrities de Instagram o YouTube. Tampoco los personajes femeninos secundarios han logrado cautivarme, ni siquiera la inocentona de Harriet Smith, que en ocasiones casi logra que me compadezca de ella ante los tejemanejes de Emma. Pero si por algo destaca Emma es por una importante gama de personajes masculinos muy bien construidos, desde la sinceridad del señor Knightley hasta el caprichoso señor Churchill, pasando por el delirante e hipocondríaco señor Woodhouse. No es muy descabellado afirmar que es en Emma donde a falta de una mayor empatía con su heroína, la balanza se inclina más hacia esa serie de personajes secundarios que enriquecen a la novela. Finalmente, un pequeño apunte. Emma es tal vez la novela de Jane Austen con más simbología que he leído, una simbología que se inspira claramente en la mitología griega. No es casualidad que la mayoría de las ediciones que se han hecho de esta novela lleven en su portada un arco y unas flechas, o de forma más explícita, al clásico Cupido. A fin de cuentas, Emma no ceja en su empeño y dispara según su egocéntrico criterio.


No podía despedirme hasta la siguiente reseña sin antes plantear la pertinente reflexión. Siempre acorde con la lectura en cuestión. Y la verdad, tratándose de Emma, no ha sido nada fácil. Al principio de redactar la presente crítica, no tenía ni idea de cual iba a ser el tema del que expresase mi opinión. Más adelante, allá por el segundo párrafo, comencé a perfilar ese esquema mental, dedicando este espacio a hablar sobre un tema tan importante socialmente como es el matrimonio, su evolución, su concepción y como hoy en día, afortunadamente, no es ninguna obligación. Sin embargo, y tras un pequeño paseo matutino, he comprendido que Emma no es sólo una novela en la que se hable sobre el matrimonio, el amor correspondido o los tejemanejes de una chiquilla arrogante. A pesar de su aparente simpleza argumentativa, Jane Austen no es de las que deja nada a medias. Como he comentado en el párrafo anterior, el personaje de Emma Woodhouse es totalmente distinto a otros personajes femeninos principales que han desfilado por las novelas de Austen, sin embargo, y aunque si que sostengo que éste no ha sido de mi agrado, si sabemos leer entre líneas, el lector se da cuenta de que Emma Woodhouse soy yo, es mi madre y mi abuela al mismo tiempo. Es la vecina del quinto, la que atiende en la panadería de la esquina, la que trabaja en un colegio, en una oficina, la que dirige un negocio, una empresa, un país. La que cada mañana se levanta deseando que el día trascurra lo más apacible posible, la que a fin de cuentas, desea destacar y luchar por sus sueños, por muy lejanos o imposibles que parezcan. Jane Austen sabía que Emma Woodhouse era un personaje difícil y con el que el lector no disfrutaría tanto, sin embargo, le confirió de un aspecto crucial, y es que no es perfecta. Evidentemente su opinión con respecto al matrimonio la hace diferente y supone sin duda un avance en esa crítica a ciertas tradiciones de la época, pero es esa imperfección lo que de verdad llama la atención. No estamos ante una joven cuyo comportamiento sea modélico y ejemplar, todo lo contrario, sus continuas meteduras de pata y su facilidad para meterse en líos la alejan de ese modelo de mujer que se ha tratado de imponer socialmente, el de la mujer sumisa, quieta, callada, educada y que cuya perfección se debe traducir en aspectos del día a día. Por eso decía que el personaje de Emma Woodhouse resultaba interesante, porque ella se erige como ejemplo literario de esa contestación al modelo femenino de la época y que en algunos aspectos, por desgracia, se sigue manteniendo en nuestros días. Con Emma, Jane Austen clama que no existe la mujer perfecta, que todas somos diferentes, con nuestras manías, nuestros defectos y que por supuesto, podemos cometer errores. Emma: una historia de amor, ingenuidad, bailes, citas, cortejos, manipulación...Una novela con rostro y voz de mujer.

Frases o párrafos favoritos:

"Hay gente que cuanto más haces por ellos, menos hacen por si mismos."

Película/Canción: esta novela de Jane Austen ha sido hasta 9 veces adaptada tanto al cine como a la televisión. Desde la primera producida por la BBC en el año 1972 hasta la última estrenada en el 2010 proveniente de la industria de Bollywood. Aunque la más famosa de todas fue la de 1996, dirigida por Douglas McGrath y protagonizada por una inspirada Gwyneth Paltrow.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial
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