Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

miércoles, 18 de abril de 2018

RESEÑA: El papel amarillo.

EL PAPEL AMARILLO

Título: El papel amarillo.

Autor: Charlotte Perkins Gilman (Hartford, Estados Unidos 1860- Pasadena, Estados Unidos 1935) intelectual multidisciplinar, feminista, conferenciante, escritora y editora, fue una de las principales teóricas del movimiento feminista en Estados Unidos, muy activa en la defensa de los derechos humanos de las mujeres entre finales de 1890 y mediados de 1920. En 1892 publicó su obra más conocida, El papel amarillo, un relato breve basado en su traumática experiencia médica tras caer en una profunda depresión. Su ensayo Las mujeres y la economía, que apareció en 1898 y fue traducido a siete idiomas, es un texto clásico del feminismo. Su novela utópica Dellas (1915) está considerada como la precursora de la ciencia-ficción feminista moderna. En 1935 puso fin a su vida después de que diagnosticaran un cáncer de pecho.


Editorial: Bestia Negra.

Idioma: Bilingüe.

Traductora/or: María Ermita Barrasa Rodríguez.

Sinopsis: Charlotte Perkins Gilman firma un relato asfixiante con tintes autobiográficos, y con un mensaje aún vigente, sobre la discriminación de la mujer en la sociedad. La autora nos conduce a un descenso a la locura narrado con presión a través de la voz de su protagonista hasta desembocar en un reflexivo desenlace.

Su lectura me ha parecido: breve, intenso, asfixiante, reflexivo, extraordinariamente atemporal, ágil, de urgente reflexión...El anonimato. Ese estado que muchos de los que ostentan gran fama desearían poseer y el que algunos con ínfulas de grandeza no querrían par si mismos. El anonimato esta bien para esas ocasiones en las que, por deseo o motivación personal, una o uno pretende no ser reconocido o hacer lo posible para que su identidad quede lo más diluida posible. En otras palabras, para pasar desapercibida/o ante una situación o la vida en general. Sin embargo, con el monstruo de las redes sociales y la sociedad conectada, muy pocos se resisten a ese poder y acaban por mostrarse tal y como son al mundo, incluso detallando los aspectos más delicados y estrictamente privados de nuestra propia biografía. No obstante, el anonimato también ha servido, por desgracia, para a ocultar detalles, borrar datos, volatilizar esfuerzos, eliminar en el peor de los casos todo indicio de existencia de una persona concreta; algo que en el caso de las mujeres ha sucedido a lo largo de la historia. El paso del tiempo no ha sido justo con las que decidieron en su momento cumplir sus sueños firmando anónimamente, pues la mayoría de sus trabajos o bien se perdieron por culpa del desinterés por parte de las generaciones que les sucedieron o directamente se ha atribuido a hombres la autoría de dichos logros. El anonimato condena, estigmatiza, invisibiliza...Justo lo que sucede con la protagonista del libro que hoy tengo el placer de reseñar. Una mujer que desde el anonimato más absoluto consigue hacerse oír, aunque sea a través de la desesperación y la locura, y lanzar desde el siglo XIX un llamamiento cuya atemporalidad no deja de producir escalofríos en pleno siglo XXI. El papel amarillo: el trauma como vertebrador de un cuento poderosamente feminista.


La historia de como llegó este libro a mis manos es bien sencilla, pero para que ésta sea más interesante es importante remontarnos en el tiempo y trasladarnos a mis años universitarios, no tan lejanos en el tiempo y que en ocasiones añoro profundamente. Como muchos ya sabréis por otras reseñas, mi TFG de la carrera de Historia versó sobre la representación del totalitarismo del siglo XX en las novelas del género distópico, por lo que autores como Huxley, Orwell, Bradbury e incluso Burgess ocuparon una parte importante de mi interés intelectual, hasta el punto de suscitarme reflexiones que hasta ese momento ninguna novela me había planteado. No es que las novelas no susciten debate, que de hecho en el fondo prácticamente todas lo consiguen, pero lo que sucede con la novela distópica adquiere un particularismo que se sale de todo lo establecido. También comenté el hecho de que me quedé con ganas de incluir al menos el análisis de una novela distópica escrita por una mujer. De hecho, estaba deseándolo, no me costaba nada incluir el análisis de El cuento de la criada de Margaret Atwood, que era por aquel entonces el título que había pensado para analizar y exponer mis conclusiones. Pero entre que no encontré el libro por ninguna parte y que si incluía mi análisis de la novela de Atwood incumplía una de las normas del TFG en lo referente al mínimo de páginas que tenía que tener en trabajo, opté por dejarlo tal y como estaba. Al margen de Margaret Atwood y su extraordinaria novela, lo cierto es que desde entonces se me ha quedado clavada esa espinita por no incluir ni una sola mujer en mi trabajo final de grado y en un intento por enmendar este error me comprometí a leer toda la novela distópica o utópica escrita por mujeres que pasase por mis manos. Pero por desgracia tuve que conformarme durante un tiempo en leer artículos científicos al respecto y asistir a conferencias, pues parecía que ese tipo de novelas con sello femenino se las había tragado la tierra. Fue durante una de aquellas conferencias, impartida por la profesora de la Universidad de Valencia Capitolina Díaz, donde escuché por primera vez el nombre de Charlotte Perkins Gilman referido a Dellas, una novela de corte utópico que logró despertar mi interés. Tiempo después tuve el privilegio de adentrarme en el volumen de relatos La nueva mujer, editado por Dos Bigotes y con la traducción y el prólogo de Elena Fortún, en donde me topé de nuevo con Perkins Gilman y su rompedor relato Una madre antinatural. Desde ese momento preciso no tuve duda, quería leer más sobre esta autora norteamericana, incluso conocer en más profundidad algunos detalles biográficos. Aún tendrían que pasar unos meses, unos largos y fríos meses, hasta que di por casualidad con una interesantísima reseña de El papel amarillo publicada en La Nave Invisible. Fue entonces cuando algo se movió dentro de mi, esa insaciable curiosidad apareció de nuevo en forma de hormigueo en el estómago, y claro, ¿quién en esas circunstancias consigue reprimir algo así? Finalmente y gracias a la estimable generosidad de Bestia Negra, la editorial responsable de esta preciosa portada y lo que guarda en su interior, logré hacerme con un ejemplar que devoré en cuestión de días. ¿El resultado? Un impagable regalo a las lectoras y a los lectores.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha comenzaremos diciendo que El papel amarillo presenta una lectura que equilibra dos de las mayores virtudes de todo libro: la agilidad narrativa y la potente reflexión. En primer lugar, la rapidez en su lectura no debería sorprender, pues tratándose de un relato es probable que el lector pueda leérselo en un día como me sucedió a mi. Sin embargo, hay ciertos elementos que favorecen esta rápida lectura además de su extraordinaria brevedad, detalles que tienen que ver sobre todo con la edición que hoy reseñamos. Bestia Negra ha sabido explotar el poder de atracción de esta historia y ha tirado la casa por la ventana al presentar al lector una edición de lo más cuidada. Con un tipo de letra bastante grande, incluyendo un interesantísimo prólogo escrito por Lourdes Ilian Crespo, incorporando el texto que escribió la propia Charlotte Perkins Gilman para The Forerunner explicando los motivos que le llevaron a escribir El papel amarillo, aportando la versión original de relato en inglés al final del libro y todo eso acompañado de unas ilustraciones de inspiración geométrica que quitan el hipo. Es obvio que este formato más cercano al libro ilustrado, que se aleja de todo convencionalismo, introduce al lector en una lógica muy concreta. Pero no todo es portada y presentación, porque si por algo destaca El papel amarillo es por la historia que se narra entre ilustración e ilustración. Y es en este punto donde entra en juego el otro protagonista de este juego de equilibrios, que no es otro que el estilo empleado por Perkins Gilman. Cuando el lector se adentra en El papel amarillo no está predispuesto a leer, aunque lo deja bien claro la sinopsis de la contraportada, una historia de gran profundidad. No obstante, y a medida que éste avanza en su lectura experimenta una serie de sensaciones que le hacen inmediatamente arrepentirse de esos prejuicios que a todo lector le surgen cuando está a punto de embarcarse en una nueva historia. El relato empieza con una premisa bastante fuerte, para discurrir a continuación en un imparable crescendo que concluye con un final tan o más potente que el principio. ¿Cómo se consigue esto? Con un ritmo extraordinariamente veloz, un estilo que en ningún momento pierde la elegancia y manteniendo al lector en una sensación que oscila entre la impotencia, el agobio y la asfixia. Usando correctamente todos esos elementos, justo lo que hace Perkins Gilman en El papel amarillo, uno sale de este relato con la sensación de haber experimentado toda esa angustia en su propia piel y con un recuerdo de su lectura que persiste en el tiempo. Y lo mejor de todo es que, una vez te serenas y pones los pies en polvorosa, El papel amarillo tiene un poder reflexivo de gran envergadura. En pocas páginas Perkins Gilman consigue hablar sobre un tema que a otros autores les costaría páginas y páginas explicar. En resumidas cuentas, este relato demuestra que la agilidad narrativa y la potencia del debate posterior a la lectura no están para nada reñidas. Por otro lado, antes de adentrarse en El papel amarillo es obligatorio leer el prólogo de Lourdes Ilian Crespo, pues de hacerlo, el lector comprende mejor de donde vino la idea de escribir un relato de estas características. No es ningún secreto que todo surgió de la traumática experiencia médica que la autora padeció tras dar a luz a su primera hija. Sin embargo, algunos de los datos que Ilian Crespo apunta no salen en las páginas de Wikipedia, por lo que si tenéis la ocasión de haceros con este ejemplar, os aconsejo que lo leáis antes de pasar al texto propiamente dicho. Y ya, para redondear la lectura, deteneros unos minutos en leer las razones de Charlotte Perkins Gilman, recogidas en esta edición. Son breves, si, pero de una claridad asombrosa. Seguramente muchos os estaréis preguntando de qué va El papel amarillo o que historia se cuenta. Pero sinceramente, en esta ocasión prefiero que lo descubráis por vosotros mismos, pues de lo contrario estaría traicionando el fuerte factor sorpresa con el que este relato juega. No os podéis imaginar lo que me cuesta no decir nada, pero queridas lectoras y queridos lectores, si finalmente os animáis a leer El papel amarillo me lo agradeceréis.


Para poner el broche de oro, o amarillo en este caso, a la reseña de esta semana, me gustaría comenzar la reflexión desde lo puramente biográfico. Charlotte Perkins Gilman nace a mediados del siglo XIX en la localidad de Hartford, perteneciente al estado norteamericano de Connecticut. Hija de un bibliotecario y de una dama perteneciente a la burguesía conservadora de Rhode Island, Perkins Gilman crece bajo la influencia de sus tías paternas: la sufragista Isabella Beecher Hocker, la escritora abolicionista y autora de La cabaña del tío Tom Harriet Beecher Stower y la educadora conservadora Catherine Beecher. Una influencia que se tradujo en un la asimilación de las ideas feministas como algo natural. A pesar de que consigue matricularse a los 18 años en la Escuela de Diseño de Rhode Island, Perkins Gilman tiene que dar clases particulares, vender acuarelas, postales así como elaborar sofisticadas campañas de publicidad para poder costearse sus estudios. Durante sus adolescencia y etapa universitaria entabla correspondencia con Martha Luther, con quien mantendrá una relación romántica. A la edad de 22 años conoce al que será su primer marido, el pintor Charles Walter Stetson, con quien se casará y tendrá su primera hija, Katharine. Es durante los meses posteriores al parto y coincidiendo con el distanciamiento entre ella y Martha Luther cuando Perkins Gilman se sume en una profunda depresión. Las ideas de matrimonio y maternidad no estaban en sus planes, y mucho menos la vida doméstica que toda mujer casada debía ejercer en aquellos años. Tenía 26 años cuando solicitó la ayuda de un reputado neurólogo, el doctor Silas Weir Mitchell, quien acabaría por convertirse en su peor pesadilla. El médico le diagnosticó agotamientos nervioso y tras seis semanas de internamiento, Perkins Gilman regresó a su casa con las siguientes instrucciones: "Viva una vida tan doméstica como se pueda. Tenga a su hija consigo todo el tiempo. Échese una hora tras cada comida. Como máximo mantenga dos horas de actividad intelectual al día. Y nunca toque una pluma, un lápiz o un pincel en su vida." Estos controvertidos consejos no hicieron más que agravar la enfermedad de Perkins Gilman, acercándola peligrosamente a un colapso emocional irreversible. Durante el verano de 1888, Charlotte toma la decisión de marcharse con su hija a Bristol (Rhode Island) donde comienza a notar una mejora progresiva de su depresión. A su vuelta decide separarse de su esposo y divorciarse finalmente de él, algo hasta ese momento insólito en la época. De aquel viaje a Bristol y de aquella experiencia psiquiátrica traumática nació El papel amarillo, como una respuesta al médico que la atendió y al erróneo diagnóstico. Pues bien, una vez expuesto estas notas biográficas el lector debe hacerse una serie de preguntas muy importantes: ¿por qué? ¿Por qué no se le diagnosticó una depresión postparto? ¿Por qué el reposo absoluto? ¿Por qué se le aconsejó que siguiera al pie de la letra todas esas suicidas instrucciones? Muy fácil, porque a los hombres, en aquellos tiempos, no les interesaba que las mujeres pudieran tener ambiciones intelectuales. Les horrorizaba la idea de que sus mujeres, hermanas o hijas pudiesen leer, escribir, debatir en público, en definitiva, rebatir a los hombres. De ahí el reposo, el desposeerlas de toda actividad intelectual o creativa, el encerrarlas en casa al cuidado de los hijos y el confinarlas en habitaciones cubiertas de un feo y deprimente papel amarillo como a la protagonista de este relato. ¿Pero sabréis que es lo más triste de todo esto? ¿Lo que de verdad causa verdadero miedo? ¿Lo que hace que tras la lectura de El papel amarillo el lector no pueda evitar sentir escalofríos? Que esto sigue pasando. Aún seguimos escuchando eso de que la mujer solo se siente realizada con la maternidad, que las cosas de casa son tarea exclusivamente del género femenino o el tono paternalista con el que se refieren los hombres cada vez que una mujer logra igualarles en méritos. Eso es lo que causa impotencia, lo que estremece y lo que Charlotte Perkins Gilman ha conseguido plasmar en una novela que bien podría haberse publicado en pleno siglo XXI. El papel amarillo: una historia de desesperación, agobio, encierro, incomprensión, locura...Las consecuencias de cortar las alas a quien desea alzarse en vuelo.

Frases o párrafos favoritos:

"El color es repelente, casi repulsivo, un amarillo sucio y humeante, curiosamente desvaído por el lento recorrido de la luz solar."

Película/Canción: por desgracia no existe una adaptación televisiva o cinematográfica, y parece que ni se le espera. A la espera de noticias al respecto, tendremos que conformarnos con la pieza clásica que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. En un claro homenaje, como no, a la cinta Amadeus del recientemente fallecido Milos Forman, y a una pieza que creo que encajaría a la perfección en la futura película que adapte El papel amarillo de Charlotte Perkins Gilman. ¡Larga vida a Wolfrang Amadeus Mozart!


¡Un saludo y a seguir leyendo!




viernes, 13 de abril de 2018

RESEÑA: Lais.

LAIS

Título: Lais.

Autor: María de Francia, fue una poeta nacida en la Isla de Francia que vivió en Inglaterra a finales del siglo XII. No se sabe prácticamente nada de su vida, aunque escribió en anglo-normando, una lengua hablada entre las élites de Inglaterra. Aún así, lo que muchos expertos coinciden es en calificarla como la primera poetisa en lengua francesa, siendo sus obras las primeras en las que se aborda el tema del amor cortés. Culta y con un dominio del latín tradujo a esta lengua el Purgatorio de San Patricio y se le atribuyen dos obras originales: Yosep, una adaptación de las fábulas de Esopo y los famosos Lais bretones. En los últimos años se le ha atribuido también una Haigografía llamada La vie seinte Audree.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: anglo-normando.

Traductor: Carlos Alvar.

Sinopsis: escritos por María de Francia, los Lais son el resultado de una larga elaboración artística en la que intervienen no sólo la amplia cultura de la autora, sino también una fina sensibilidad que afecta a los matices psicológicos y a los detalles constructivos del ambiente que rodea a los personajes, dando lugar a una atmósfera característica de estas narraciones, en las que se mezclan trama cortés, motivos folclóricos, ingenuidad propia del cuento, rasgos fantásticos, etc.

Su lectura me ha parecido: sencilla, lineal, envolvente, cautivadora, sin intención moralizante alguna, para nada aburrida, todo un descubrimiento...Queridas lectoras y estimados lectores, todos creemos conocer la Edad Media. Todos tenemos en nuestra cabeza una idea de lo que fue aquella época de la historia, en la que aparecen juntos pero no revueltos personajes como el típico y musculoso caballero fardando de espada, la típica y tímida  noble dama, el típico monje cantando Canto Gregoriano todo el día, al típico monarca sabio que siempre sabe lo que hay hacer, el típico tabernero feliz, la típica y exuberante prostituta, el típico y famélico campesino, el típico y estridente bufón de la corte o la típica mujer acusada de brujería a la que están a punto de quemar en la hoguera. Pero además, en nuestra concepción de la Edad Media también aparecen escenarios como el típico torneo de justas en donde el honor siempre está en juego, las típicas coronaciones en las que la corona es más grande que la cabeza de los monarcas, el típico y rimbombante rito para nombrar caballeros, las típicas y siempre sangrientas batallas entre asquerosas ciénagas y praderas interminables, el típico castillo que tomar a la fuerza, el típico pueblo situado a las faldas del castillo o la típica catedral gótica cuya épica construcción se recordará por los siglos de los siglos amén. Todos esos "típicos" nos conducen directamente a estereotipos creados por la literatura en primer lugar y por el cine posteriormente. Muchos de lo que hoy consideramos como Edad Media es fruto de una mezcla entre el romanticismo del XIX, las novelas históricas de Walter Scott (especialmente Ivanhoe) y películas tan diferentes entre si como la  El Cid, El séptimo sello, El Reino de los Cielos, las sucesivas cintas de Robin Hood, las erótico festivas adaptaciones de Los Cuentos de Canterbury y El Decamerón de Passolini, Braveheart, Destino de caballeroLos caballeros de la Mesa Cuadrada. Un potaje condimentado con un poco de novela histórica de ambientación medieval como El nombre de la rosa o Los pilares de la tierra y unas gotitas, ¿por qué no?, de fantasía medieval como toda la obra de Tolkien (gran parte de ella adaptada al cine) y las siete (a falta de la octava) temporadas de Juego de Tronos. La mayoría de aspectos que aparecen en los libros que he nombrado y en las películas citadas no son propios de la Edad Media. Una vez tengamos claro esa obviedad, aunque a algunos les cueste asumir que no existieron magos a lo Gandalf o Dragones a los que entrenar, debemos irnos al origen. A esos textos verdaderamente medievales, cuyo atractivo ha inspirado todo lo anterior. A escritos como los que hoy tengo el placer de reseñar y que se ha convertido en una joya dentro de mi biblioteca particular. Lais: doce ejemplos de creatividad e inteligencia más allá de los tópicos sobre la Edad Media.  

La historia de como los Lais de María de Francia llegaron para quedarse es bastante sencilla, aunque para contarla mejor hay que hacer un pequeño viaje en el tiempo y trasladarnos al momento en el que me empezó a interesar la historia de la Edad Media. Durante gran parte de mi adolescencia, encontrándome cursando la enseñanza secundaria, me empapé de forma autodidáctica de todo lo que tuviese que ver con dicha época histórica. Supongo que los cuentos que te cuentan de pequeña y esa fantasía medieval que los envuelven fueron los alicientes para que quisiera conocer ese mundo, plagado de caballeros y damas primero, y de otros habitantes y situaciones bastante más alejadas del estereotipo después. Pero sin duda, el momento que de verdad supuso una especie de punto de inflexión fuerte fue cuando me adentré en la lectura de Los pilares de la tierra. Se que muchos me diréis que es el típico best seller que devoras en cuestión de semanas, que su tamaño y volumen disuaden su lectura, que no es tan bueno al fin y al cabo e incluso si hay algún historiador purista en la sala me podría acusar de traidora. Pero la verdad sea dicha, Los pilares de la tierra fue y sigue siendo uno de los libros que más me ha marcado en mi formación como lectora y el que me hizo amar más a la historia. Los best sellers también pueden marcar al lector de forma absoluta, y este libro es un ejemplo de ello. Además, su lectura coincidió en el tiempo con ese traumático segundo de bachillerato tan estresante por un lado, pero que a ratos un soplo de aire fresco entraba por las ventanas en forma de explicaciones de Literatura Universal, Filosofía o Historia del Arte. Y fue en concreto durante las lecciones de esta última asignatura, en especial durante las que concernían a la arquitectura y el arte gótico en general, las que empujaron a leerme Los pilares de la tierra. Fue tal el amor que le cogí a este libro que los meses posteriores comencé de nuevo a buscar información al respecto, incluso sobre la construcción de catedrales. De hecho, para que os hagáis una idea de lo mucho que me había gustado el libro que entre en la carrera de Historia queriendo ser medievalista. Luego, años más tarde, por vueltas que da la vida, acabé saliendo de ella como experta en Historia Contemporánea. En fin, cosas que pasan. Pero el caso es que una de las cosas buenas que me dio Los pilares de la tierra, junto con las clases recibidas en la facultad, fue el hecho de que no perdiese el interés por conocer este periodo tan fascinante. Esto, como no podía ser de otra manera, se tradujo en la lectura de textos de la época como Los cuentos de Canterbury o La ciudad de las damas. Y es durante ese incansable afán por conocer más sobre el periodo cuando los Lais de María de Francia se cruzaron en mi camino. En su momento dudé en si leerlos o no, pues aunque había leído textos medievales, éste era distinto a todo en lo que me había adentrado con anterioridad. Pero en cuanto vi que en Alianza Editorial podía conseguirlos no me lo pensé dos veces. El resultado: todo un acierto y un aliciente para seguir aprendiendo más cosas sobre la Edad Media.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha comenzaremos aclarando una importante cuestión. Al tratarse de un libro de cuentos es posible que me deje muchas cosas en el tintero, pues aunque me gustaría tirarme horas y horas exponiendo los pormenores de cada uno, por experiencia os digo que en estas lides la brevedad, cuanto mayor sea, mejor. Así que dentro de mis posibilidades, intentaré hacerlo lo mejor que pueda. En primer lugar, no podría empezar de otra forma esta reseña sin comentar lo fácil que me ha resultado su lectura. Rápida, sencilla, ágil. Cuando el lector se enfrenta a este tipo de libros tiende a pensar, y con razón, que será un aburrimiento o por lo menos que va a necesitar emplear mucha parte de su tiempo en leer cada uno de sus capítulos. Y es cierto, pues por ejemplo La ciudad de las damas nos se caracteriza precisamente por su lectura voraz ni por su sencillez en el estilo. Por eso sorprende que un libro como Lais, escrito según los expertos en algún momento del periodo que va de 1170 a 1250, sea tan fácil de leer. Probablemente, el hecho de que los cuentos sea uno de los géneros más universales que hay, su extraordinaria brevedad y el que durante los últimos años el lector de a pie se ha habituado a la lectura de estos textos facilitan en gran medida la lectura de estos relatos tan particulares. Pero ojo, los lais no son igual que los cuentos que todos y todas conocemos, al menos culturalmente. Para los que no lo sepáis, los lais son narraciones breves sin intención moralizante ni didáctica, cuya trama gira entorno a una aventura, en otras palabras, al rededor de un héroe que tiene que enfrentarse a una prueba de carácter excepcional. En definitiva, el lector está ante lo que se podría calificar como el germen del relato fantástico y de aventuras. De hecho, en los Lais de María de Francia, aunque ambientados en una atmósfera real (la Bretaña Francesa), están plagados de elementos inventados y que posteriormente serían muy usados en la literatura fantástica. Por citar algún ejemplo, estoy pensando en el caso de lai titulado Lanval, que narra la lucha entre un caballero y una criatura sobrenatural, en Milión, donde un cisne se convierte en el mensajero de las palabras de amor entre dos enamorados o Bisclavert, lai en el que aparece la licantropía, es decir la creencia en la presencia de hombres-lobo. También, y esto si que es importante, en los Lais de María de Francia aparecen las primeras tramas de amor cortés de toda la Edad Media. Por si no lo sabíais, el amor cortés es tal vez la trama y temática más extendida en toda la literatura del periodo, estando especialmente presente en los poemas y en los cuentos. Es más, me atrevería a decir que ésta ha sido el germen de muchas grandes obras de la literatura universal que se escribieron posteriormente. Sin ir más lejos, Romeo y Julieta no deja de ser una actualización teatralizada del amor cortés medieval por ejemplo. También hay que comentar algo muy importante, y es que los Lais no nacieron de la privilegiada imaginación de María de Francia, sino del interés por estas historias orales que la autora ha escuchado, recopilado y reestructurado según su criterio. Así se lo hace saber al rey al que va dedicado este libro, que según los expertos podría tratarse de Enrique II Plantagenet o por el contrario de su hijo Enrique el Joven, en un prologo muy breve y de obligatoria lectura. Por último, y ya para finalizar la redacción de este tercer párrafo, me gustaría desde la distancia de los siglos agradecer a María de Francia el que haya tenido la lucidez de recoger todas estas historias, nacidas en verso y concebidas en un principio para ser cantadas con acompañamiento musical, para destacar el contenido de las mismas. Gracias a ellas el lector podrá adentrarse en una parcela semi desconocida de la historia cultural de la Edad Media en lo que a las letras se refiere y descubrir a una autora tan interesante como misteriosa.


¿Quién es María de Francia? Sí, no es ninguna broma. Va en serio. Os lo estoy preguntando de verdad, pues, según parece a día de hoy no se sabe a ciencia cierta quién fue la autora de los famosos lais que acabamos de reseñar y los expertos por desgracia no han consensuado ningún nombre definitivo. Lo que si que existen son suposiciones, opiniones, discusiones, sospechas de quién pudo ser María de Francia. Varios son los nombres que se han puesto sobre la mesa: la abadesa de Shaftesbury llamada María y medio hermana de Enrique II, la abadesa de Reading también llamada María, la abadesa de Barking María de Boulogne, la hija de Galerán VI Marie de Meulan y esposa de Hugh Talbot, la condesa María de Champagne (hija de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania y mecenas de Chrétien de Troyes) o simplemente algún miembro de la corte real durante el reinado de estos dos reyes (formando parte del círculo más cercano a la culta reina Leonor de Aquitania). Tras esta breve pero exhaustiva exposición de las posibles candidatas he sacado tres conclusiones. La primera, que fuese quien fuese esta claro que tuvo que ser una mujer con un elevado nivel intelectual y dominio de lenguas como el latín y el anglo-normando. La segunda, que esta mujer debió de disfrutar de bastante tiempo para poder dedicarlo al noble oficio de la escritura. La tercera y más importante, que por desgracia a nadie le importa quien fue María de Francia. Sí, no es ninguna barbaridad lo que acabo de decir, es más, si existiese un mínimo de interés, los expertos se habrían afanado en ir en busca de su identidad bajo el pseudónimo y no quedarse en nombres que llevan a los lectores más comprometidos a la confusión. Incluso es probable que actualmente supiéramos al menos más datos de su biografía en el caso de que, por los avatares de las investigaciones históricas, nunca se sepa quien fue en realidad. Pero seamos sinceros y observemos este caso desde la mirada de la historia de género, ¿a nadie se le ha ocurrido pensar que nos encontramos ante un nuevo caso en donde la vara de medir no es la misma si el objeto de investigación es un personaje del sexo femenino? Para corroborarlo no hay más que ir a los innumerables estudios que se han hecho sobre los grandes personajes masculinos de la historia, que en el ámbito estrictamente literario son desbordantes. Pero ya no solo podemos evidenciar el desigual interés en los trabajos académicos, también, por poner un ejemplo, el lector lo puede comprobar a través de las fotografías de la época. Todos conocemos las instantáneas que se tomaron los componentes de la Generación del 27, es más, conocemos a todos y podemos identificarlos en un solo vistazo. Pero ¿y ellas? ¿Dónde estaban? ¿Quiénes eran? ¿Por qué salen tan pocas junto con sus compañeros en estas fotografías? ¿Dónde estaban entonces? Yo os lo diré, escondidas, no por voluntad propia, sino por el machismo de su tiempo y que, por desgracia se ha prolongado hasta nuestros días. Afortunadamente, la obra de muchas de aquellas grandes mujeres está siendo por fin reconocida o viendo la luz en la mayoría de los casos, al igual que sus nombres. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que las mujeres han estado ahí, aunque muchos pretendan ignorarlas, ningunearlas o desprestigiar su trabajo. Y que personalidades como María de Francia merecen ser más promocionadas, y aunque esta bien que se hayan puesto manos a la obra en tratar de averiguar su identidad, el interés por su figura no debe ser frenado y menos por el hecho se ser mujer. Una mujer que, por si fuera poco, escribió sobre el amor cortés mucho antes que otros autores  coetáneos o posteriores a su obra. Algo que debería tenerse en muy en cuenta en los círculos académicos. Lais: doce historias de amor, fantasía, pruebas del destino, valor, leyendas, superstición...Una luz en medio de la oscuridad.

Frases o párrafos favoritos:

"Quien quiere defenderse del vicio debe distanciarse y verse libre de un gran daño. Por esa razón empecé a pensar en escribir alguna buena historia y ponerla de latín en romance; pero me habría sido de poco valor, ¡tantos son los que lo han hecho ya! Y pensé en los lais que había oído. No dudaba, bien sabía, que los primeros que empezaron con ellos los hicieron recuerdo de acontecimientos que habían oído y luego les dieron difusión. He oído contar muchos, que no quiero ni olvidar, los he rimado y puesto en verso ¡a menudo he perdido el sueño con este trabajo!"

Película/Canción: en esta ocasión, y ante una falta de interés por la figura de María de Francia en el ámbito de las ciencias cinematográficas y televisivas, he optado por adjuntar la pieza de música medieval que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 10 de abril de 2018

RESEÑA: Apegos feroces.

APEGOS FEROCES

Título: Apegos feroces.

Autor: Vivian Gornick (el Bronx, Nueva York 1935). Tras estudiar en la universidad, comenzó a escribir en el Village Voice - donde empezó a darle voz al movimiento feminista hasta convertirse en una de las voces más reconocibles de los Estados Unidos en este campo -, y, posteriormente, en medios como The New York Times o The Nation. Es autora de un buen número de ensayos, textos críticos, periodísticos y memorias, siempre desde una clara perspectiva de género, que ha sido su rasgo clave como periodista y escritora.


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Daniel Ramos Sánchez.

Sinopsis: Gornick, una mujer madura, camina junto a su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y de complicidades, va desgranando el relato de lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre, una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Su lectura me ha parecido: honesta, fascinante, ágil, evocadora, sencilla, voraz, reveladora, muy necesaria en los tiempos que corren...Queridas lectoras y queridos lectores, los libros, además de conseguir que el lector viva muchas vidas, también tienen la suya propia, cuyo devenir está condicionado por los contextos históricos y la evolución de la opinión de los lectores. Hay libros que sobreviven al paso del tiempo gracias a la historia que se narra, la cual, por la universalidad de los temas que aborda, se mantiene joven a pesar de tener siglos de antigüedad. Otros se mantienen gracias al estilo que la escritora o el escritor emplea para darle forma. Los hay más bellos, más poéticos, más directos, más impactantes, más perturbadores e incluso con un lenguaje más soez. Sea lo que sea, el como se presenta una historia también marca y condiciona la fama y longevidad de un libro. Por otro lado, muchos textos siguen estando de actualidad en parte por la polémica suscitada en el pasado y que en algunos casos devino en censura. No debemos olvidar los casos de novelas como Madame Bovary de Flaubert, gran parte de la obra del Marqués de Sade, El guardián entre el centeno de Salinger o la Lolita de Nabokov (cuya polémica jamás ha desaparecido y que a día de hoy parece resurgir con fuerza), de poemarios como Las flores del mal de Baudelaire, de obras teatrales como Equus de Shaffer o ensayos como El príncipe de Maquiavelo entre otros. Pero también, los libros pueden aparecer y desaparecer en función del contexto histórico y de las necesidades sociales de la gente. Por ello, en contextos en los que la libertad se pone en duda, la novela de ciencia ficción, pero sobre todo la distópica vive su resurgimiento, haciendo que novelas como 1984 por ejemplo vuelven a colocarse entre los más vendidos. El libro que hoy tengo el placer de reseñar ha vivido una historia de altibajos, pues a pesar de que fue publicado en 1987, no nos ha llegado a España traducido y perfectamente editado hasta el año pasado, año en el que el feminismo ha experimentado un nuevo resurgimiento y una nueva evolución. Un texto que el año pasado, en España, fue considerado el mejor del año pasado en lengua extranjera. ¿Cómo no íbamos a dejar pasar la oportunidad de reseñarlo y celebrar su segunda y fructífera vida? Apegos feroces: una madre, una hija y las invisibles consecuencias del sistema patriarcal.


La historia de como esta maravilla escrita por Vivian Gornick llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para que ésta resulte más completa, es mejor empezar por el principio, por el verdadero principio del asunto. Creo que toda mujer, aunque desgraciadamente hay muchas que no quieren ni oír hablar de ello o se niegan a hacerlo directamente, recuerda a la perfección el momento en el que la conciencia feminista empieza a florecer en su interior. Es probable que éste surgiese, como en la mayoría de los casos, de la forma más espontanea y encuadrado en la rutina diaria. Puede surgir durante una conversación, una discusión, un paseo tranquilo por la calle, en el colegio, en el instituto, en la universidad, en la soledad de tu cuarto o de una explosión producto de llevar mucho tiempo tragando quina. En mi caso, fue una mezcla de muchas cosas, entre ellas como consecuencia de permanecer demasiado tiempo en silencio, aguantando, aguantando, hasta que finalmente no puedes más. Ese día, me planté ante mi padre y dije "nunca más", "no voy a callarme", "por mucho que me digas que lo haga, por mucho que me lo ordenes, no puedes impedir que hable y que de mi opinión." A partir de ahí, ante todas esas veces que me han mandado cerrar la boca, siempre he respondido con rotundidad, con seguridad, consciente de que, independientemente si estaba en lo cierto o me equivocaba, podía expresarme con total libertad. Tras ello vinieron las lecturas, primero a través de novelas, para luego pasar a ensayos más especializados pero completamente asequibles al lector más común, como La mística de la feminidad de Betty Friedan. Puede que no sea perfecto, de hecho no lo es y desde que me lo leí no he dejado de encontrar aspectos con los que no estoy de acuerdo, como su elitismo o la ausencia de un tratamiento a casos como el de las mujeres afroamericanas o las mujeres de clases más bajas, pero de alguna manera fue el que me empujó a leer más sobre el tema, a informarme y a desarrollar esa conciencia feminista durante mis años universitarios. Pasó el tiempo, los meses, las tardes soleadas y el interés por el feminismo pareció ir en aumento hasta llegar a los años 2017-2018, años en los que éste se tradujo en conciencia social, visivilización, sororidad, contestación y reivindicación. Materializándose en actos y movimientos como el "Me Too", el "Time´s Up!" y en las históricas manifestaciones del 8 de marzo de 2018 en las que muchas mujeres, entre ellas una servidora, participamos con gran emoción.  Pero también, seguramente a rebufo del movimiento feminista, las editoriales se han puesto manos a la obra y han desempolvado o traducido títulos escritos por mujeres de los que nunca habíamos oído hablar. Uno de ellos, el que tengo entre mis manos de nuevo, Apegos feroces. Un libro que, aunque tenía muchas ganas de leerlo, por circunstancias inesperadas de la vida tardé en pedirlo a Sexto Piso, no dudé en devorar una vez estuvo en mi poder. Obteniendo como resultado una lectura de esas que marca y te hace reflexionar largo y tendido.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Apegos feroces presenta una lectura tremendamente ágil y de una sencillez pasmosa. Las páginas se sucedían una tras otra entre mis manos, al igual que mis ojos, de un lado al otro del papel, sin perder detalle. El día que por fin inicié su lectura, las primeras 40 páginas las de la novela se me pasaron literalmente volando. De hecho, y gracias a la maravillosa comunidad de lectores que hay en internet, comprobé que no era la única a la que le había sucedido lo mismo. Llegados a ese punto cuestioné por unos instantes la calidad literaria de Apegos feroces, pero mis prejuicios se tornaron en alabanzas a medida que iba dejando capítulos atrás, hasta llegar casi extasiada al final a los pocos días de haberme adentrado en sus páginas. Hacía tiempo que una autora no me hacía disfrutar tanto de una novela. Había conseguido que reflexionase, que me enamorase de sus personajes, de los paseos que se dan a lo largo de la novela, pero sobre todo, lo había logrado desde la honestidad más absoluta. Odio los libros pretenciosos, es una de las cosas que más rabia me da y por desgracia, ocurre cada vez más a menudo. Sinceridad, verdad, cercanía. Todo eso se respiraba en cada página, en cada párrafo. Gornick parece envolver al lector en su historia, de una forma decidida pero delicada al mismo tiempo, sin obligar a nadie. Eso si, una vez te metes de lleno en la trama, resulta imposible desengancharte de ella. Pero si por algo Apegos feroces cautiva hasta decir basta es gracias al amor y cariño con el que la autora ha construido cada uno de sus personajes, en especial el de esas dos mujeres. De esa madre y de esa hija con esa relación de amor-odio tan auténtica, real, desquiciada, divertida a ratos y terriblemente sincera durante la mayor parte del tiempo. Mentiría si dijera que ésta relación madre-hija no es de las mejores que he presenciado, literariamente hablando, desde que me inicié en el apasionante mundo de los libros y la lectura. Por un lado, nos encontramos a Vivian, de 48 años, de formación universitaria, intelectual y con una mentalidad muy abierta. Y por el otro, la madre, 80 años, de fuerte carácter, irónica, sarcástica, bastante neurótica y durante años dedicada en cuerpo y alma al cuidado de la casa, los hijos y su marido. Ambos universos transcurren paralelamente y parecen fusionarse durante los memorables paseos que tienen lugar a lo largo de la novela, provocando auténticos big bangs en los que el choque generacional se hace evidente y en los que el rencor, los recuerdos y los asuntos pendientes protagonizan cada paso. Y por si fuera poco, el recuerdo de Nettie, la atractiva madre soltera que tenía la madre por vecina, tensa todavía más las conversaciones entre madre e hija. Es ahí, en medio de esta vorágine de conversaciones, donde el lector encuentra un poso muy profundo de reflexión y de comprensión, de entender que Apegos feroces no es un libro de humor, aunque en ocasiones te puedas partir la caja con las ocurrencias de la madre, sino de poderosos mensajes que obligan al lector a detenerse y pensar en el contenido de lo que acabas de leer para después trasladarlo a nuestro día a día. Por último, antes de pasar al cuarto y último párrafo, destacar el evidente carácter autobiográfico de la novela. Es obvio que el detalle de llamar a la hija Vivian lo evidencia, al igual que el retrato que la escritora ofrece de su infancia, adolescencia y madurez. La pregunta, en ese caso, sería si su madre, esa inolvidable madre, está de acuerdo con el retrato que su hija ha hecho de ella. La respuesta podría ser muy interesante y cargada de ironía.


Hemos comentado la capacidad reflexiva que encierran las páginas de Apegos feroces, algo que como lectora de este libro, no puedo dejar escapar. Y menos si el grueso del debate tiene mucho que ver con algunos de los grandes temas que han preocupado al movimiento feminista a lo largo de su extensa historia. En Apegos feroces se habla del salto generacional entre mujeres, el cual en ocasiones parece un abismo. Se evidencian los diferentes modelos de mujer imperantes en ese contexto, los años 80 del pasado siglo, pero que si lo pensamos aún siguen estando muy presentes en los tiempos que corren. Se ahonda en el intrincado y complejo proceso que supone la maternidad, desde la que se ejerce desde el plano más tradicional hasta la que se lleva a cabo desde una perspectiva menos convencional, y por tanto, más criticada por la sociedad. Se profundiza, como no, en las relaciones madre-hija, y en como éstas constituyen en si un microcosmos particular lleno de particularismos que no suele trascender al ámbito de lo público, quedándose relegado al ámbito estrictamente privado. Se critican ferozmente los modelos tradicionales de maternidad, a la vez que se aprecian ciertos aspectos satisfactorios del mismo. Se ensalza la mujer moderna, emprendedora y dispuesta a comerse el mundo, al mismo tiempo que se extraen las desventajas que conlleva significarse socialmente de esta manera. Se describen los diferentes espacios de sociabilidad femenina, al igual que la dialéctica y el lenguaje de estas, tan rico como pragmático a partes iguales. Se aprecian, además de forma explícita, el daño que durante siglos ha hecho la idea abstracta del amor romántico, pudriendo a generaciones enteras de mujeres, condenándolas a esperar al príncipe azul para luego convertirse en sus esclavas domésticas. Se desobstruyen los roles de género de una manera impactante, tan impactante que cuesta creer que la autora lo haya logrado simplificar tan bien en tan pocas páginas. Se desmitifica y se describe al mismo tiempo la cultura del cuidado asociado a la que es madre y esposa antes que mujer.  Se da lugar la que es sin duda la mayor paradoja de todas: la de la hija que no quiere convertirse en un clon de su madre, pero que al final, por culpa de la inseguridad y los miedos acaba convirtiéndose en ella. Como habéis podido comprobar, Apegos feroces es un conglomerado de temas en clave feminista tan importantes que era imposible decantarse por uno en concreto para que protagonizase la tradicional reflexión. Eso si, la moraleja de esta novela, la enseñanza clave, lo que Apegos feroces parece clamar es que si la cultura patriarcal sigue dominando nuestras vidas, poco se podrá avanzar. Por ello, desde este humilde espacio pido, exijo y deseo que este resurgir del feminismo que se ha producido en los últimos años no se convierta en una moda pasajera. Que persista, que luche, que visibilice, en definitiva, que de caña para poder cambiar las tornas. Para poder invertir de una vez por todas la balanza y equilibrarla hasta conseguir la igualdad, el reconocimiento y el respeto que tantas veces, como mujeres, se nos ha negado. Apegos feroces: una historia de experiencias, diferencia generacional, feminismo, arrepentimiento, ironía, sarcasmo, recuerdos, reproches...Una novela que toda mujer y todo hombre debería tener en su biblioteca.

Frases o párrafos favoritos:

"La relación con mi madre no es buena, y a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante: durante años surge por temporadas un agotamiento, una especie de debilitamiento, entre nosotras. Después, la ira brota de nuevo, ardiente y clara, erótica en su habilidad para llamar la atención."

Película/Canción: ante la falta de noticias sobre una posible adaptación televisiva o cinematográfica os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. A piano es sencillamente más emocionante.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Sexto Piso

jueves, 5 de abril de 2018

RESEÑA: Basada en hechos reales.

BASADA EN HECHOS REALES

Título: Basada en hechos reales.

Autor: Delphine de Vigan (Boulonge-Billancourt, Francia 1966) es una galardonada escritora francesa. De Vigan escribió sus primeras cuatro novelas por las noches, mientras de día trabajaba en una empresa de opinión pública en Alfortville. Su primer libro publicado, Días sin hambre, que fue publicado bajo pseudónimo narra su experiencia con la anorexia. Su primer gran éxito le llegó gracias a No y yo, merecedora del Premio Rotary International en 2009 así como el prestigioso Prix des libraires. La novela fue traducida a más de 20 idiomas y en el 2010 se estrenó la adaptación cinematográfica dirigida por Zabou Breitman. En el 2011 su novela Nada se opone a la noche, en donde se narra la historia de su familia haciendo frente al desorden bipolar que padece su madre, la consagró definitivamente siendo merecedora de los Prix du roman Fnac o el Prix Roman France Télévisións. Su última novela, Basada en hechos reales, se ha convertido en un éxito de crítica y público, logrando, entre otros, el Premio Goncourt de los Estudiantes.

Editorial: Anagrama.

Idioma: francés.

Traductor: Javier Albiñana.

Sinopsis: Delphine es una autora que ha pasado del éxito apabullante que la puso bajo todos los focos al vértigo íntimo de una página en blanco. Y es entonces cuando se cruza en su camino L., una mujer sofisticada y seductora, que trabaja como negra literaria redactando memorias de famosos. Comparten gustos e intiman. L. insiste a su nueva amiga que debe abandonar el proyecto novelesco sobre la telerrealidad que tiene entre manos y volver a utilizar su propia vida como material literario. Y mientras Delphine recibe unas amenazantes cartas anónimas que la acusan de haberse aprovechado de las historias de su familia para triunfar como escritora, L., con sus crecientes intromisiones, se va adueñando de su vida hasta bordear la vampirización.

Su lectura me ha parecido: seductora, oscura, íntima, trepidante, agobiante en ocasiones, perturbadora, arriesgada, original, valiente....La página en blanco. Ese y no otro es el gran temor de todo escritor/a que se precie. El momento que ninguno quiere experimentar pero que, irremediablemente, sufrimos más de lo que muchos piensan. El trabajo del escritor es gratificante, apasionante, cuya recompensa, si la suerte acompaña, puede ser de abrumadoras proporciones. Pero en el momento en el que se sienta, frente al papel o la pantalla del ordenador, y no se le ocurre nada, ni un inicio, ni un diálogo, ni un título, ni un tema, ni una frase que suponga el arranque del escrito; entonces, la desgracia parece caer sobre sus hombros. Todo se vuelve negro, feo, apocalíptico en el peor de los casos. Es entonces cuando la obsesión se apodera de la mente del escritor, como un peligroso virus, afectando a cada parte de su cuerpo, dejándole poco a poco sin defensas al mismo tiempo que obliga a éste a buscar una idea donde no la hay, incluso debajo de las piedras, donde en realidad no hay más que nada, absolutamente nada. A medida que pasan los meses la obsesión muta en paranoia, que a su vez se transforma en algo parecido a una corrosiva enfermedad que impide la concentración e ignora a la cordura. Sin llegar a ese extremo, pues de ser así estaríamos ante un relato de Poe, Lovecraft o ante el principio de un psicópata, es lo que le sucede a la protagonista de el libro que hoy tengo el placer de reseñar. Un thriller psicológico que no deja indiferente a nadie y que renueva dos de los subgéneros más explotados. Basada en hechos reales: ¿realidad o ficción? ¿Una relación tóxica o el acoso por parte de una criatura sobrenatural?


La historia de como este libro llegó a mis manos es bien sencilla. Sin embargo, hay que comenzar por el verdadero principio, que en este caso fue la combinación de dos acontecimientos relacionados con esta novela. El primero de ellos, como de costumbre, tiene que ver con la primera vez que tuve noticias de Basada en hechos reales. No fue a través de prensa o tras leer alguna reseña en blogs que sigo desde hace mucho tiempo, fue más bien durante una de mis habituales visitas a una de las librerías más importantes de mi ciudad. Ahí estaba, en primera fila, para que todo el que pasase por delante de ese estante lo viese con facilidad. Al principio no fue un amor a primera vista, pues su portada me pareció de lo más extraña. Pero en cuanto me adentré de lleno en su sinopsis, ésta me atrapó por completo. Me sedujo de alguna manera. Hacía tiempo que como lectora no experimentaba una sensación de este tipo, y como no, tendí a ser durante unos meses ligeramente escéptica con el libro a pesar de que el resumen de la contraportada me había parecido de lo más interesante. Es entonces cuando, por casualidades de la vida, un programa de televisión te acaba de convencer para que le des una oportunidad a ese libro que tanto deseas leer pero que por alguna extraña razón te resistes a ello. De este modo, una entrega de mi adorado Página Dos, en la que incluía una entrevista a su autora, Delphine de Vigan, se convirtió en el segundo acontecimiento que acabó por ahondar en esa curiosidad ya despertada con anterioridad. Durante los meses siguientes no pude evitar, sobre todo tras ver el programa, adorarlo en la distancia. Esperando paciente a que llegase el día de poder tenerlo entre mis manos y sumergirme en una historia cuya premisa no tenía desperdicio. La cosa siguió así hasta las navidades del 2017, cuando mis padres, en un atisbo de genialidad, me regalaron Basada en hechos reales, junto con otra excepcional novela, Tea Rooms. Mujeres obreras de Luisa Carnés. No puedo rememorar exactamente lo que sentí al romper el papel de regalo y verlo ante mi, aunque supongo que la alegría se apoderaría de todas las facciones de mi cara. En cuanto me fue posible me puse en serio con su trepidante y oscura lectura. Unos meses más tarde, durante una sesión del club de lectura al que asisto desde hace un tiempo, comentamos lo que nos había parecido la lectura de Basada en hechos reales. ¿El resultado? Que un buen libro, si lo es de verdad, puede tener muchas caras.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos por retomar dos de los adjetivos que he mencionado en el anterior párrafo: trepidante y oscura. El primero de ellos define a la perfección la sensación que el lector tiene a medida que va avanzando en la lectura de Basada en hechos reales. Sin dejar un cabo suelto y con un lenguaje que oscila entre lo elegante y lo sencillo, ausente de barroquismos, De Vigan se mueve como pez en el agua, llevando al lector por un camino tan tortuoso como atrayente, le hace pasar por todas esas sensaciones que en ocasiones parecen traspasar el papel, hasta llegar a un final tan esperado como imprevisible al mismo tiempo. En definitiva, una narración que con muy pocos recursos consigue enganchar desde la primera página. El segundo de ellos, la oscuridad, se palpa en cada párrafo, en cada línea en cada capítulo de este libro. A nadie que haya leído Basada en hechos reales se le escapa que De Vigan ha tirado de muchos referentes para darle más personalidad al libro. Uno de ellos, el más importante, el mito del vampiro, el cual irrumpe de una forma poco convencional en la novela. Dejando un poco de lado este aspecto, pues si ahondara en él me quedaría sin reflexión para el cuarto y último párrafo, lo cierto es que en Basada en hechos reales no hay prácticamente luz y que la trama se mueve en unos graves profundos muy constantes pero con diferentes modulaciones, que afectan en mayor o menor medida la fibra sensible del lector. Pero, ¿qué une a lo trepidante con lo oscuro? El morbo. Así de simple. El morbo que nace en el interior de cada lector gracias a una primera persona muy bien construida y a las sospechas de que la propia De Vigan ha utilizado su propia biografía no sólo para escribir la novela, también para incluirse como protagonista de la misma. Esto, junto con lo mencionado anteriormente, despiertan ese morbo que todos llevamos dentro y que pone en marcha la maquinaria del libro y del simple acto de leerlo. Una conjunción de factores sobresalientes al que, para acabar de redondear una trama ya de por si llamativa, se le une la grandiosidad del escalofriante personaje de L., el antagonista de esta historia, cuya introspección es absolutamente brillante. De hecho, si me tuviera que quedar con uno de los dos personajes de Basada en hechos reales, sin duda me decantaría por L., aunque corra el riesgo de quedar atrapada en sus redes. Mención a parte, además del género vampírico, merece esa revisión que D Vigan hace de la Autoficción. En los tiempos que corren ya no resulta extraño toparse con secciones en librerías dedicadas a este género tan antiguo como actual. Sin embargo, la autora consigue ir un paso más allá al encontrar un equilibrio entre lo novelesco y lo verídico bastante original y jugando con los extremos. Si en lo novelesco nos topamos con una tradición que roza lo fantástico y el género de terror, en lo biográfico nos damos de bruces con datos biográficos completamente ciertos. Si algo demuestra Basada en hechos reales es que los extremos pueden tocarse, y en literatura no iba a ser menos, obteniendo la receta del éxito, ya no editorial, también el de la crítica más exigente y especializada. Para finalizar este tercer párrafo, no puedo olvidarme del final de este libro, al cual podríamos dedicar perfectamente un capítulo entero para analizarlo en profundidad, pues la verdad es que lo merece. Sin embargo, como no soy muy dada a hacer spoilers, sólo os diré que el de Basada en hechos reales en un final en el que tienen cabida muchos adjetivos que se enfrentan entre si. Clásico y moderno, previsible y sorprendente al mismo tiempo o completo e incompleto a la vez. En ese sentido es mejor que vosotros, lectoras y lectores empedernidos, cuando lo leáis os construyáis vuestra propia opinión. En lo que respecta a una servidora, todavía le sigo dando vueltas al asunto.


Si buscamos en el diccionario de la Real Academia de la lengua Española (RAE) la definición de la palabra "tóxico" veremos como nos aparecen dos acepciones. La primera de ellas, cito textualmente, tiene que ver con el hecho de que "contiene veneno o produce envenenamiento". Y la segunda de ellas, en relación con la primera, define tóxico como "perteneciente o relativo a la sustancia". Ambas acepciones recogidas y redactadas son del todo ciertas, pero, ¿no creéis que falta algo? También llamamos tóxica, en femenino, a las relaciones o a las personas ¿y es que quién no ha conocido o ha tenido en su círculo más cercano a una persona a la que se le puede definir en esos términos? Es muy difícil detectarlas, tan difícil como los propios mecanismos intrincados de lo que conocemos universalmente como amistad, por lo que es bastante fácil que estos sujetos se cuelen en nuestra vida de la forma más simple posible. Una vez dentro, tratan de adueñarse poco a poco de la conversación para convertirse en el centro de atención. No lo hacen descaradamente, no son tan ingenuos como para que los cacen durante la primera impresión, si no que van poco a poco, a medida que se suceden los días, los meses incluso, esperando pacientemente a que llegue su momento, el momento de posicionarse justo en medio del grupo. ¿Su motivación? Que alguno de los presentes acabe rendido ante sus dotes y su interesante discurso. Una persuasión que acaba conduciendo irremediablemente a la dependencia, en ocasiones absoluta, de la presa respecto a su captor. Personas tóxicas hay de muchas clases, más confiados, menos inocentes, más retorcidos, más simples, más o menos violentos incluso. Y si podemos contar un número indeterminado de personas que se definen tóxicas, también podemos recopilar una serie de situaciones cuya toxicidad se respira, se sufre, se siente. Un ejemplo muy común, por desgracia, son las relaciones de pareja en las que existe violencia de género, siendo el maltratador el virus que infecta, el que aísla  y el que acaba por destruir a la mujer tanto físicamente como psicológicamente. Pero también, en Basada en hechos reales podemos encontrar un segundo tipo de persona tóxica, la de ese supuesto amigo/a del alma que manipula, que se hace dueño y señor de todas las conversaciones, que se cree con el derecho de ordenarte lo que tienes que hacer con tu vida, que no tiene escrúpulos a la hora de captar tu atención, que hace lo posible para alejarte del resto de tus amistades y familia incluso, que te chupa la sangre hasta dejarte sin personalidad y vida propia...Si Bram Stocker leyese Basada en hechos reales, probablemente la aplaudiría y cogería ideas para la continuación de Drácula. Y si Sheridan Le Fanu estuviese vivo hubiese hecho lo mismo, incluso podría haberle dado una vuelta de tuerca. Pero más allá de lo que podamos imaginar, esta novela no sólo pone en duda los límites entre lo verdadero y falso o entre lo real y lo fantástico, también hurga en la herida, en nuestra debilidad como seres humanos, que en ocasiones, sin quererlo, nos dejamos arrastrar por personas de carne y hueso cuyo interior recuerda a la mejor versión de Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu. Todos nos creemos fuertes ante la adversidad, pero en cuanto dejamos de serlo, corremos el mayor de los peligros, el de perder nuestra personalidad y nuestra independencia. Basada en hechos reales: una historia de creación literaria, secretos, manipulación, terror, aislamiento, chantaje...La cura perfecta para el síndrome de la página en blanco.

Frases o párrafos favoritos:

"- Verás, la ficción, la autoficción, la autobiografía, no representan para mí una idea fija, una reivindicación, ni siquiera una intención. Son un resultado. En realidad creo que no percibo las fronteras de manera muy clara. Mis libros de ficción son tan personales, tan íntimos como los otros. A veces es necesario disfrazar para explorar un tema. Lo importante es la autenticidad del texto, quiero decir su necesidad, su ausencia de cálculo."

Película/Canción: el 25 de mayo se estrena en los cines españoles la primera adaptación de la novela de la mano de Roman Polanski, con las interpretaciones de Emmanuelle Seigner y Eva Green y con el aval de la crítica.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 27 de marzo de 2018

RESEÑA: La cámara verde.

LA CÁMARA VERDE

Título: La cámara verde.

Autor: Martine Desjardins (Montreal, Canadá, 1957). Segunda hija de una familia de seis hermanos, estudió italiano y ruso, además de Literatura Comparada. En 1997 dio el salto a la fama tras la publicación de su primera novela, Le Circle de Clara, que fue un éxito inmediato de crítica y público. Ha trabajado en varias revistas, entre ellas Elle Quebec. En 2005 obtuvo el Premio Ringuet de la Academia de las Letras de Quebec por L´evocation. Su novela Maleficium (2009) le granjeó el Premio Jacques-Brossard de Ciencia Ficción y Narrativa Fantástica. Y ha vuelto a recibir dicho galardón en 2017 gracias a La cámara verde, su quinta novela, considerada su mejor obra hasta el momento.


Editorial: Impedimenta.

Idioma: francés.

Traductor: Luisa Lucuix Venegas.

Sinopsis: todas las casas tienen sus pequeños secretos, pero algunas los protegen con más ahínco que otras. Durante años, los engaños y vilezas de la familia Delorme han sido celosamente custodiados por las robustas paredes de su hogar, una mansión gótica situada en Mont-Royal, a las afueras de Montreal. Tras sus sesenta y siete cerraduras, el edificio ha ocultado las historias más perturbadoras de sus habitantes. Sin embargo, todas ellas saldrán a la luz con la irrupción de la intrigante y hermosa Penny Sterling. Con su llegada se desvelarán los pecados de los Delorme, incluyendo los cometidos en la habitación abovedada conocida como "la cámara verde", donde se esconde el espeluznante cuerpo de una mujer momificada que sujeta entre los dientes un ladrillo con una moneda de plata.

Su lectura me ha parecido: divertida, retorcida, afilada, gótica, inteligente, original, sobrenatural, extravagante, delirante hasta decir basta...Se que lo he contado muchas veces en otras reseñas, pero, hoy me apetece volver a rememorar un episodio que viví durante mi último viaje al extranjero. Durante mi último día de estancia en Londres, ciudad a la que había viajado para visitar a mi hermano, y encontrándome aquella mañana completamente libre, no me lo pensé dos veces y decidí dedicar parte de esta última jornada a visitar Richmond. Iba sola, sin compañía de nadie y no pude, en aquellos momentos, sentirme mejor. Para los que no sepáis donde está, Richmond es un barrio a las afueras de Londres ubicado en lo que allí se conoce como "El Gran Londres", formado por varios núcleos de población y en donde, antiguamente y en la actualidad, la gente más adinerada levanta autenticas mansiones para escapar de el ajetreo y la contaminación de la gran ciudad. Un idílico lugar en el que, a poco que te alejes del núcleo urbano, te adentras en el bosque o te topas con extensas praderas en donde las vacas pastan a sus anchas. Aquella mañana, como no podía ser de otra forma, quise descubrir todo aquello. Bordeando el Támesis, cruzando un puente construido en tiempos de la Revolución Industrial, pasando cerca de un antiguo coto de caza usado por las dinastías Tudor y Estuardo, recorriendo el embarcadero de Richmond, deteniéndome frente a un monumento a los caídos en las dos grandes guerras, continuando por un camino más arenoso, parándome en todos los paneles informativos que me encontraba a mi paso. Fue así como, por sorpresa, llegué a Ham House. Una mansión de estilo eduardiano se alzaba ante mi imponente, majestuosa y con un cierto halo de misterio. Se que me repito mucho, pero, aquello fue lo más próximo que he estado de las historias sobre casas encantadas, mansiones de inspiración gótica que ocultan secretos, fantasmas redentores, mayordomos siniestros, impenetrables amas de llaves...En definitiva, todo ese universo literario que tan bien se les ha dado a los ingleses desde el siglo XIX. Aquella experiencia, ha vuelto a mi memoria a medida que iba leyendo el libro que hoy tengo el placer de reseñar. Una novela que, aunque Canadiense, su autora parece haberse empollado a fondo toda esa tradición literaria, obteniendo como resultado una novela tan inquietante como tronchante. Ham House ha resucitado en mis recuerdos gracias a La cámara verde: la divertida e ingeniosa caída de la Casa Delorme.


La historia de como La cámara verde llegó a mis manos fue fruto de la casualidad. Jamás había oído hablar de este libro, y mucho menos de su autora, la canadiense Martine Desjardins. Sin embargo, la explicación a esta pregunta, al por qué de mi repentino interés por esta novela en concreto, debemos buscarlo en un momento para mi crucial en mi vida como escritora y lectora. En la tarde en la que leímos en voz alta El corazón delator de Edgar Allan Poe. Fue durante una de las clases del breve curso de Escritura Creativa al que asistí el año pasado, el día en el que la profesora nos explicó los pormenores y las características del terror en la literatura. Aquel relato me cautivó en el acto. Me estremeció de tal forma que durante los días sucesivos no podía sacármelo de la cabeza. Dicho recuerdo acabó no sólo influyendo en mi forma de escribir y en la percepción que hasta entonces tenía del género de terror, también me empujó a atreverme con lecturas muy similares. Antes de El corazón delator jamás se me hubiese pasado por la cabeza adentrarme en libros de terror, incluso desear leer a Lovecraft, autor que se sitúa en las antípodas de lo que hasta ese momento había leído. Pero, además de El corazón delator, años antes había sucumbido a la maravillosa complejidad de Frankesntein, y como no, al Otra vuelta de tuerca de Henry James. Éste último fue el que de alguna manera hizo que me familiarizase con las viejas mansiones, con las inocentes institutrices, con los niños siniestros, con los fenómenos paranormales y con los secretos inconfesables. Con este cóctel de lecturas era imposible que una servidora no cayese prendada del terror, en especial el gótico, cuyas reminiscencias al pasado medieval y sus interesantes particularidades provenientes de la época victoriana a día de hoy me siguen fascinando. De este modo, y envistas a los antecedentes, llegamos al presente, un presente en el que, en el terreno editorial, están empezando a aparecer publicadas novelas con marcado estilo gótico o que de alguna forma, desde la actualidad, pretenden acercarse o imitar la forma de escribir de los autores de ese lejano tiempo. Así fue como me adentré en La serpiente de Essex de Sarah Perry y en La cámara verde, siendo esta última la que ha acabado por imponerse.


En lo que respecta la reseña propiamente dicha comenzaremos diciendo que La cámara verde presenta una lectura tremendamente amena, tan amena que las páginas se deslizan velozmente entre los dedos de quienes se adentran en ella. La primera impresión que tuve, justo antes comenzar su lectura, fue la típica. Estaba segura de que me iba a gustar pero, probablemente, acabaría pareciéndome una novela más dentro de esta "moda" de la literatura gótica que en los últimos meses parece haberse instaurado con fuerza en el sector editorial. Sin embargo, nada más abrir el libro por la primera página, el lector más escéptico comprueba que La cámara verde no es una novela gótica más con los típicos recursos del género. ¿Hay una mansión? Sí ¿estamos ante la historia de una saga familiar? Si, la de los Delorme ¿Aparecen elementos sobrenaturales a lo largo de la novela? Unos cuantos ¿Hay misterio? A rabiar. Pero todo estos clichés tan clásicos como trillados, y en La cámara verde estereotipados hasta el extremo, aparecen en escena de una manera un tanto peculiar, una entrada triunfal basada en un cuidado y estudiado equilibrio entre lo que el lector ya conoce de la literatura gótica y un humor tremendamente afilado y de inspiración británica. Por decirlo de otra manera, La cámara verde sería un cruce entre La caída de la casa Usher y las clásicas comedias negras británicas. La referencia al famoso relato de Poe esta clara en cuanto el lector descubre quién es la narradora en La cámara verde, que no es otra que la propia casa. A diferencia de lo que se narra en La caída de la casa Usher, Desjardins nos presenta una mansión cansada de la actitud de sus huéspedes, de una saga familiar con una obsesión enfermiza por el ahorro (para ellos el no gastar es una victoria), que no gasta un duro en el mantenimiento de sus aposentos, que maltrata los muebles y que para más desconcierto veneran a un curioso dios en la estancia que da nombre a la novela (una mujer momificada que entre sus dientes sostiene un ladrillo con una moneda de plata). ¿Es o no para echarse a temblar? ¿Qué mansión en su sano juicio alojaría a dichos especímenes bajo su tejado? Menos mal que esta casa puede intentar cambiar su destino, cual persona de carne y hueso, porque ante todo, la Casa Delorme desea que ese dinero que tanto ahorran se lo gasten en ella. No le gustan sus viejas cortinas, le avergüenzan sus usadas alfombras , el bochornoso estado de sus paredes, la gruesa capa de polvo que cubre sus muebles...¿Cómo lo conseguirá? La respuesta la encontraréis en sus páginas. La influencia del mejor humor negro británico, por otro lado, reside en el lenguaje, en un estilo muy cuidado. Es tal el dominio que Desjardins demuestra que puede permitirse la licencia de lanzar afilados cuchillos en forma de pullas literarias. Nadie en esa casa se salva de la mala leche de la casa, ni siquiera las hermanas Mórula, Gástrula, Blástula, contra las que lanza los comentarios más memorables de toda la novela. Por no hablar del patriarca, Louis Dollard-Dellorme (a quien la casa lo apoda como "su venerable fundador") quién desde niño tiene una obsesión por los bancos de madera, algo que se traduce en la forma final de la casa, que como no, tiene forma de banco. En definitiva, un controlado y deslenguado humor típicamente british dentro de una lógica narrativa de corte fantástico. Como apunte final a esta crítica literaria, comentar la tremenda reflexión que Desjardins se marca en esta novela en torno a uno de los temas más universales: la codicia. Una codicia que llega a ser enfermiza y que evoluciona a medida que nos vamos acercando al final en compañía de la primera, segunda y tercera generación de los Delorme.


Centrándonos en la reflexión estrictamente personal, esta vez nos vamos poner imaginativos. Como hemos explicado a lo largo de la reseña, La cámara verde es la historia de auge y caída de la familia Delorme durante tres generaciones comprendidas entre 1913 y 1963 narrada por su propio hogar, la casa bajo la cual se desarrolla toda la novela. Pues bien ¿y si por un momento creemos de verdad a Martine Desjardins? ¿Y si es cierto, y si las casas tuviesen alma propia y sintiesen de la misma forma que un ser humano? Si eso fuera verdad, haría mucho tiempo que éstas nos hubiesen echado a patadas de su interior. No somos conscientes, en parte porque en la sociedad en la que vivimos, tan poco dada a planteamientos e hipótesis que se salgan de lo estrictamente real, pero imaginemos por un momento que la casa, el piso, el edificio en el que vivimos tuviese la capacidad, como en La cámara verde, de cambiar su propio destino tener por seguro que lo haría sin rechistar. Ni os imagináis lo que sufriría, y todo por culpa sola y exclusivamente de quienes acoge en su seno. Cada portazo sería equivalente a una patada en las piernas, cada grito por parte de los inquilinos se transformaría en un insoportable dolor de oídos, cada puñetazo contra la pared sería una sonora bofetada en la cara, cada paso o carrera por el suelo acabaría convirtiéndose en un dolor de espalda, de esos de los que cuesta recuperarte. Cada mancha, un disgusto. Cada mota de polvo, una alergia. Cada cortina vieja, una humillación. Cada objeto caído contra el suelo, un pellizco. Cada cristal roto, una puñalada. Las casas, como se suele decir, reflejan el carácter de sus habitantes, pero no sólo eso, también su posición económica, su ideología política o su concepto de supervivencia. Las casas, en definitiva, no dejan de ser un reflejo de nosotros mismos, metáfora de nuestro paso por la tierra, metáfora de lo que hacemos bien, pero también, de nuestros propios errores. En la casa, tal y como se le concibe, también se viven momentos de alegría, como cumpleaños, improvisadas cenas de celebración, risas interminables e incluso la posibilidad de que en su seno nazca algo importante, tan importante como por ejemplo un cuadro, un libro o una pieza musical. Incluso la casa puede hacer cosas importantes por nosotros, ¿no es ella acaso la que resguarda nuestra desnudez ante el resto del mundo? ¿No es ella la que escucha cada una de nuestras confesiones en voz alta? ¿La que nos reconforta cuando necesitamos soledad? ¿La que, al mirarnos al espejo, nos devuelve un reflejo sincero de nosotros mismos? ¿La que nos dice, de una vez por todas, la verdad a la cara? ¿La que nos empuja a mejorar día a día? Sin embargo, al mismo tiempo, puede hacernos sufrir la soledad, el aislamiento, la impotencia, el cansancio, la desazón, el estrés, el aburrimiento...Además de alertarnos sobre el peligro del dinero, La cámara verde es también una oda a nuestra propia condición humana, y de como nuestra innato egoísmo nos impide ver el daño que estamos causando inconscientemente, incluso al lugar que consideramos hogar, metáfora de la vida misma y de las consecuencias de las decisiones que vamos tomando a lo largo de nuestra existencia. La cámara verde: una historia de tacañería, misterio, extravagantes cultos, injusticia, despreocupación, fortuna, miseria...La extrema avaricia contada desde la mejor versión del gótico humorístico.

Frases o párrafos favoritos:

"Por mucho que aflojo las válvulas o abro por completo la trampilla de mi chimenea, enrojezco hasta las cornisas. Si la tierra pudiese abrirse bajo mis cimientos, con gusto dejaría que me tragase. Desgraciadamente, el suelo de arcilla en el que he sido plantada tiene la estabilidad del patrón oro, y mi humillación no había hecho más que empezar."

Película/Canción: a la vista de que no hay ningún proyecto de adaptación cinematográfica o televisiva de La cámara verde, os adjunto la pieza de BSO de una de las series más originales y góticas del panorama televisivo que me ha acompañado durante la redacción de la reseña. Creo que su fuerza rítmica y halo misterioso le va como anillo al dedo.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta
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