Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 5 de diciembre de 2017

RESEÑA: Suave es la noche.

SUAVE ES LA NOCHE
Título: Suave es la noche.

Autor: F. Scott Fitzgerald (Saint Paul, 1896 - Hollywood, 1940) era hijo de una católica irlandesa. Estudió en la Universidad de Princetown, sin llegar a graduarse. En 1917 se alistó en el ejército norteamericano para combatir en la Primera Guerra Mundial, sin que llegase a pisar suelo europeo por la terminación del conflicto. Con su primera novela A este lado del paraíso (1920) obtuvo gran popularidad, abriéndole las puertas de la publicación de cuentos en prestigiosas revistas. Se trasladó a Francia junto con su mujer, Zelda Sayre, con la que se casó en 1920. Ella fue su fuente de inspiración en los diez años de gloria y de preocupaciones a partir de 1930, cuando él se hundió en el alcohol y ella en la esquizofrenia. En 1922 publicó Hermosos y malditos, tres años después escribió en la Riviera francesa El gran Gatsby (1925), la obra por la que es más conocido. Hasta el año 1934 no se publica su cuarta novela, Suave es la noche, basada en su tormentosa relación con Zelda. Durante sus últimos años de vida malvivió escribiendo y vendiendo guiones en Hollywood. Su última novela inacabada, The Last Tycoon se publicó en 1942, después de su muerte. Fitzgerald es considerado uno de los más agudos retratistas de la alta sociedad estadounidense de la primera mitad de siglo XX. Junto con John Dos Passos, William Faulkner y Ernest Hemingway forma parte de la conocida como "Generación perdida".


Editorial: Hermida.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luís Piquero.

Sinopsis: Dick Diver es un brillante psiquiatra casado con su paciente, Nicole, una rica y atractiva joven. El matrimonio Diver es una de las parejas de moda de la Riviera francesa, epicentro del glamour de los locos años veinte. Atrapado en una complicada relación con su mujer, conoce a Rosemary, una actriz más joven que él, que se convierte en su amante. A partir de entonces su vida se precipitará por una pendiente jalonada de pequeñas miserias que salpican tanto a sus relaciones personales como al amor.

Su lectura me ha parecido: elegante, ligera, amena, crítica, sofisticada, desesperada...Queridos lectores y lectoras, es difícil enfrentarse a una leyenda. No es algo que diga muy a menudo y tan a la ligera, pues, por primera vez en mucho tiempo, he vivido en carne propia lo que significa enfrentarse a una reseña y sentirse abrumada. Los que como yo nos dedicamos al noble arte de la reseña literaria lo sabemos muy bien, incluso hay quien se agobia tanto que tiene que postergar la publicación por un tiempo. Y eso último es justo lo que me ha ocurrido, no por falta de ideas o porque la lectura no me haya entusiasmado, sino porque son tantos los aspectos a comentar, tantas las sensaciones, tal es el peso de su autor en la literatura universal que me ha resultado imposible escribirla y publicarla en las fechas que me había propuesto. Cuando algo te gusta lo vives, lo disfrutas, lo manoseas sin cesar, pero con cuidado, no sea que vaya a perder esa cosa especial del primer contacto. Aún así y como todo en esta vida, ese algo también puede hacernos sufrir, padecer, provocarnos autentico vértigo y ansiedad. Y en el caso de los libros, pero sobre todo, cuando se trata de escribir una crítica, quieres estar a la altura de las circunstancias, y en esta ocasión, también del escritor que ha parido excepcionalmente esta historia. En fin, más vale tarde que nunca, y aquí está, por fin, la reseña de uno de esos libros cuyo estilo ha marcado generaciones enteras de escritores y al que recurrimos de vez en cuando para observar otra y glamorosa forma de plasmar la miseria del ser humano. Suave es la noche: la enfermedad y el hastío servidos en copas de exquisito Champagne francés.




La historia de como Suave es la noche llegó a mi vida y a mi estantería es del todo sencilla, pero para hacerle verdadera justicia, debemos comenzar por el verdadero principio, el cual se remonta a cuando tenía dieciséis años más o menos. Cuando en el instituto me explicaron las principales características de los "locos años 20" quedé fascinada al instante. Aunque lo dimos todo, tanto lo bueno como lo malo, la verdad es que tengo que reconocer que en mi cabeza todavía pervivía una imagen de esa época bastante artificial, influenciada al mismo tiempo por las grandes películas del Hoollywood de aquellos tiempos. Sin embargo, y pasados unos años, cuando al profesor que me dio Historia Contemporánea II en la Universidad le tocó explicar la década de los años 20 en Estados Unidos, mi percepción cambió ligeramente, volviéndose más critica si cabe. Comprendí que aquellos momentos convivían dos realidades muy diferentes, por un lado los que vivían a todo tren aprovechando los buenos augurios económicos y por otro los que ya antes del crack del 29 no tenían nada para llevarse a la boca. Además de que en Europa, a pesar de que en algunos países se asentaron numerosos grupos de intelectuales e importantes bohemios, se estaban poniendo las bases de lo que más adelante se conocería como "fascismo". Dejando de lado el caso de Europa, lo cierto es que EEUU era un país de contrastes que solo la crisis del 29 más o menos puso a todos en su lugar, aunque hubo quien logró sobrevivir y lucrarse a costa de la ruina de otros. Pero si algo coincidían ambos docentes, tanto la profesora que tuve en el Instituto como el de la Universidad, era en señalar, desde el ámbito narrativo a F. Scott FitzGerald como uno de los autores que teníamos que leer si queríamos conocer la vida de la clase media alta estadounidense de aquellos tiempos. La verdad es que, entusiasmada por la idea, no dudé en desempolvar el ejemplar que mis padres tienen de El gran Gatsby y comenzar su lectura. Sin embargo, cometí el error de leerlo en el peor momento y tuve que dejarlo casi al principio, cuando el autor exponía las características de los personajes. A día de hoy siento rabia por haber abandonado un libro tan importante e influyente como fue El gran Gatsby. Menos mal que ese día, en el que vuelva a adentrarme en ese gran clásico de la literatura norteamericana, está cada vez más cerca gracias a Suave es la noche, que llegó a mi por casualidad. Tras la última reseña que escribí para Hermida Editores mi intención era pedir un libro de cuentos de Emilia Pardo Bazán, pero al no haber ejemplares disponibles, pedí Suave es la noche. No era un libro que me apeteciese leer en aquellos momentos, ni siquiera en verano, estación a priori más propicia a juzgar por la trama de la novela. Así que postergué su lectura y acabé sucumbiendo a su lectura el pasado mes de noviembre. El resultado, no pudo ser más productivo.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Suave es la noche presenta una lectura sorprendentemente ágil, con momentos para la reflexión y sorprendentemente fresca. Recuerdo que lo poco que leí de El gran Gatsby me pareció de lo más pesado, también es que en esas páginas el autor estaba poniendo en situación al lector, pero comparado con Suave es la noche la verdad es que hay un cambio notable. No se si es que en aquellos momentos, por razones más que evidentes, no le prestó tanta atención a la prosa como al contenido o si es una simple casualidad, pero lo que está claro es que esta novela se digiere muy bien y en tiempo récord. Tal y como narra la sinopsis Fitzgerald sitúa al lector en el pleno apogeo de la clase media-alta estadounidense en la Riviera francesa, un entorno tan icónico como pijo en donde sus protagonistas, Dick y Nicole Diver, viven una historia tan apasionada como truculenta. En esta novela entra en juego, además, la presencia de Rosemary, una joven aspirante a actriz que acabará por desestabilizar los cimientos del ya tocado matrimonio Diver. Es gracias a este último personaje, el de Rosemary, y al buen uso del narrador omnisciente como tenemos acceso a la vida privada del glamuroso matrimonio Diver. Una pareja de moda entre la alta sociedad pero oscuro en la privacidad, donde se evidencian los grabes problemas de comunicación. Una artificial fachada que poco a poco se va quebrando, dejando a la vista los verdaderos desperfectos, que son la desconfianza, la mentira y el hastío. Por otro lado, los personajes de Suave es la noche son memorables. Dick no puede ser más encantador y Nicole no puede ser más sofisticada. Pero cuando nadie observa, entonces aparecen los problemas, las adicciones y los trastornos mentales. Es entonces cuando Dick se vuelve un egoísta alcohólico y Nicole sucumbe a la esquizofrenia. Esa desesperada búsqueda de una vía de escape y la ligera línea que separa la lucidez de la locura llevarán a este matrimonio a la ruina económica y emocional, y es ahí donde de verdad, encontraremos la paradoja que sobrevuela toda la novela, la que dice que el dinero no da la felicidad como tampoco las apariencias o el exceso. Hay quien seguramente quiera ver en esta novela el fin de una era, y es probable, Fitzgerald supo describir como nadie la decadencia de una forma de vida que estaba viviendo su extravagante ocaso. Pero en mi opinión, también refleja la presión a la que los hombres y mujeres de esa posición social estaban sometidos, y ya no digamos en cuestiones referentes a los roles de género, los cuales no se diferenciaban mucho de los que se ejercían en las clases menos pudientes. En unos ambientes tan artificiales, lo anormal podía traer consigo desprecio o exclusión social. Lo que en el universo literario de Fitgerald se traduciría como no ser invitados a fiestas o dejar de pertenecer al circulo más próximo del señor o señora rica de turno. En ese sentido, la propia experiencia del autor en esos ámbitos le sirvió de mucho, no sólo para ambientar sus historias entre lujosos cócteles, sino también para criticar toda esa fanfarria disfrazada de exquisitez. Mención a parte merece precisamente ese trato tan particular de la atmósfera, en la que a pesar de la oscuridad de la trama, se respira jovialidad, juventud, locura, desenfreno y grandes dosis de frivolidad ligeramente exageradas para lograr precisamente que el lector comprenda la crítica. Eso añadido al esplendido paisaje de la Riviera francesa nos podemos relajar, tomar el sol y dejarnos embriagar por los caprichos de esta ficticia jet set.


Como ya se aprecia en la sinopsis, Suave es la noche no deja de ser al fin y al cabo una novela de profundo carácter autobiográfico. A nadie se le escapa que Nick Dive es el propio F. Scott Fitzgerald y que su esposa, Nicole Dive, es en realidad Zelda, que al igual que su alter ego, también sufrió de esquizofrenia, hasta el punto de tener que ser ingresada en una clínica psiquiátrica. Una vez sabemos esto, lo que el lector, pero sobre todo el crítico literario se pregunta es por qué en determinados momentos de la historia de la literatura, la llamada "auto-ficción" vive sus particulares edades de oro. Lo primero que uno piensa, y con bastante desatino por cierto, es que el escritor o escritora en cuestión escribe este tipo de novelas coincidiendo con el final de su vida intelectual, cuando ya no se siente con fuerzas para seguir produciendo talento. Seguidamente, es obvio también creer que la auto-ficción nace de la necesidad del autor o autora de que su legado perdure más allá de su propio retiro o muerte en la mayoría de los casos. En ese caso, la auto-ficción resulta el medio más idóneo para narrar las proezas y los fracasos a partes iguales. También, y eso en el caso de F. Scott Fitzgerald podría ser cierto, la auto-ficción podría servir además como forma de desahogo personal. Un original modo de volcar todo lo que nos pesa sobre el papel, buscando tal vez la tranquilidad, la relajación o un ajuste de cuentas con su propio pasado. Eso si, si la auto-ficción se usa con este fin sólo nos contará la versión del que escribe, no de los demás personajes, reales todos, los cuales a lo mejor también tienen algo que aportar al respecto, nunca lo sabremos. Por último, lo más abstracto pero no por ello descabellado, el uso de la auto-ficción como testamento de una época. Ejemplos no faltan de libros con tintes autobiográficos que han pasado a la historia como autenticas cartas de despedida, como adioses definitivos a modos de vida, objetos, años, siglos, ideologías...Esa nostalgia da paso, quiera o no el autor, a algo nuevo que abre tantas posibilidades como incertidumbres. Normalmente, si nos encontramos ante un texto de estas características, el escritor sentirá miedo, pero no podrá evitar finalmente abrazar esos cambios e intentar ofrecer una visión del futuro más o menos positiva, aunque también hay a quien le cuesta asumirlos y arremete ferozmente contra ellos. Suave es la noche se podría considerar como el ejemplo perfecto de las características expuestas. En primer lugar se escribe durante el descenso a los infiernos que experimenta el propio autor. En segundo lugar se aprecia un intento por homenajear los últimos coletazos de una época que parece tener los días contados. Y en tercer y último lugar, esa sensación de desahogo, pero sobre todo, de búsqueda redentora, de buscar un ansiado perdón son tal vez lo que haya empujado a Fitzgerald a escribir esta novela ya inmortal. Moraleja: que uno puede encontrar la paz en la ficción antes que en la vida real. Suave es la noche: una historia de amor, lujo, playa, fiestas, glamur, infidelidad, alcoholismo, cambio de papeles...Una novela perfecta para esnobs, críticos y desconsolados.

Frases o párrafos favoritos:

"En aquel momento, los Diver representaban en apariencia el estadio más perfecto de la evolución de una determinada clase, y por eso la mayoría de gente parecía deslucida a su alrededor."

Película/Canción: en el año 1962 se estrenó la adaptación más famosa de la novela. Dirigida por Henry King y protagonizada por Jennifer Jones, Jason Robards y Joan Fontaine gozó de gran popularidad en su época.


¡Gracias a todos y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores

viernes, 1 de diciembre de 2017

RESEÑA: Hotel Iris.

HOTEL IRIS

Título: Hotel Iris.

Autor: Yoko Ogawa (Okayama 1962), estudia en la Universidad de Waseda en Tokio y en 1986 inicia su carrera de escritora inspirada por sus lecturas de los clásicos japoneses, El Diario de Ana Frank y las obras de Kenzaburo Oé. Ya con su primera novela, Cuando la mariposa se descompone, obtiene en 1988 el prestigioso Premio Kaien, y desde entonces, su fama no ha hecho más que crecer en Japón y en el extranjero. En 1991 logra el gran Premio Akutagawa por El embarazo de mi hermana, el cual, se convierte inmediatamente en un best seller en su país. En 2003 publica La fórmula preferida del Profesor que obtiene varios premios, entre ellos el de la Sociedad Nacional de Matemáticas por haber mostrado la belleza de la disciplina. A raíz del éxito de la novela y de su posterior adaptación al cine, a la radio y al cómic, en 2005 coescribe con el matemático Mashiko Fujiwara Una introducción a las matemáticas más elegantes. Además de las novelas mencionadas, Ogawa también es autora de Perfume de hielo, La niña que iba en hipopótamo a la escuela, La residencia de estudiantes, La Piscina, Amores al margen, Los tiernos lamentos, El museo del Silencio y Bailando con elefante y gato. 


Editorial: Funambulista.

Idioma: japonés.

Traductor: Juan Francisco Fernández Sánchez.

Sinopsis: Mari, una muchacha de diecisiete años que ayuda a su madre en la gestión de un modesto hotel familiar cerca de la playa, en la noche escucha gritos de una mujer que sale medio desnuda de una de las habitaciones imprecando a un hombre de avanzada edad. Este, imperdurable, le manda callar con unas palabras tajantes. La autoridad con que las pronuncia tiene el efecto de un hechizo en la joven, que se siente inmediata e irremediablemente atraída por él. Algunos días después, lo encuentra por casualidad y siente la necesidad de seguirlo. El hombre es un traductor del ruso con un pasado oscuro - su mujer murió en circunstancias extrañas - que vive en una solitaria villa de una isla casi desierta. A partir de ese encuentro, nace entre ellos una turbia relación, y la casa del hombre se convierte en un inquietante lugar de trasgresión sexual.

Su lectura me ha parecido: inquietante, algo lenta, psicológica, con pequeños detalles muy interesantes, ligeramente cinematográfica, precipitada en cuanto a su desenlace...Queridos lectores y lectoras, a nadie se le escapa que el boom de la literatura erótica esta experimentando su particular y dulce ocaso. Hace unos años las librerías se llenaban de novelas que, bajo el todopoderoso calificativo de "best seller", abordaban de una forma un tanto decepcionante historias enmarcadas en el género erótico. Dichas novelas se vendían como churros, tal fue su impacto entre el público que incluso hay quien se hizo de oro con las ventas, y no solo hablamos de los propios autores, mujeres en su aplastante mayoría. Muchas editoriales nacieron al calor de este género tan en auge y el nombre de E.L. James acabó formando parte de la memoria de muchos fans y no tan fans de las novelas eróticas. Sin embargo, todo tiene una subida, que en ocasiones es vertiginosa, y una bajada, que también puede ser precipitada. Y en el caso de este género literario ya es un hecho que ha perdido ese impulso del principio y que, una vez forradas editoriales y escritoras, solo queda esperar y observar cual es el legado que este nuevo capítulo en la historia de la literatura dejará para la posteridad. Mientras tanto, lo que se está empezando a apreciar es un repentino interés por los clásicos del género y por una revisión de esas historias eróticas ñoñas que tanto habían triunfado, una vuelta de tuerca necesaria y que muestra al lector como todo eso que se consideraba sexy o placentero no es más que una apología de la dominación y una defensa de los roles de género tradicionales. Libros como el que hoy tengo el placer de reseñar, son ejemplo de ello y de que en Japón también se escriben novelas eróticas. Hotel Iris: la rebeldía frustrada por la sumisión.


La historia de como Hotel Iris llegó a mis manos y a mi adorada estantería es muy sencilla. Esta tiene su principio, que no es otro que el descubrimiento de Yoko Ogawa. Antes lo poco que sabía de lo que se escribía en Japón tenía más que ver con el éxito arrollador de Murakami. Sin embargo, y gracias a mi primer acercamiento a esta escritora con el impactante libro Lecturas de los rehenes, aprecié otro estilo, menos occidental en cierto sentido y más próximo a una forma de escribir con más identidad y personalidad, algo que por otro lado define perfectamente la literatura japonesa. Tras esa lectura vinieron otras, no muchas lo confieso, pero si lo suficientemente interesantes como para que una servidora acabase por conocer un poco más la cultura y la literatura de un país tan importante como desconocido en ciertos ámbitos. Pues, Japón no son solo robots, rascacielos, consumo salvaje, los videojuegos o el Manga. Existe un Japón muy desconocido, el que no ofertan las guías de viajes y que tiene su reflejo más fiel en la literatura. Volviendo a Yoko Ogawa, lo cierto es que tras Lecturas de rehenes estaba dispuesta y abierta a volver a su literatura en cuanto me fuese posible. Reconozco que no es una de mis autoras favoritas, pero en ella encontré formas de narración bastante originales que me marcaron para bien en su momento. Esa oportunidad, como no podía ser de otra forma, llegó en forma de libro nuevo, esta vez bajo el enigmático título Hotel Iris. Tras leer su sinopsis no tardé mucho tiempo en hacerme con un ejemplar, el cual, esperó pacientemente a ser leído. A medida que pasaba el tiempo fui leyendo casi por casualidad varias reseñas al respecto, algunas tremendamente positivas y otras no tanto. Ante esta circunstancia, una servidora acaba por pensar lo siguiente: o es extremadamente bueno o es terriblemente malo, no hay termino medio. Y aunque esas críticas no influyeron en que iniciase su lectura más tarde de lo que hubiese querido, mientras lo leía si que mantuve ese ojo crítico, al fin y al cabo, no deja de ser un libro del que una podía formarse una impresión sincera. Tras finalizar su lectura constaté en primer lugar que acababa de concluir una de esas historias con pequeños matices importantes para una posible reflexión y en segundo lugar que Hotel Iris no estaba a la altura de la tremenda Lecturas de los rehenes.


En lo que respecta a la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Hotel Iris presenta una lectura amena, distendida, pero que en ocasiones, por ello, resulta ligeramente monótona. Si bien es cierto que a medida que avanzamos en su lectura descubrimos más aspectos de todos los personajes, en especial de Mari y el traductor, Yoko Ogawa parece no resolver bien la narración. Esta no es una novela que sorprenda por la forma en la que esta escrita, no es como Lecturas de los rehenes, cuya premisa impacta, al igual que ese planteamiento narrativo tan interesante como dramático. Hotel Iris nos cuenta una historia que el lector ya ha leído muchas veces y a la que le falta impulso para poder estar a la altura de su antecesora. Si por este aspecto no destaca, si que lo hace por el contrario en el terreno de la construcción de los personajes. Hotel Iris no es una novela de estilo, sino de personajes, cuya potencia marca sobre el lector. Este libro se compone de tres personajes fundamentales que conforman una interesante pero clásica estructura triangular. En primer lugar encontramos a Mari, una joven obligada a dejar los estudios para trabajar en el hotel que regenta su madre. Tras verse superada por el control enfermizo que ejerce ésta sobre ella, encuentra una vía de escape en la particular relación con un desconocido. Ese desconocido, en segundo lugar, resulta ser un traductor de ruso cuyo pasado lleno de oscuridad y su forma de ser acaban sometiendo a Mari, llevándola por un camino truculento, plagado de violencia y sumisión. Y por último, la madre de Mari, implacable dueña del hotel, es tal vez el personaje más interesante de la novela. Dominadora, chantajista y fría como el hielo. La relación con su hija, producto de la soledad y la costumbre, ha desembocado en algo cordial y sin a penas muestras de cariño. Los tres con personalidades tan diferentes entre si conforman un relato típico pero en el que lo truculento está siempre presente. Asfixia es sin duda la palabra que a uno se le viene a la mente al recordar la lectura de Hotel Iris, una sensación de incomodidad presente de principio a fin, incluso en las situaciones donde no debería estar presente. ésta surge y se mantiene flotando en el ambiente, atrapando a los presentes. El escenario en el que se desarrolla la acción también ayuda a que esa sensación de ahogo, incluso al aire libre. El calor, la humedad, el sudor, la tensión...Todas esas cosas producen sin quererlo que el lector se sienta cierto agobio, algo que visto lo visto, es lo que sin duda Yoko Ogawa pretendía en esta novela. Por último, Hotel Iris no es más que una muestra de lo que ya hizo en su día el Marqués de Sade, es decir, denunciar situaciones habituales en la sociedad a través de la práctica sexual llevada al extremo. Pero evidentemente, Hotel Iris no está a la altura de la literatura del Divino Marqués.


Para poner punto y final a la redacción de esta reseña, pondremos los pies en polvorosa y reflexionaremos sobre uno de esos temas tan actuales como incómodos, pero del que, como no podía ser de otra manera, tenemos que hablar. En Hotel Iris se respira agua salada, sudor, pero también el insoportable aroma de la sumisión más absoluta. Como ya evidencia la sinopsis de la novela, esta no deja de ser una historia en donde las fuerzas están notablemente descompensadas y en la que podemos apreciar, explícitamente, dos tipos de dominación. Primero la de la madre sobre la hija, la cual vemos simbólicamente representada en la obsesión de la madre por cepillar el pelo de su hija Mari. Es un acto cotidiano y que muy fácilmente puede pasar desapercibido, sin embargo, en la novela adquiere un tono siniestro asociarlo con ese control sobre la vida de su única hija. La cotidianeidad convertida en un acto enfermizo. Y en segundo lugar la de el traductor sobre la propia Mari, la cual tampoco se ve y pasa inadvertida. Esta vez nos topamos con una sumisión en el terreno sentimental y sexual. La superioridad intelectual sobre la inocencia. La experiencia sobre la sobreprotección. La autoridad sobre la debilidad. Con estas características lector  no andará desencaminado al asociarlas con una relación de contrapesos, en la que el hombre está por encima de la mujer y en la que probablemente exista violencia física y psicológica por en medio. Ambos modos de dominación, de poder al fin y al cabo, pasan por encima arrollando al único personaje, el de Mari, en el que todavía residía algo de pureza y de bondad, las cuales acaban difuminándose hasta terminar desapareciendo. De esta forma, leyendo este tipo de novelas, el lector acaba siendo consciente de que a nuestro alrededor todo está construido de forma desigual, en donde siempre hay un poder que somete a lo que culturalmente se ha considerado inferior. Tanto en las relaciones sociales como en las laborales, incluso en el terreno de las ideas, la economía o la política; en todos los sectores hay un dominador y un dominado. Y ya si en ese sistema de desigualdad se incorporan cuestiones de género, sexo, raza o físico entre otras, entonces ésta es todavía más sangrante. Es evidente que es algo asentado y que es muy difícil luchar contra todo ese sistema, pero hay que hacerlo, aunque sea mediante pequeños gestos cotidianos, desde el anonimato, con contundencia. Los resultados no son inmediatos, pero con paciencia y constancia se hace el camino. Porque no puede ser que todavía, a día de hoy, no existan vías de escapatoria posibles, como le pasa a Mari, protagonista de la novela, que tratando de escapar de un tipo de dominación acaba por meterse en la boca del lobo, y nunca mejor dicho, que resulta ser otro sendero oscuro donde la sumisión es prácticamente absoluta. Hotel Iris: una historia de sometimiento, escapatoria, mentiras, oscuros pasados, falta de libertad, obsesiones, sábanas limpias, humedad...Una novela que demuestra que en Japón también podemos encontrar literatura erótica.

Frases o párrafos favoritos:

"Me parecía que aún quedaba en ellos algo de calor del hombre, quien, sin dirigirme una mirada siguiera, salió y se alejó bajo la lluvia."

Película/Canción: como no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica aquí os dejo la pieza de J.S. Bach que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Simplemente excepcional y llena de matices.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

lunes, 27 de noviembre de 2017

RESEÑA: Dame tu corazón.

DAME TU CORAZÓN

Título: Dame tu corazón.

Autora: Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938) ha cultivado todos los géneros literarios. Desde la novela con títulos como Qué fue de los Mulvaney, Blonde, La hija del sepulturero, Hermana mía, mi amor, Ave del paraíso, Foxfire o Carthage entre otras. Pasando por el ensayo con Del boxeo, adentrándose en la narrativa breve con Infiel, La hembra de nuestra especie o Mágico, sombrío, impenetrable. Hasta teatro, The Perfecionist and Othe Plays, poesía, Women in love and Other Poems, y novela juvenil entre los que destacan Como bola de nieve, Monstruo de ojos verdes y Sexy. Actualmente enseña escritura narrativa en la Universidad de Princeton. Su extensa producción literaria ha merecido muchos galardones, entre ellos el National Book Award, el PEN/ Malamud Award y el Prix Femina Êtanger. Desde 1978 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras y desde hace unos años una permanente candidata al Permio Nobel de Literatura. Hace unas semanas ha salido a la venta su última novela titulada Un libro de los mártires americanos.
Editorial: Gatopardo Ediciones.

Idioma: inglés.

Traductor: Patricia Antón.

Sinopsis: la necesidad del amor - obsesiva, autodestructiva, impredecible - nos conduce a lugares prohibidos; así sucede en el mundo escalofriante de Joyce Carol Oates. En estas diez magníficas historias nos encontramos a niños que escapan al control de los padres; cónyuges que se despiertan un día y descubren que a penas se conocen; pasados obsesivos que interfieren en futuros inciertos; y también con la certeza de que aquellos que tenemos más cerca pueden ser los que nos hagan más daño. Historias sobrecogedoras capaces de despertar nuestras pasiones más profundas.

Su lectura me ha parecido: intensísima, desconcertante, impactante, violenta, psicológica, obsesiva, extraordinariamente perturbadora...Hace unos meses que se dio a conocer el nombre del escritor galardonado con el tan ansiado Premio Nobel de Literatura de este año. En esta ocasión el galardón recayó sobre Kazuo Ishiguro, un escritor japonés residente en el Reino Unido cuyas novelas han sido en su mayoría un éxito de crítica y de público. Sin embargo, y aunque he de confesar que gracias a este reconocimiento me han entrado ganas de leer algo de Ishiguro, tenemos que ponernos serios. Como siempre sucede cada vez que se acerca tan señalada fecha, los principales periódicos publican artículos en los que se especula con los posibles candidatos al premio, y este año en concreto, ha llamado especialmente la atención que entre los favoritos solo hubiesen dos mujeres. Ante esta vergonzosa realidad, muchos criticaron con razón la poca presencia de escritoras en este tipo de premios tan prestigiosos cuando, y eso es así, existen autoras que están al mismo nivel o por encima que los hombres que componían aquella polémica lista. Dejando a un lado esta injusticia, lo cierto es que las escritoras que consiguieron este año entrar en las quinielas son dos viejas conocidas por los críticos, académicos y lectores. Por un lado, encontramos a la canadiense Margaret Atwood, autora una extensa producción novelística y que en los últimos años ha visto reforzada su popularidad gracias a las recientes y aclamadas adaptaciones seriefilas de dos de sus novelas más célebres. Por otro lado y desde Estados Unidos, nos topamos con Joyce Carol Oates. Una escritora todoterreno que ha cultivado todos los géneros posibles, incluyendo el teatro y la poesía, y que ha sabido mantenerse en el panorama literario internacional con un estilo muy particular, marcado por la observación social, la preocupación por temas como la violencia o el feminismo y la construcción de personajes femeninos muy potentes. Una autora que este año por fin he leído y que, sinceramente, me ha parecido una de las voces más interesantes y perturbadoras que he leído. Algo que podemos apreciar si nos adentramos en los cuentos que componen Dame tu corazón: diez relatos, diez ejemplos de destreza literaria.


La historia de como Dame tu corazón llegó a mi vida es bien sencilla. Pero para ser más justos lo lógico sería empezar por el verdadero principio, por el día que descubrí a Joyce Carol Oates. Sucedió una tarde, en casa, mientras me entretenía buscando información por internet para un trabajo de la facultad. Acababa de terminar la lectura de La mística de la feminidad de Betty Friedan y necesitaba recabar artículos para poder completar el análisis de dicha obra. Fue así, mientras abría pestaña tras pestaña cuando de pronto, me topé con una palabra en inglés: Foxfire. Intrigada, y tras descubrir que hacía referencia al título de un libro, tecleé y la pantalla me devolvió algunos datos curiosos. Foxfire era el nombre de una novela escrita por una escritora llamada Joyce Carol Oates, libro que en España se había traducido terriblemente como Puro fuego y que tuvo una reciente adaptación cinematográfica dirigida por Laurent Cantet. Desde entonces cada vez que entraba en una librería o biblioteca, mis ojos se iban directos a los libros de Joyce Carol Oates. Me maravillaban las sinopsis, el acertado diseño de las portadas, el cariño y respeto con que cada editorial que la editaba ofrecía a sus libros. Tanto es así que en los años posteriores algunos de sus títulos más importantes acabaron ocupando un estante en mi apreciada librería, incluyendo Puro fuego. Sin embargo, había una razón de peso que durante mucho tiempo paralizó mis intentos por leer algo de Joyce Carol Oates, y no era otra que las altas expectativas que su literatura había generado en mi. Era tal el respeto que le tenía que hasta hace unos meses no me atreví a leer un libro suyo. Mi relación con esta escritora cambió gracias a Gatopardo Ediciones y una de sus publicaciones más recientes, el volumen de Oates que bajo el explícito título Dame tu corazón, pretendía acercar a los lectores una faceta menos conocida de la escritora norteamericana. Gracias a este título y a la inestimable amabilidad de Gatopardo Ediciones, logré hacerme con un ejemplar, electrónico esta vez, y pude por fin adentrarme sin temor en su estilo y carácter. El resultado: 0 decepciones y cientos de momentos tan inolvidables como inquietantes.


Antes de adentrarnos en la reseña propiamente dicha, tengo que avisar que al tratarse Dame tu corazón de un volumen de relatos intentaré ser lo más profesional posible, aunque será inevitable que algún aspecto del mismo quede en el aire o no lo mencione en la presente reseña. Tal y como acabo de decir, Dame tu corazón se compone de un total de diez relatos, cada cual más interesante e inquietante que se leen de una sola sentada. Eso si, a los aprensivos os aconsejaría que no leyerais el libro antes de acostaros, porque no podréis dormir, o bien porque os ha entrado miedo o porque su final os ha dejado tan descolocados que os pasaréis toda la noche cavilando y pensando al respecto. Esa sensación tan desasosegante se consigue gracias al particular estilo de Joyce Carol Oates, cargado de fuertes metáforas y la descripción de imágenes impactantes a los ojos del lector. Ya el propio título, que da nombre al primer relato del libro, nos muestra un matiz muy perverso. Por no hablar de la imagen escogida para ilustrar la portada, que no es otra que un detalle del famoso cuadro La muerte de Sardánpalo que en 1827 pintó Delacroix. La violencia y la carga simbólica de esa pintura ya nos da una pista de por donde van a discurrir los relatos que Oates nos presenta. Es entonces y tras leer ese Dame tu corazón, cuando el lector comprende dos cosas: una, que hasta lo más sentimental puede ser lo más terrorífico, y dos, que aunque esa primera impresión haya sido brutal va a devorar uno tras otro todos los relatos que vienen a continuación. Por sus páginas desfilan temas tan típicos como las relaciones de pareja, la iniciación en el sexo, las infancias traumáticas, la pobreza, la delincuencia juvenil, los problemas del campo, los celos o las secuelas de la guerra entre otros. Todos ellos narrados desde la oscuridad, tratando de mostrar actitudes que llegan a límites realmente patológicos, obsesivos. Esta claro que el hilo conductor de este libro es la violencia, la cual se convierte en objeto de disección y preocupación para la autora. Oates no tiene la necesidad de inventar monstruos ni criaturas sobrenaturales para infundir terror en el lector, la propia realidad y la cotidianeidad le sirven para crear un insoportable halo de tensión, la cual aguanta hasta que ésta explota sin previo aviso pero en el momento menos forzado. Eso unido a una estructura triangular, con tres personajes, son suficientes. En Dame tu corazón, Oates demuestra ser una maestra del suspense, creando atmósferas lo suficientemente inquietantes y sobre las que los personajes se mueven con total naturalidad, aunque eso si, el lector siempre va a notar que algo va mal, que el golpe llegará, y entonces todo adquirirá un nuevo sentido. Tampoco duda en mostrar un realismo psicológico muy potente, pero con tintes lúgubres, perversos y feroces, permitiéndose el uso de metáforas realmente feroces y agresivas. Lo que se traduce en una especie de estilo gótico adaptado a nuestros días, aunque lo más correcto sería decir, a la agresividad de nuestros días ¿Podemos decir entonces que los relatos que componen Dame tu corazón son de terror? Sí, pues no hay nada que de mas miedo al lector que saber que puede toparse con él en cualquier momento. Por ir cerrando este apartado, señalar que relatos como Strip pocker, Asfixia, Vena y cava y mis favoritos El torrente (una vuelta de tuerca a la novela psicológica de ambientación rural tan típica del XIX) y Sangría (cuya velocidad y tensión recuerdan al mejor Edgar Allan Poe) definen un estilo y una autora que merece ser tenida muy en cuenta y no sólo como candidata al Nobel.


Tras la lectura de Dame tu corazón no podía dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre uno de esos temas más universales como controvertidos. La violencia, como acabo de explicar en el párrafo anterior, es el gran tema al rededor del que Joyce Carol Oates reflexiona y plasma una serie de historias que merecen un sonoro y eterno aplauso. Pero más allá de ello, lo que la escritora norteamericana consigue es que todos y cada uno de nosotros comprendamos de una vez por todas que ésta esta presente en nuestro día a día. Desde que nacemos hasta que morimos el ser humano vive rodeado de violencia, de la que se ve y de la que terriblemente pasa inadvertida ante sus ojos. Eso es así y a veces, por desgracia, es inevitable que cualquiera de nosotros sea testigo de ella. Sin embargo, existe un tipo de violencia que por nuestro propio bien debe controlarse, y esa no es otra que la conocida como "violencia gratuita". Ya reflexioné sobre ella cuando el año pasado inicié el 2017 con la publicación de la reseña de La naranja mecánica, pero tras la lectura de Dame tu corazón he comprendido que llevamos ya no años, sino siglos recibiendo imágenes de gran carga violenta. Desde los belicosos relieves de la antigua Roma, pasando por las apocalípticas miniaturas en los códices medievales, las terroríficas representaciones de santos y santas, los solemnes pero violentos cuadros historicistas, las pinturas de Caravaggio, los desastres de la guerra de Goya, las fotografías de las dos guerras mundiales, las películas de Tarantino...Hasta los pasos de Semana Santa, en la que muchas veces se pasean esculturas representando la crucifixión o en las que se derrama sangre en lugar de lágrimas. Como habéis podido comprobar, estos ejemplos representan a la perfección esa presencia cultural de la violencia, la cual en algunos casos exaltamos como obra de arte en el caso de los productos culturales y como tradición ancestral en el caso de las celebraciones. Sin embargo, el problema viene cuando esa violencia, incluso la más explícita, nos la muestran día tras día sin venir a cuento, sin pasar filtro alguno, y encima con una terrible discriminación. Cuando ha habido un atentado en Egipto, Pakistán, Afganistán o Siria por poner un ejemplo, nos muestran todo sin el mayor reparo, pero cuando el atentado acontece en París, Londres o Madrid los cadáveres se tapan y se tiene mucho cuidado con la filtración de imágenes y videos. Dejando a un lado este tema tan polémico, debemos preguntarnos: ¿qué papel juega esta violencia gratuita actualmente? ¿Y en el pasado? ¿Con que fin se usa este tipo de imágenes? ¿Para enfrentar? ¿Para permanecer pasivos? ¿Su uso en el ámbito cultural hace que la normalicemos? Muestra de ello, las imágenes que he adjuntado a lo largo de la reseña. Por un lado la violencia machista en el caso de la escultura del Rapto de las Sabinas de Juan de Bologna, por otro la violencia en la guerra de la mano de uno de los grabados de Goya y por último, algo más actual pero no por ello revelador, el detalle de uno de los carteles promocionales de la película Mother! de Darren Aronofsky. Con respecto a ésta última parece que Joyce Carol Oates no se desvió del todo al plantear esta serie de relatos, pues, lo romántico puede ser al final lo más explícito, literal y por supuesto violento. Dame tu corazón: diez relatos de intriga, misterio, terror, contundencia, asfixia, violencia...Diez cuentos que te harán reflexionar y mirar al mundo con otros ojos.

Frases o párrafos favoritos:

"Cuando dos adultos no consiguen tener niños, ellos mismos se convierten en niños de por vida."

Película/Canción: aunque alguien debería plantearse seriamente adaptar al cine alguno de estos cuentos, os dejo la pieza clásica que me ha acompañado a lo largo de la escritura de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones

jueves, 23 de noviembre de 2017

RESEÑA: Sensatez y sentimiento.

SENSATEZ Y SENTIMIENTO

Título: Sensatez y sentimiento.

Autor: Jane Austen (1775-1817) era la hija menor de un pastor protestante que se ocupó personalmente de su educación. Llevó siempre una existencia apacible en diversos lugares del sur de Inglaterra y permaneció soltera. Siendo testigo de la época de la Regencia, empezó a escribir con tan solo 16 años, en una época en la que la que a la mujer se le asignaba un rol más tradicional y sujeto a las normas de una sociedad estrictamente patriarcal. Además de Orgullo y prejuicio, su novela más importante y famosa, también escribió Mansfield Park, Emma, Sensatez y sentimiento, La abadía de Northanger o Persuasión entre otras; además de escribir una abundante cantidad de diarios personales que retratan y reflejan la realidad de una época. Su obra es una fabrica de generar controversia, interpretaciones, alabanzas y lo que es más importante; una atracción especial hacia un público más amplio y menos especializado. Murió de tuberculosis a los 41 años dejando incompleta Los Watson, quien años después su sobrina, la también escritora Catherine Hubback, sería quien la finalizase.



Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luis López Muñoz.

Sinopsis: tras la muerte del señor Dashwood, su viuda y sus tres hijas, Elinor, Marianne y la pequeña Margaret, deben abandonar sus posesiones en Norland al heredar sólo el hijo mayor, fruto de un anterior matrimonio. Unos familiares las acogen en Barton Cottage, donde deberán aprender a vivir en condiciones más modestas de las que conocieron. En medio de estas circunstancias, Elinor y Marianne descubren el amor. Marianne, más romántica, se abandona a los impulsos del corazón con sus incontenibles entusiasmos que desembocan en el desencanto y la desesperación. Elinor, en cambio, sigue los dictámenes de su corazón y mantiene un admirable dominio de sí misma al enfrentarse con sus sentimientos amorosos.

Su lectura me ha parecido: irónica, más costumbrista que nunca, romántica a rabiar, plagada de contrastes casi extremos, muy interesante en el plano reflexivo...Queridos lectores y lectoras, el universo femenino siempre ha sido un verdadero imán para ciertos autores. Durante los primeros tiempos, la visión del mismo tendía a ser simplista, maniquea, incurriendo en errores garrafales y a estereotipos varios. La imagen que se tenía por tanto de la mujer distaba de la real, sin embargo, y por cuestiones que incluso a día de hoy escapan de toda lógica posible, dicha representación ha ido pasando de generación en generación. Afortunadamente, y aunque en la actualidad todavía perviven en el imaginario y en la práctica ciertos roles tradicionales asociados a la mujer, nadie puede negar que en ocasiones la luz iluminó parcialmente nuestro camino en dirección a una mayor visibilidad. Desde la mismísima Grecia clásica con los poemas de Safo de Lesbos, pasando por la pluma de Cristina de Pizán y sin olvidarnos de figuras tan importantes como Emmeline Pankhurst, Flora Tristan o Simone de Beauvoir entre otras. Cuyo ejemplo y escritos han ayudado a que el mundo se desprendiese poco a poco de esa venda llamada "sociedad patriarcal" para observar lo que tanto tiempo ha permanecido oculto. La autora de la que hoy os vuelvo a hablar genera controversia, por un lado es acusada de ensalzar lo tradicional y lo bien visto moralmente, pero por otro lado, desde los círculos feministas, se pone énfasis en que su producción literaria ha significado un antes y un después en el trato que desde la literatura se le daba a las mujeres, llegando a señalarla como la inspiración directa de los textos de la teórica feminista Mary Wolstonecraft. Efectivamente Jane Austen fue una mujer de su tiempo, y como tal, su pensamiento no es tan avanzado como muchos fanáticos de la escritora quieren ver. Sin embargo, si que es cierto que su universo femenino, con tantos matices y psicologías, resulta el trampolín perfecto para criticar ciertos aspectos de su época relacionados directamente con los roles de genero y la visión de la mujer. Inquietudes plasmadas en forma de novelas como la que hoy tengo el placer de reseñar. Sensatez y sentimiento: dos hermanas, dos formas de vivir e interpretar el amor.


La historia de como Sensatez y sentimiento llegó a mis manos es muy sencilla. No obstante, y para ser del todo sincera, tengo que confesar que éste es el libro con más controversia en lo que ha su título se refiere. Me explico. Yo sabía de la existencia de un libro de Jane Austen titulado Sentimiento y sensibilidad. No era por aquel entonces de los que más conocía de la autora, Orgullo y prejuicio prácticamente se comió en popularidad al resto de libros de la autora, pero si que más o menos conocía su argumento. Después desfilaron ante mis ojos otros títulos como Juicio y sentimientoSensatez y sentimiento. Lo curioso es que hasta hace unas semanas pensaba que eran libros diferentes entre si cuando en realidad son los diferentes títulos que ha recibido la novela que hoy reseño. La razón parece encontrarse en las diferentes opiniones generadas desde el ámbito de la traducción, de hecho, tal y como señalan las administradoras del blog Inquilinas de Netherfield, en el caso de la edición de Alba Editorial, se señaló que Sentido y sensibilidad era, palabras textuales "un disparate de traducción, que a la sensibilidad del corazón se le denomina sentimiento." Dejando a un lado discrepancias varias con respecto a cual es el mejor título, aunque sinceramente suena mejor Sentimiento y sensibilidad, tengo que decir que esto ha hecho que muchos como aquí una servidora nos sintiésemos confusos al respecto. No hay duda que dicha polémica ha avivado no sólo el debate, sino el interés de los lectores por esta lectura en concreto, aunque en mi caso, lo que me empujó definitivamente a leer Sensatez y sentimiento, título que ha elegido Alianza Editorial para su edición conmemorativa, fue esa curiosidad por descubrir a una autora tan amada por sus historias como odiada por creer que éstas son una pastelada. Y aunque confieso que no las tenía todas conmigo, lo cierto es que Jane Austen ha logrado sorprenderme para bien. Esta experiencia no me ha convertido en una fan total de la autora, pero si en una entusiasta de su estilo irónico y de esa descripción del universo femenino de finales del siglo XVIII principios del XIX en Inglaterra. En el caso de Sensatez y sentimiento, quinto libro que reseñamos de la autora en este blog, la verdad es que he logrado ver reflexión más allá de las diversas historias de amor que acontecen a lo largo de la trama.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Sensatez y sentimiento presenta una lectura sorprendentemente amena pero que, sin embargo, debe leerse con la calma que merece. En ella encontramos la finísima y magistral ironía a la que la autora nos tiene acostumbrados, pero también, y esto es muy reseñable, un desfile de personajes tan extremos y diferentes entre si, lo que convierte a esta novela una especie de "rara avis" dentro de su producción literaria. Ya sea porque a la autora le apetecía hacerlo así o porque existe una intención detrás, lo que está claro es que Jane Austen creó una serie de personajes tan extremos como interesantes dentro del plano reflexivo. Esto añadido a el hecho de que los capítulos, según mi opinión, son más cortos que en sus otras novelas, hacen de Sensatez y sentimiento un libro que no pase desapercibido en el universo Austeniano. La historia parece ser la de siempre: al morirse el señor Dashwood, su viuda y sus tres hijas se ven obligadas a mudarse a casa de unos familiares y a cambiar sus hábitos. Todo ha cambiado para ellas, sin embargo, en esta nueva etapa de sus vidas, sus dos protagonistas principales lograrán adentrarse en el terreno del amor desde distintos puntos de vista. Lo que parece una historia ñoña sin más en realidad esconde varios e interesantes aspectos que a continuación expondremos brevemente. En primer lugar, ese cambio de nivel económico de la familia obliga a Jane Austen a ser más costumbrista. Las descripciones de la vida y las labores de aquella época son para enmarcar, sobre todo si tenemos en cuenta que en ellas queda muy bien remarcadas las diferencias entre hombres y mujeres, entre las tareas típicas del varón y las que estaban bien vistas para que las realizase el sexo femenino. Algo parecido podemos encontrar en otras novelas de Jane Austen, en especial en Orgullo y prejuicio, aunque bajo mi punto de vista es en Sentimiento y sensatez donde se visibiliza más ese tema. En segundo lugar, Sentimiento y sensatez no deja de ser la historia de dos hermanas, la historia de Elinor y Marianne, aunque sea la primera de ellas en la que recae la mayor parte del peso de la novela. Es sin duda en la construcción de estos personajes donde se puede apreciar esos extremos de los que hemos hablado antes. Mientras Marianne es más impulsiva, Elinor es más prudente. Mientras Marianne se deja llevar por la pasión desenfrenada y los sentimientos a flor de piel, Elinor se rinde a la reflexión, lo que le permite tener más control sobre sus decisiones y sentimientos en lo que a amor se refiere. Hay quien ha querido ver en este antagonismo una especie de crítica al movimiento Romántico en detrimento del culto a la razón, tan predominante en las últimas décadas del siglo XVIII, y probablemente sea cierto. Ya en La Abadía de Northanger Jane Austen criticó explícitamente a las novelas góticas de fantasmas tan típicas del Romanticismo, por lo que no es descabellado pensar que esas dos actitudes frente al amor representen el nacimiento de una época y la muerte de otra. En todo caso, hay que reconocer que la autora inglesa ha sabido describir esa relación tan intima entre las dos hermanas, mostrando incluso esa faceta oscura que dichas relaciones tienen. En tercer y último lugar, comentar que Jane Austen escribió Sensatez y sentimiento a la edad de 19 años, lo que demuestra, una vez más, que no estamos ante una escritora cualquiera. Dos años después escribiría Orgullo y prejuicio, una de las obras cumbre de la literatura inglesa a una edad muy temprana, lo que también es digno de admirar.


Adentrándonos en el terreno de la reflexión y el debate, me gustaría ir más allá de las críticas e interpretaciones que se han hecho de esta novela en concreto, pues, sinceramente podríamos estar ante uno de esos temas que todavía sigue estando de plena actualidad. Hemos comentado en el anterior párrafo la creencia de que Sensatez y sentimiento muestra una aguda crítica al romanticismo y la transición entre dos movimientos culturales, de la Ilustración al Romanticismo, representados en los personajes de Elinor y Marianne Dashwood. Esa interpretación está ahí y la verdad es que poco se le puede discutir, pues, si sabemos leer entre líneas es muy probable que sea acertada. No obstante, como crítica  literaria y como lectora, me siento en la obligación de ir un paso más allá y aventurar una impresión. Además de evidenciar ese cambio de ideologías en el paso del XVIII al XIX y de que represente todo un universo social muy interesante para estudiar y analizar, creo que en Sensatez y sentimiento se aprecia una crítica al amor romántico. Pasa desapercibida, es más, es casi invisible a ojos del lector que lo único que busca es una lectura rápida y sin complicaciones. A lo mejor es una opinión metida con calzador, pero pensarlo. Por un lado tenemos a Elinor, la mayor, cuyo carácter se define por la prudencia influenciada por una actitud más reflexiva y razonada. Sin embargo, también nos encontramos con una personalidad muy para adentro, es decir, que todo lo que le pasa y sus sufrimientos se los guarda para ella sola. No le parece bueno ir por ahí descargando la frustración de los malos momentos por ahí y en otras personas. El dolor es suyo y sólo suyo, lo que le permite, como hemos comentado en el primer párrafo, tener más autocontrol sobre sus propias emociones, sean las que sean, incluyendo las que tienen que ver con el amor. Por otro lado, Marianne es totalmente diferente. Más impulsiva, menos parada, más inquieta, más apasionada si cabe. Su idea del amor es efímera y que hay que lograr cazarlo cuanto antes, y si este es arrollador, mucho mejor. Contagia su estado de animo a los demás, te alegras con ella, sufres con ella y si no es así, es decir, si te rindes a la moderación, entonces es que no sientes nada. En ese sentido y siguiendo esta opinión, personal y subjetiva por supuesto, podemos observar como esa idea del amor que representa Marianne, que no es otra que la del amor romántico, parece casi ridícula a ojos del lector. Jane Austen parece haber encontrado en ese contrapunto entre las dos hermanas la posibilidad de reflexionar sobre ello, sobre como esa idea tan artificial y perfecta del amor solo responde a un tipo de sociedad de apariencias y deberes, la misma que Jane Austen vivió y que de seguro, debido a su soltería, le tocó padecer. Por eso, y por otorgarle mayor protagonismo a Elinor en la novela, pienso que se pone en evidencia esa crítica a una irreal interpretación del amor, una interpretación ante la que nos hemos rendido y de la que a día de hoy aún estamos padeciendo sus terribles consecuencias. Tanto Elinor como Marianne encuentran el amor y se enamoran, pero sus diferentes formas de vivirlo representan uno de los debates contemporáneos más importantes en lo que a comportamientos culturales se refiere. Sensatez y sentimiento: una historia de amor, personalidad, diferencias, relaciones entre hermanas, perdida de poder adquisitivo...Una novela precoz pero fascinante.

Frases o párrafos favoritos:

"No fue mi intención ofenderte con palabras tan mesuradas a mis propios sentimientos. Créelos más fuertes que los declarados por mi".

Película/Canción: en el año 1995 se estrenó la película más famosa basada en esta novela. Dirigida por Ang Lee y con las interpretaciones de Emma Thompson, Kate Winslet, Alan Rickman y Hugh Grant entre otros, logró gran popularidad entre el público y gracias a esta película la propia Emma Thompson logró hacerse con su segundo Oscar, esta vez el de mejor guion adaptado.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

lunes, 20 de noviembre de 2017

RESEÑA: La librería.

LA LIBRERÍA

Título: La librería.

Autor: Penelope Fitzgrald (1916-2000) de soltera Knox, era hija del editor de Punch, Edmund Knox y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, el criptógrafo Willy Knox y del estudioso de la Biblia Wildfred Knox. Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelista Edward Brune-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes dentro de la nueva narrativa inglesa. Con La librería, publicada en 1978, fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva. Siguieron Human Voices y At Freddie´s. En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Inocencia, desarrollada en la Italia de los años 50 y que narra la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El inicio de la primavera, que tiene lugar en el Moscú de 1913. Siguieron La puerta de los ángeles y La flor azul, esta última centrada en la vida del poeta alemán Novalis.


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductor: Ana Bustelo.

Sinopsis: Florence Green vive en un pueblo costero de Suffolk que en 1959 se caracteriza justamente por "lo que no tiene". Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita, de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.

Su lectura me ha parecido: intensa, pequeña, bella, rebosante de pertinentes reflexiones, fuertemente autobiográfica, optimista y pesimista a partes iguales...Seguramente acierto cuando digo que todos los que nos dedicamos directa o indirectamente al mundo de los libros hemos soñado con tener nuestra propia librería. Un espacio único que reflejara nuestra personalidad como lectores y en el que, además de la venta de libros, pudiésemos destinarlo a otras actividades igual de interesantes como presentaciones, talleres, conferencias, clubs de lectura o semanas temáticas. Y es que el poder que tienen las librerías, ya sean grandes empresas o pequeñas librerías de barrio, radica en que en ellas, al igual que las bibliotecas, actúan como una puerta de acceso a la cultura. En las librerías podemos toparnos tanto con las últimas novedades editoriales como con aquellos libros que por derecho propio se han convertido en grandes clásicos de la literatura. Incluso las hay que en sus escaparates exponen libros raros o de cuya existencia creíamos extinguida. En definitiva, constituyen lugares de confluencia de ideas, debates y demás conversaciones surgidas al calor de un buen libro. Sin embargo, a veces se nos olvida que tras los mostradores, los infatigables trabajadores o dueños en el caso de las más humildes hacen lo posible para mantener dichos espacios, resistiendo con ejemplaridad y tesón, incluso ante las peores adversidades. Pues bien, el libro que hoy tengo el placer de reseñar va precisamente de eso, de como a veces hay que luchar contra viento y marea para poder llevar a cabo un sueño, y más si éste se compone de estantes rebosantes de saber. Todo un homenaje a los libreros/as y a ese microcosmos que los libros son capaces de crear. La librería: una bella reflexión sobre el amor hacia los libros, un vil retrato de la miseria del ser humano. 


La historia de como La librería llegó a mis manos viene de lejos, es más, esta novela de Penelope Fitzgerald tiene el privilegio de haber sido uno de los pocos libros que me he leído dos veces. Lo confieso, no soy de las que suele releer novelas enteras. Si bien alguna vez me sorprendido leyendo determinados párrafos o capítulos de esos textos que a mi juicio me parecen memorables, lo que es leer de cabo a rabo de nuevo un libro sólo esta a la altura de muy pocos. La primera vez que vi un ejemplar de La librería fue hace mucho tiempo, ni siquiera me acuerdo cuanto hace de aquello, pero de lo que estoy segura es que aquella edición más modesta de Impedimenta había logrado cautivarme. Sin embargo, cosas que pasan, a pesar de que su sinopsis me pareció de lo más atrayente, lo dejé pasar sin más. Menos mal que años más tarde, antes de iniciar unas memorables y calurosas vacaciones de verano, volví a toparme con él. Esta vez fue en una biblioteca céntrica de mi ciudad, tan abarrotada de libros como de personas aquella tarde de julio. Al contemplar de nuevo su portada, decidí que no podía perder la oportunidad de leer un libro por el que había sentido una conexión especial. Mi intuición me decía que aquella iba a ser una lectura memorable, de las que andaba buscando con gran urgencia y que, si lo desechaba, me iba a arrepentir muchísimo. Siguiendo ese impulso, decidí convertir a La librería en una de mis lecturas de aquel verano que para mi se presentaba diferente anímicamente. Durante aquellos días de descanso y excursiones al campo, La librería acompañó cada uno de mis movimientos, consiguiendo que me evadiese de todo y de todos por unos minutos. Sinceramente, necesitaba desconectar, y una lectura como la de Fitzgerald lo logró. Cuando llegó septiembre, un ligero sentimiento de pena me corroía, no quería separarme de un libro que se había convertido casi sin preverlo en uno de mis favoritos. Supongo que esto sucede muy a menudo, sobre todo si el lector sabe apreciar el valor de un buen libro. A regañadientes acudí a la biblioteca a devolver aquel viejo ejemplar, y aunque sabía que era algo que debía hacer, confiaba en volver a tenerlo entre mis manos más pronto que tarde. Fue entonces cuando, tan sólo un año después de haberme empapado de la lectura de La librería, supe que la directora española Isabel Coixet preparaba una película basada en dicho libro, y meses más tarde, justo cuando los fans comenzábamos a conocer más noticias de la adaptación, Impedimenta lanza una nueva edición. Misma portada, mismo texto, pero con un interesante postfacio y en tapa dura. Evidentemente no pude resistirme y al poco tiempo conseguí hacerme con un ejemplar que no dudé en releer. El resultado: el reencontrarme con personajes inolvidables y darme cuenta que se me habían pasado muchas cosas por alto durante aquella primera lectura.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha comenzaremos diciendo que La librería presenta una lectura sosegada, íntima, muy alejada de las características del típico best seller pero que, inexplicablemente, se tiende a leerse como tal. No obstante, quienes estéis interesados en leer este libro, que sepáis que cuanto menos lo devoréis mejor. Lecturas como esta merecen disfrutarse en calma con una templanza adecuadas, si no, corréis el riesgo de que se pierda la magia y esa conexión tan especial que se establece entre el libro y el lector. En relación con esto, es cierto que durante su lectura hay momentos en los que parece que el libro decae en cuanto a intensidad, pero creerme que éstos se pueden contar con los dedos de la mano y que quedan finalmente difuminados cuando el lector se percata de la complejidad argumental de la novela. Por otro lado, La librería narra una historia inventada pero con un claro componente autobiográfico. Si leemos con detenimiento el postfacio de esta nueva edición, ilustrado por cierto,  descubrimos que Penelope Fitzgerald tiene muchos puntos de conexión con Florence Green, la protagonista del libro. Ambas son amantes de la lectura y de los libros, ambas son recientemente viudas y las dos comparten ese deseo de lograr un objetivo concreto que, en el fondo, no es otro que tratar de superar esa perdida tan grande. En ese sentido, la presencia de la librería y de sus habitantes dormitando sobre las numerosas estanterías juega un papel crucial en la vida de la protagonista, pues, son sus verdaderos compañeros de viaje y vida, los que la sostienen en los buenos momentos y la consuelan cuando se tuercen los planes. Hablar de La librería también es hablar de una novela cuya estructura e historia embauca desde la primera página. Florence Green, viuda y recién llegada a un pueblo llamado Hardborough, decide adquirir una vivienda y montar en ella una librería, la primera que se inaugura en el lugar. Hecho que suscita interés y suspicacia a partes iguales. Unos lo verán como una forma para satisfacer intereses culturales e intelectuales y otros como una provocación y una soberana perdida de tiempo. Tal es así que Florence se ve como su sueño puede irse a pique por culpa de la opinión de las personas más influyentes del pueblo. Encontrará aliados, si, pero no los suficientes. Y cuando, a pesar de todo, decide apostar fuerte por uno de los lanzamientos más polémicos de la historia de la literatura, vendiendo y exponiendo en su escaparate la Lolita de Nabokov, entonces el pueblo entero se le echa encima. Modernidad frente a tradición, emprendimiento ante inmovilismo. Esta misma historia, aunque con diferentes personajes y tema, es muy parecida a la que se narra en la popular Chocolat de Joanne Harris. Pero hay que decir que La librería se escribió mucho antes que Chocolat, así que es muy probable que esta última beba en gran medida de la novela de Fitzgerald. Además de que ambos estilos no se asemejan en nada, siendo el de Chocolat más surrealista y el de La librería más realista. Finalmente, debemos comentar lo evidente. Además de haber pasado a la historia como un homenaje a las librerías y a quienes las regentan, en ella también se rinde tributo a sus clientes, ya sean niños o adultos, pues en sus manos está el futuro de esos lugares y de mantener viva su magia.


Tratándose de La librería, un libro más complejo de lo que aparenta, no podía dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre uno de esos temas tan espinosos como interesantes a nivel psicológico y social. Los cambios, todo el mundo lo sabe, pueden ser para bien o para mal. Un cambio a tiempo puede librarnos de más de un quebradero de cabeza o servirnos para dejar atrás una serie de circunstancias que nos resultaban tremendamente insoportables. Pero un cambio también, en ocasiones y no siempre, puede llevarnos a nosotros como persona a caer en abismos, algunos insalvables, otros menos perjudiciales, pero igualmente traumáticos. Este antagonismo entre cambio y permanencia se ha trasladado a muchos aspectos de la vida cotidiana, dando incluso el salto a lo mediático e institucional. Uno de los más clásicos y repetidos a lo largo de la historia es el que enfrenta a tradición con modernidad. Desde pequeños actos cotidianos hasta jugar un papel clave en el devenir histórico de algunos países, como el ejemplo del mito de las "Dos Españas" tan abordado por intelectuales como el filosofo Ortega y Gasset y el poeta Antonio Machado entre otros. Evidentemente, no se puede comparar este largo debate con lo que se narra en La librería, sin embargo, en su génesis, si que se pueden encontrar puntos de conexión, pues, al fin y al cabo, la historia que se narra es una historia de contrapesos, de lucha por unos valores morales anclados en la tradición frente a una amenaza que persigue desestabilizar socialmente. En este sentido, la librería simbolizaría ese intento por ampliar los horizontes de la gente del lugar, una forma de progreso al fin y al cabo, y el pueblo, dominado por una serie de personalidades con dinero e influencia, lo que pone trabas al cambio de la forma más sutil pero vil posible. No obstante, para más frivolidad, lo que esta en peligro no es el bienestar de la gente del pueblo, sino esos invisibles asientos desde los que la oligarquía más rancia se sienta a contemplar sus dominios. Sus largos tentáculos de poder están en peligro por culpa de un cambio que trae saber y menos ignorancia a los habitantes de Hardborough, por lo que su trono sustentado por la ignorancia de la gente más humilde, puede desmoronarse en cuestión de días. Por eso, y esto sucede en cualquier ámbito social, cuando los garantes de la tradición ven su poder peligrar, no dudan en atacar de la forma más despiadada posible, llegando incluso a usar métodos que entrarían en contradicción con los valores que supuestamente defienden. Ese y no es otro es el motivo por el que se desprecia a quienes pretenden aportar un poco de luz entre tanta oscuridad, como Florence Green, cuyo crimen es montar una librería en un pueblo que la rechaza de pleno. No todos los cambios son buenos, pero los que pretenden como objetivo llenar un lugar de sabiduría y cultura jamás pueden ser malos. La librería: una historia de superación, lucha personal, influencia, poder, libertad, acoso, solidaridad...Una hermosa carta de amor a los libros y a lo que representan.

Párrafos o frases favoritas:

"En Hardborough, en 1959, uno no podía tomarse una ración de Fish and Chips, ni había tintorería. ni siquiera cine, excepto un sábado por la noche cada dos. En cierto modo, se sentía la necesidad de todas esas cosas, pero a nadie se le había ocurrido - y desde luego, nadie pensó que la señora Florence Green se le hubiera ocurrido tampoco - abrir una librería en el pueblo.

Película/Canción: hace unas semanas se estrenó la primera adaptación de esta novela al cine. Dirigida por Isabel Coixet y con las interpretaciones de Emily Mortimer, Patricia Clarkson y Bill Nighy. Aunque con un final más optimista que el del libro, las primeras criticas han sido bastante positivas en lo referente a la película. Aquí os dejo el precioso tráiler:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...